viernes, 4 de septiembre de 2026

Nodos. 1. La Luna



Las órbitas de los planetas del sistema solar en torno al sol o la de la luna en torno a la tierra definen planos en el espacio sideral. Es un hecho bastante afortunado para la práctica de la astrología que los planos orbitales de los diferentes planetas del sistema solar se mantengan solo ligeramente inclinados los unos respecto de los otros; esto facilita considerablemente la representación gráfica de las posiciones de los planetas en un momento dado en la forma en que se dibuja habitualmente una carta astral. Se los trata como si se movieran todos en un mismo plano. Ahora bien, lo que en realidad se dibuja en una carta astral como si fuera la posición de un planeta en un cielo bidimensional no es sino la proyección sobre la eclíptica de la posición del planeta en cuestión, siguiendo líneas perpendiculares en coordenadas esféricas; por eso, además de la longitud eclíptica, hemos de mirar también la latitud del planeta para conocer su ubicación precisa.

Los ángulos de inclinación orbital de los principales planetas del sistema solar respecto del plano de la órbita terrestre (eclíptica) oscilan entre los 0,77º de Urano y los 7,00º de Mercurio. Los demás valores son, de menor a mayor: Júpiter 1,31º, Neptuno 1,77º, Marte 1,85º, Saturno 2,49º, Venus 3,39º. Plutón, considerado planeta enano, presenta la mayor inclinación de su plano orbital respecto de la eclíptica, 17,14º; y la de la Luna es de 5,14º.

Dado que el sol ocupa una posición central dentro del sistema solar, no hay una órbita del sol ni un plano orbital correspondiente, pero la trayectoria que parece seguir el sol sobre el fondo de las estrellas, tal como se ve desde la tierra, define lo que podríamos llamar "la órbita geocéntrica del sol". El plano en el cual se inscribe esta órbita geocéntrica del sol es el mismo en el que se inscribe la órbita heliocéntrica de la tierra. Este plano es fundamental para nosotros, porque a partir de él y dentro de él se construye el zodíaco tropical, círculo básico de referencia para la localización de todos los planetas y demás factores astrológicos que componen una carta astral común. Para definir este zodíaco tropical es preciso tener en cuenta otro plano, en este caso no derivado de la órbita terrestre-solar (movimiento de traslación de la tierra) sino del ecuador de la propia tierra (movimiento de rotación), prolongado hasta la esfera celeste (ecuador celeste). Estos dos planos (la eclíptica y el ecuador celeste) mantienen entre sí una inclinación de 23º 27'. Los puntos de intersección de la órbita geocéntrica del sol con el plano ecuatorial sirven para definir el comienzo del zodíaco tropical (punto vernal septentrional o cero de Aries) y su mitad (punto otoñal septentrional o cero de Libra).


Estos puntos de intersección de la eclíptica con el ecuador celeste pueden concebirse como los nodos ecuatoriales de la órbita geocéntrica del sol. Por lo general son lugares vacíos, a menos que haya algún planeta a cero grados de Aries o de Libra, pero no por eso dejan de tener importancia, ya que toda la estructura de los doce signos del zodíaco se sustenta en ellos y "vive" de ellos. También las órbitas de la Luna y las de los demás planetas tienen sus nodos ecuatoriales, aunque normalmente nadie los tiene en cuenta. Suelen estar a pocos grados de los puntos vernal y otoñal y coinciden con los lugares que ocupan estos astros cuando su declinación es cero, es decir, los puntos en los que la declinación de un planeta pasa de sur a norte o viceversa. Recordemos que la declinación de un planeta es la distancia que lo separa del ecuador celeste, la cual es a la ascensión recta lo que la latitud es a la longitud eclíptica.


Los nodos de la Luna

Si los nodos ecuatoriales de la órbita solar tienen el poder de generar un zodíaco, otro tanto podría suceder con los nodos ecuatoriales de los demás planetas, a saber: también desde ellos podrían generarse otros tantos zodíacos "teñidos" de la naturaleza simbólica del planeta en cuestión. Dejemos esta idea, por ahora, solamente apuntada, para no desviarnos del tema de este artículo, que son los nodos eclípticos. Los nodos eclípticos son los puntos de intersección de la órbita de un planeta con la eclíptica. Los más conocidos y utilizados son, sin ninguna duda, los nodos de la luna, hasta el punto de que cuando se habla de "los nodos", sin especificar nada más, todas las personas versadas en astrología asumen inmediatamente que se trata de los nodos eclípticos de la luna. A estos nodos eclípticos de la luna sí que se les ha reconocido el poder de generar un zodíaco, al que se ha denominado zodíaco dracónico porque en la astrología védica se conoce el nodo norte de la luna con el nombre de "cabeza del dragón" y el nodo sur con el de "cola del dragón". Sorprende un poco que se haya hecho esto basándose en los nodos eclípticos de la luna sin haberlo intentado antes a partir de los nodos ecuatoriales, que son los que presentan mayor semejanza con la relación de la eclíptica con el ecuador que define el zodíaco tropical. 

El denominado "nodo norte" de la luna se llama así porque es el punto por el cual la luna cruza la eclíptica cuando pasa de tener latitud sur a tener latitud norte, pero ese punto en realidad no tiene latitud, ni norte ni sur. También se lo ha denominado "nodo ascendente", porque se supone que el norte está arriba y el sur abajo y pasar de abajo a arriba es "ascender". Sin embargo, el nodo como tal no asciende ni desciende; se mantiene siempre en la eclíptica. Además, los conceptos de "arriba" y "abajo" no son de aplicación cuando se trata de definir puntos en una esfera o situar un cuerpo que flota en el espacio. El norte no está arriba, salvo en los mapas, y esto por pura convención etnocéntrica de los geógrafos del hemisferio norte. Por otra parte, siempre que el nodo norte de la luna se encuentre en un signo del zodíaco con declinación sur (los que van desde libra hasta piscis) estará de hecho en el hemisferio sur de la esfera celeste.

Que el nombre con el que nos referimos a cada uno de los nodos de la luna sea más o menos acertado no parece tener demasiada importancia, siempre que nos sirva para entendernos. El problema surge cuando se trata de atribuir significados específicos a cada uno de estos nodos y cuando se pretende que, puesto que los nodos norte y sur de la luna están siempre en oposición, deben representar cualidades opuestas: si uno es benéfico el otro será maléfico, si uno facilita las cosas el otro las ha de dificultar, si uno nos habla de nuestro pasado (lo que traemos al nacer desde nuestras supuestas encarnaciones anteriores) el otro nos habla de nuestro futuro (los nuevos comportamientos que tenemos que desarrollar para continuar creciendo), y así sucesivamente. Este es, al menos, el punto de vista de Martin Schulman, quien, en su libro Nodos lunares y reencarnación, afirma:

«El nodo sur simboliza el pasado del hombre. No se trata del simbolismo de una encarnación pasada, sino más bien de una combinación de acontecimientos, ideas, actitudes y pensamientos procedentes de cada encarnación, cuyos efectos acumulados no resueltos han creado la vida actual. (...) Por esta razón, el hombre muestra la tendencia a permanecer en su nodo sur, como en una especie de cómodo pasado con el que se siente familiarizado. (...) El punto potencialmente más débil de todo horóscopo es el nodo sur, ya que representa los pasos que hemos dejado detrás de nosotros». [pp. 24-25]

«El nodo norte es el símbolo del futuro. Representa una nueva experiencia que aún no ha sido intentada. (...) esta posición nodal aporta consigo una curiosa atracción magnética que empuja a las almas hacia su crecimiento futuro. Hay providencia divina en el hecho de intentar algo nuevo, y en tal caso el individuo recibe una gran ayuda por sus esfuerzos. En los niveles más profundos de su ser, él percibe un sentido de dirección. El propósito de su vida le impulsa a pesar de todos los obstáculos. De hecho, esta posición nodal es como un cuerno de la abundancia lleno de tesoros capaz de ofrecer un beneficio tras otro a medida que cada obstáculo se convierte en un peldaño que simboliza el crecimiento futuro. (...) La característica más extraordinaria del nodo norte es que, por mucho que el hombre alcance en él, siempre queda mucho más por alcanzar... ya que representa la espiral que se eleva permanentemente hacia Dios». [pp. 27-29]

Estos textos, como se aprecia fácilmente, reflejan un modo de entender la astrología que incorpora muchos presupuestos intrínsecamente ajenos a la misma, a saber: la existencia de la reencarnación, la existencia de Dios y de la divina providencia, la vida individual como camino de aprendizaje, dotada de propósito y sentido, encaminada por un proceso de crecimiento continuo del alma hacia la salvación eterna o la comunión con Dios. Esta visión mística o "espiritual" de la astrología está muy extendida en los Estados Unidos de América, de donde era oriundo Martin Schulman, porque sintoniza bien con el cristianismo como camino de salvación y con el capitalismo transido de la mística del crecimiento continuo de impulso calvinista, tan extendido en esas latitudes. La astrología que "vende" es la que ofrece un mensaje positivo y optimista. Además, los prejuicios etnocéntricos que asumen la superioridad de las naciones y poblaciones radicadas al norte del ecuador sobre sus vecinas del sur, impregnan los planteamientos aparentemente neutrales con los que se intenta extraer significado universal de las condiciones astronómicas que interesan a la astrología. En esta línea se expresa Eloy R. Dumón cuando en su Manual de astrología moderna escribe:

«Hay que hacer notar que en el simbolismo astrológico, el paso hacia el norte de la Eclíptica es un movimiento que representa un valor positivo y creativo del espíritu y que el paso hacia el sur, es un movimiento de alejamiento del espíritu y un acercamiento hacia el mundo material. En consecuencia, el Nodo Norte lleva implícito el significado tradicional de ser positivo y espiritual, un punto de divina protección o de éxito a través de nuestra voluntad. En cambio, el Nodo Sur, simbólicamente "da la espalda" al Sol y como resultado se encuentra bajo los efectos y control de las energías de la materia». [p. 373]

Este "razonamiento" tan extravagante, que parece suponer que la mitad del cielo es espiritual y la otra mitad material, culmina con la sorprendente afirmación de que el nodo sur "¡da la espalda al Sol!". ¿Cómo podría hacer eso un punto que está radicado en la mismísima eclíptica, la cual no es otra cosa que el camino del propio Sol? ¿Y por qué algo que de alguna manera se sustrajera a la influencia del Sol habría de quedar "bajo los efectos y control de las energías de la materia", como si el Sol no fuera él mismo un centro de energía de la materia? Divagaciones astrológicas de este caríz parecen estar orientadas por las siguientes asociaciones de ideas:

norte = arriba = superior = espiritual = bueno

sur = abajo = inferior = material = malo

Pero la astrología védica, desarrollada en la India, nos cuenta otra historia. Asocia a Rahu (el nodo norte) con Saturno y a Kethu (el nodo sur) con Marte, de modo que los considera a ambos "maléficos". La percepción de los nodos como maléficos tiene cierta lógica, porque todo nodo es un punto crítico. Allí donde se cruzan dos planos, dos órbitas, dos planetas, tiene lugar un choque y un comienzo o cambio de ciclo, de modo que pueden "saltar chispas". Pero estos "choques" son, al mismo tiempo, "puntos de encuentro", puertas que se abren a nuevas energías, nuevas síntesis, nuevas colaboraciones. Si la eclíptica es el camino del Sol y la órbita lunar es el camino de la Luna, allí donde ambos caminos se cruzan las manifestaciones típicamente solares y las típicamente lunares pueden mezclarse, ya sea armónicamente o de modo conflictivo, por ejemplo, haciendo consciente (Sol) lo inconsciente (Luna), lo cual puede ser perturbador, pero también sanador. Es tentador asociar a uno de los nodos con lo que emerge del inconsciente a la consciencia (a través de los sueños, los lapsus linguae, las asociaciones libres, la hipnosis, los trances, la inspiración) y al otro nodo con lo que relegamos al inconsciente (a través del olvido, la represión u otros mecanismos de defensa del yo); pero como "norte" no significa necesariamente "arriba" ni "sur" significa necesariamente "abajo", sino que, tratándose de planos o círculos máximos de la esfera celeste, "norte" y "sur" solo significan "a un lado o a otro de un plano", resulta que no podemos saber a priori qué nodo asumiría cada una de estas dos funciones, en el supuesto de que realmente trabajaran así.

Otra manera de concebir simbólicamente la relación entre la órbita solar y la órbita lunar conectadas por sus nodos podría ser la imagen de un hombre y una mujer situados frente a frente con las manos entrelazadas.


Si tomamos la órbita del sol (la eclíptica) como un camino de naturaleza yang (masculino) y la órbita de la luna como un camino de naturaleza yin (femenino), los nodos donde ambas órbitas se cruzan vienen a ser los puntos en los que lo masculino y lo femenino "se toman de las manos". Algunos astrólogos (Witte, Ebertin, Hand) han señalado la importancia que los nodos parecen tener en las relaciones de pareja, en especial cuando el nodo norte de una persona está en conjunción con el nodo sur de otra y viceversa. Una situación así es la que mejor ejemplifica la imagen simbólica que acabamos de sugerir: la mano izquierda de cada uno tomando la mano derecha del otro. Ahora bien, podemos ver las relaciones de pareja como una objetivación social de las relaciones entre los aspectos masculinos presentes en la psique de cualquier persona, sea hombre o mujer (lo que Jung denominaba animus) y los aspectos femeninos presentes en la psique de cualquier persona, sea hombre o mujer (lo que Jung denominaba anima). De ser así, los nodos de la luna nos podrían dar algunas pistas del modo en que un hombre toma contacto con su lado femenino o una mujer toma contacto con su lado masculino, en función de los signos y casas que ocupan esos nodos o los planetas con los que se vinculan por aspectos.

© 2026, Julián García Vara


miércoles, 6 de mayo de 2026

Addey: espejismos y ceguera. Cómo ver lo que no hay y no ver lo que hay.


Eloy R Dumón en su sucinta exposición del trabajo de John M. Addey con las cartas armónicas en astrología menciona, entre otras cosas, una relación de aspectos tomados de natividades de personas ciegas, en los siguientes términos:

«Con el objeto de mostrar lo tremendamente significativas que pueden ser estas cartas, mostraré una prueba con 9 cartas natales de personas ciegas a quienes se les calculó la armonica 125 para el planeta Mercurio, el que como ustedes saben es un planeta conectado en general con el sistema nervioso, con los sentidos y especialmente la vista. También se calculó esta misma armónica para los planetas maléficos: Marte, Saturno, Urano y Neptuno.»

A continuación reproduce Dumón la lista completa, tomada del capítulo 14 de Harmonics in Astrology de John Addey, donde podemos apreciar que en el armónico 125 de cada una de esas 9 cartas se presenta al menos un aspecto tenso (oposición, cuadratura, semicuadratura o sesquicuadratura) de Mercurio con alguno de los cuatro planetas aquí considerados maléficos: Marte, Saturno, Urano y Neptuno, y todos y cada uno de esos aspectos dentro de orbes sorprendentemente exactos, nunca por encima de los 3 minutos de arco.

Cualquiera que esté familiarizado con los aspectos en astrología, pero no tanto con el uso de cartas armónicas, no puede por menos que sumarse espontáneamente al entusiasta comentario que inmediatamente añade Dumón: «Esta lista tal vez sea la más impresionante que yo haya visto en un estudio astrológico». El propio John Addey, algo más comedido, afirma al respecto: «La prueba anterior no puede considerarse exhaustiva, pero es convincente hasta donde alcanza».

Dedicaré la primera parte de este artículo a explicar por qué esta lista de aspectos no me parece tan impresionante como la encontraba Dumón ni tan convincente como la estimaba Addey. Añadiré después algunos detalles que creo que ayudarán a poner las cosas en una perspectiva más adecuada.

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Aunque Dumón menciona una prueba con 9 cartas natales de personas ciegas, lo cierto es que Addey inspeccionó no 9 sino 10 cartas. No supone una gran diferencia, pero no deja de ser significativo que Dumón se olvide de mencionar esa décima carta y Addey, por su parte, se muestre receloso de ella. La décima carta no forma parte del listado de aspectos por la sencilla razón de que Addey no halló en el armónico 125 de esa carta ningún aspecto tenso de Mercurio. Esto no debería representar ningún problema serio. Ya es mucho, muchísimo en astrología, encontrar alguna configuración planetaria poco común que se halle presente en el 90 por ciento de las cartas natales de personas que compartan algún rasgo insólito. Aspectos tensos de Mercurio con planetas "difíciles" y con orbes en la mayoría de los casos por debajo de los 3 minutos de arco puede considerarse, a primera vista, como algo poco frecuente, al igual que la condición de persona invidente, y encontrar esto en 9 de 10 casos es un 90 por ciento, lo que parece bastante extraordinario. Digo "parece" porque hay tres razones, al menos, para no considerar esto tan extraordinario, como veremos enseguida; pero antes recordemos lo que a propósito de esa décima carta comenta Addey: «Esta era la carta de un niño de la India. Soy un poco escéptico sobre las horas de nacimiento usadas en la India, porque parecen depender más de una "rectificación" que de una observación cuidadosa». Es inevitable hacerse esta pregunta retórica: ¿se habría mostrado igual de escéptico sobre la hora de nacimiento de esa carta si hubiera encontrado en ella una confirmación más de los mismos aspectos de Mercurio hallados en las demás? Por otra parte, no tiene ninguna prueba de que se trate de una hora rectificada, esto es solo una mera suposición, y aun cuando tuviera razón en ello ¿acaso las horas de nacimiento no rectificadas son más confiables que las rectificadas? ¿no sería más bien al revés, al menos si el astrólogo hace bien su trabajo? Aún sorprende más este comentario si lo contrastamos con lo que el mismo Addey afirma un poco más adelante: «las cartas fueron calculadas (...) por E. H. Bailey (...) un astrólogo de vieja escuela y un meticuloso amante de la exactitud, de modo que creo que se puede confiar en las posiciones».

Addey se permite el lujo de dudar de unos datos de nacimiento tal como han sido publicados solo porque dan lugar a una carta que no confirma sus expectativas y, sin embargo, pide a sus lectores que confíen en una investigación supuestamente realizada sobre 10 cartas de las cuales solo en dos de ellas (la de Heller Keller y la de un afinador de pianos) está en condiciones de proporcionar las fechas, horas y lugares de nacimiento. De las demás nos dice esto: «Los demás ejemplos de ceguera proceden de una colección de casos de esta aflicción encontrada en una vieja copia del  British Journal of Astrology (una publicación desaparecida desde hace mucho tiempo) que estaba disponible por entonces. Por desgracia no conservo las fechas y horas de nacimiento (subrayado mío).

Circunstancia ciertamente desgraciada porque no solo no permite comprobar si los cálculos fueron correctos sino que tampoco nos da la oportunidad de inspeccionar esas cartas en busca de algo que Addey pudo haber pasado por alto. Debemos tener en cuenta que en la época en que Addey realizó esta investigación todos los cálculos se hacían a mano y, además, según revela el propio Addey, para llegar a una carta armónica del 125 calculaba primero la carta armónica 5 (H5); después, a partir de la carta H5, calculaba la carta H5 de la carta H5 (es decir, la carta H25); por último, calculaba la carta H5 de la carta H25 (obteniendo así la carta H125). No es nada raro cometer errores de cálculo en un procedimiento tan largo que, además, consta de reiteradas multiplicaciones de expresiones numéricas sexagesimales. Por eso es no solo conveniente sino realmente necesario poder revisar esos cálculos y no entregarse cómodamente a ellos sin comprobar nada sobre la base de que ─como dice Dumón─ la lista «merece fe por la seriedad del astrólogo que la publicó». 

Aún nos quedan, eso sí, dos cartas cuyos datos se han salvado del olvido. La primera de ellas corresponde a un afinador de pianos que según Addey «pudo afirmar con certeza que nació hacia la medianoche, es decir, entre las 11:30 y las 11:45 p. m., y sugirió que las 11:40 p. m. del 4 de enero de 1906 (sur de Londres) estarían casi con seguridad dentro de los cinco minutos de la hora correcta». Addey asegura haber encontrado en el armónico 125 de esta carta una cuadratura de Mercurio con Marte (orbe 1') y otra cuadratura de Mercurio con Neptuno (orbe 3'). Las posiciones de Mercurio, Marte y Neptuno en el armónico 125 de esta carta, calculado con software actual de alta precisión son:

  • Mercurio: 21º 10' de Libra.
  • Marte: 24º 39' de Capricornio.
  • Neptuno: 0º 29' de Leo.
y los ángulos de Mercurio con esos dos planetas son:

  • Mercurio - Marte : 93º 29'
  • Mercurio - Neptuno: 80º 41'
No hay, por tanto, ninguna cuadratura de Mercurio con Neptuno. En cuanto a Mercurio con Marte tenemos una cuadratura con un orbe de tres grados y medio y no de un minuto, como muestra su tabla. En el mismo capítulo nos dice Addey que los orbes que deberían permitirse para una cuadratura, partiendo de orbes de 12º y de 15º para la conjunción serían 3º y 3º 45' respectivamente. Así pues, una cuadratura de tres grados y medio estaría, según sus propios criterios, o bien fuera de orbe o cerca de su límite máximo; es decir, o no existiría o sería débil. Ahora bien, el orbe de un minuto de arco que Addey coloca entre paréntesis acompañando a la cuadratura Mercurio-Marte no se debe simplemente a un error de cálculo. Lo que Addey está presentando ahí no es el orbe de esa cuadratura del armónico 125 sino el orbe de un aspecto derivado de la división del círculo por 125. Addey es lo suficientemente honesto como para aclarar esto más abajo, pero no lo bastante como para evitar presentar los datos de tal manera que produzcan un gran impacto a primera vista, derivado, en realidad, de mezclar ciertos aspectos de una carta armónica con orbes de otros aspectos de otra carta. Es importante entender bien esto y, por tanto, nos detendremos un poco más en ello.

El camino que conduce a John Addey hasta el armónico 125 en las personas ciegas no es empírico sino especulativo. No entraré aquí a exponer, comentar o juzgar los argumentos en que se basó para suponer que el armónico 125 podía ser relevante en este asunto. Quien desee conocerlos en detalle puede consultarlos en el siguiente enlace:


Bastenos aquí con constatar que Addey pensó que distancias angulares derivadas de la división del círculo por 125 podían estar relacionadas con el funcionamiento normal o alterado de los órganos de los sentidos. Una división del círculo de 360 grados por 125 daría lugar a una nueva familia de aspectos: los "cientoveinticinquiles", si quisiéramos llamarlos así. Addey no los nombra de ninguna manera y tampoco lo haremos aquí. Me referiré a ellos simplemente como "A125". Un A125 es, pues, un aspecto de 2,88 grados (2º 52' 48") o un múltiplo de este arco. ¿Cuál sería el orbe apropiado para un A125? Sería un orbe 125 veces más pequeño que el de una conjunción natural. Los A125 aparecerán como conjunciones en la carta armónica 125. Podemos denominar A125-1 a esos aspectos de la carta natal original que aparecerán como conjunciones en la armónica 125, A125-2 a los aspectos de la carta natal original que aparecerán como oposiciones en la armónica 125, A125-4 a los que aparecerán como cuadraturas y A125-8 a los que aparecerán como semicuadraturas y sesquicuadraturas. Entonces, de acuerdo con los propios criterios de Addey, dependiendo de si usamos 12º o 15º para la conjunción natural, los orbes admisibles para estos aspectos A125 serían los siguientes:


A125-1

A125-2

A125-4

A125-8

Conjunción 12º

0º 05' 46"

0º 02' 53"

0º 01' 26"

0º 00' 43"

Conjunción 15º

0º 07' 12"

0º 03' 36"

0º 01' 48"

0º 00' 54"

Y aquí es donde Addey no juega del todo limpio. Nos presenta un listado de oposiciones, cuadraturas, semicuadraturas y sesquicuadraturas, como si fuera el caso que ninguno de estos aspectos superara los 3 minutos de orbe. Pero lo cierto es que está omitiendo los orbes verdaderos de estos aspectos en su armónico de referencia (el 125) y los está sustituyendo por los orbes que los aspectos A125 presentan en la carta natal original (armónico 1), los cuales, por definición, no pueden superar los 3 minutos de orbe, porque si los superaran ya no aparecerían como aspectos en la armónica 125. Un orbe de 3 minutos de arco en la carta natal original se traduce en un orbe de 6º 15' en la armónica 125. Esto no disuade a Addey de presentarnos una supuesta cuadratura de Mercurio con Neptuno, (cuyo orbe real dentro de la armónica 125 es, como vimos más arriba, nada menos que de 9º 19') como si se tratara de una cuadratura de 3 minutos de orbe. Más abajo incluye semicuadraturas y sesquicuadraturas con 1 minuto de orbe, con la intención obvia de impresionarnos con la exactitud de los aspectos. Pero sucede que 1 minuto de orbe excede incluso el máximo admisible para aspectos A125-8 que son los que se muestran como semicuadraturas y sesquicuadraturas en la armónica 125. Cuando se comprende esto su lista de aspectos ya no es, ni mucho menos, tan impactante.

El segundo caso con datos declarados es el de Hellen Keller, para la cual registra Addey una cuadratura de Mercurio con Saturno en la armónica 125. Esto es correcto, la cuadratura realmente existe, pero con un orbe de 1º 23', no de 1', que es lo que muestra la tabla de Addey.

De las otras ocho cartas no tenemos más noticias que los aspectos listados, imposibles de comprobar por las razones expuestas más arriba. Confiemos, de todas formas, en que ─dejando a un lado los juegos malabares con los orbes y algún que otro error de cálculo─ la mayoría de los aspectos reseñados estuvieran realmente presentes en esas cartas extraviadas. Aun así, nos falta saber por qué eligió recoger esos aspectos y no otros. En primer lugar ¿por qué solamente aspectos de Mercurio? Todo lo que dice sobre esto es que calculó los armónicos 125 de esas cartas "en busca de las aflicciones de Mercurio, que sin duda debe tener relevancia sobre la vista". No sé qué es lo que le hace suponer esto, porque el significador astrológico de la vista no es Mercurio, sino el Sol. Ya en el libro VI (507e-508b) de La República de Platón encontramos el siguiente diálogo de Sócrates con Adimanto:

  • ─¿A cuál de los dioses del cielo podrías atribuir el dominio de esas cosas e incluso la producción de la luz, por medio de la cual ven nuestros ojos y son vistos los objetos de la manera más perfecta?
  • ─Pues al que tú y los demás la atribuyen ─afirmó─. Porque parece claro que quieres referirte al sol.
  • ─Y bien, ¿no es esa la relación natural de la vista con ese dios?
  • ─No te entiendo.
  • ─¿No es como un sol la vista, y lo mismo el órgano en el que se produce, al que damos el nombre de ojo?
  • ─Creo que no.
  • ─Sin embargo, debo decirte que, a mi entender, es de todos los órganos de nuestros sentidos el que más se parece al sol.
  • ─Sin duda.
  • ─Y la facultad de ver que posee, ¿no le ha sido concedida por el sol como a título de emanación?
  • ─Así es  ─dijo.
En el capítulo XII del libro tercero del Tetrabiblos de Ptolomeo podemos leer:

«Las causas y los diferentes tipos de vicios o enfermedades los indicarán los planetas (...) El Sol domina los ojos, el cerebro, el corazón, los nervios y en general toda la parte derecha. (...) Mercurio el razonamiento, la lengua, la bilis y las nalgas»

Y en el aforismo LXIX de su Centiloquio añade:

«El que ha nacido cuando la Luna está opuesta al Sol y unida a las estrellas nebulosas, tendrá algún defecto en la vista. Cuando la Luna esté en el ángulo de Occidente y los dos maléficos en el ángulo de Oriente, y el Sol esté también en un ángulo, el que ha nacido así será ciego»

Más recientemente, Géza Back de Surany, en el capítulo 9 de la Segunda Parte de su Manual de astrología médica, dedicado al estudio de la vista y el oído, toma como significador del ojo derecho al Sol y como significador del ojo izquierdo a la Luna.  

A pesar de todo esto, Addey decide relacionar por su cuenta los problemas de la vista no con las luminarias sino con "aflicciones de Mercurio" y, además, buscarlas en un armónico tan alejado como el 125. ¿Qué entiende Addey por "aflicciones de Mercurio"? Se desprende de su proceder que entiende por tal un Mercurio que hace "malos aspectos" con "malos planetas". Toma como malos aspectos la oposición, las cuadraturas, las semicuadraturas y las sesquicuadraturas. Toma como malos planetas los dos maléficos tradicionales (Saturno y Marte) a los que añade Urano y Neptuno. De este modo puede tomar como confirmaciones de su hipótesis cualquiera de esos aspectos de Mercurio con cualquiera de esos planetas. Esto nos da un total de 16 diferentes aspectos "confirmatorios" de una misma condición orgánica. Lo que no hace Addey es calcular cuál es la probabilidad de encontrar uno cualquiera de estos aspectos en una carta cualquiera ni confrontar tampoco los datos obtenidos con un grupo de control formado, por ejemplo, por otras diez natividades de personas sin serios problemas de visión. Ya que él no lo hizo vamos a tratar de poner remedio a eso.

La probabilidad de hallar al menos una de estas "aflicciones de Mercurio" en una carta cualquiera es muy alta. Ateniéndonos a los orbes que él mismo recomienda ─y que no siempre respeta─ quedaría entre un 40 y un 50 por ciento. Esto quiere decir que la mitad de la población debe tener alguna de estas "aflicciones de Mercurio" en su carta armónica 125 o en cualquier otra. Tomar como indicador de ceguera ─que solo afecta al 0,5 por ciento de la población mundial─ un factor astrológico presente en el nacimiento de una de cada dos personas no parece muy serio, además de ser completamente inútil.

Si se nos dice que, a pesar de todo, Addey encontró alguno de estos aspectos en el 90 por ciento de las cartas examinadas en lugar de solo en el 50 por ciento, replicaremos que eso sería ciertamente digno de ser tenido en cuenta si hubiera hallado esto en 900 de 1000 cartas, por ejemplo, pero no significa nada hallarlo en 9 de 10, porque en las muestras tan pequeñas como esta el azar hace muchas travesuras. Si a eso añadimos que en lo poco que hemos podido comprobar ya hemos detectado la inclusión en su lista de algún aspecto que en realidad no existe, no podemos descartar que haya más aspectos inexistentes en el resto de la lista. Como no podemos sacar más conclusiones a partir de datos inaccesibles, la única forma de salir de este atolladero es buscar otros datos accesibles con los que poner a prueba la hipótesis implícita en esta investigación de Addey.

La base de datos de astrodatabank ofrece 13 cartas natales de personas ciegas anónimas en el área de investigación (Research data) y algunas más en el área de famosos (Public figures), entre ellas las de José FelicianoStevie WonderAndrea Bocelli y Louis Braille. También incluye la de Helen Keller, ya utilizada por Addey. A estas 18 cartas podemos añadir la del afinador de pianos de Addey y un par de ejemplos más tomados del Manual de astrología médica de Geza Back de Surany:

  • Surany: caso 13. Viena, 13 de enero de 1894, 18h42m (17h42m GMT)
  • Surany:  caso 32: Viena, 25 de enero de 1874, 8h42m (7h36m40s GMT)
Con esto tenemos ya 21 cartas de personas ciegas con datos natales accesibles sobre las cuales podemos investigar con más confianza. Vamos a calcular las cartas del armónico 125 para todos estos casos y aplicaremos dentro de ellas los orbes que el propio Addey recomienda partiendo de 12 grados para la conjunción; es decir: oposiciones 6 grados, cuadraturas 3 grados, semicuadraturas y sesquicuadraturas 1 grado y medio. Consideraremos en este contexto "aflicciones de Mercurio" únicamente los aspectos tensos que acabamos de enumerar de Mercurio con Marte, Saturno, Urano o Neptuno. Bajo estas condiciones obtenemos los siguientes resultados:
  1. Blind 11919 Sin aflicciones de Mercurio.
  2. Blind 12233 Mercurio cuadratura Saturno (orbe 1º 15'), Mercurio cuadratura Neptuno (orbe 1º 56')
  3. Blind 2849 Sin aflicciones de Mercurio.
  4. Blind 2890 Mercurio oposición Neptuno (orbe 3º 28')
  5. Blind 3073 Mercurio oposición Neptuno (orbe 3º 35')
  6. Blind 3136 Sin aflicciones de Mercurio.
  7. Blind 3529 Sin aflicciones de Mercurio.
  8. Blind 36228 Sin aflicciones de Mercurio.
  9. Blind 3658 Mercurio oposición Saturno (orbe 3º 53')
  10. Blind 3703 Mercurio cuadratura Neptuno (orbe 2º 40')
  11. Blind 5742 Sin aflicciones de Mercurio.
  12. Blind 6421 Sin aflicciones de Mercurio.
  13. Blind 8439 Sin aflicciones de Mercurio.
  14. José Feliciano. Sin aflicciones de Mercurio.
  15. Stevie Wonder. Sin aflicciones de Mercurio.
  16. Andrea Bocelli. Sin aflicciones de Mercurio.
  17. Louis Braille. Sin aflicciones de Mercurio.
  18. Surany, caso 13. Sin aflicciones de Mercurio.
  19. Surany, caso 32. Mercurio cuadratura Marte (orbe 2º 59')
  20. Helen Keller. Mercurio cuadratura Saturno (orbe 1º 37')
  21. Afinador de pianos de Addey. Sin aflicciones de Mercurio.
El resultado no puede ser más contundente ni más contrario a la tesis de Addey. Solo 7 de las 21 cartas (una de cada 3 ó el 33 por ciento) presenta alguno de los aspectos que Addey consideraba "aflicciones de Mercurio". Pero veamos qué sucede si tomamos otras 21 cartas de personas no-ciegas a modo de fichero de control. Basta con extraer de la misma base de datos 21 cartas al azar tal como aparecen a continuación de estas, simplemente por orden alfabético.
  1. Mathilde BlindSin aflicciones de Mercurio.
  2. James Blish. Mercurio oposición Marte (orbe 3º 29'), Mercurio sesquicuadratura Urano (orbe 0º 02')
  3. Helena BlissSin aflicciones de Mercurio.
  4. Gerard Blitz. Mercurio cuadratura Neptuno (orbe 0º 44')
  5. Felix Bloch. Mercurio cuadratura Neptuno (orbe 0º 37')
  6. Henry W. BlochSin aflicciones de Mercurio.
  7. Marc Bloch. Mercurio oposición Urano (orbe 0º 13')
  8. Robert BlochSin aflicciones de Mercurio.
  9. François Bloch-LainéSin aflicciones de Mercurio.
  10. Christoph BlocherSin aflicciones de Mercurio.
  11. Douglas Block. Mercurio cuadratura Saturno (orbe 2º 03')
  12. Leonard N. BlockSin aflicciones de Mercurio.
  13. Sandy Block. Mercurio cuadratura Neptuno (orbe 1º 44')
  14. Jan BlockxSin aflicciones de Mercurio.
  15. Adèle Bloemendaal . Mercurio oposición Urano (5º 57')
  16. John BlofeldSin aflicciones de Mercurio.
  17. Georges BlondSin aflicciones de Mercurio.
  18. Alain BlondelSin aflicciones de Mercurio.
  19. André Blondel. Mercurio oposición Urano (orbe 2º 39')
  20. Marc Blondel. Mercurio cuadratura Urano (orbe 0º 09')
  21. Maurice BlondelSin aflicciones de Mercurio
Como vemos, los resultados son prácticamente iguales que los anteriores; 8 de las 21 cartas (el 38 por ciento) presentan "aflicciones de Mercurio" en los términos en que las define Addey. No hay diferencias al respecto entre cartas de personas ciegas y no ciegas. Esto deja fuera de toda duda que si Addey realmente creía haber encontrado un indicador astrológico válido de la condición de ceguera, por cierto bastante insólito y rebuscado, fue víctima de un espejismo. No hay ninguna evidencia sostenible de que los aspectos "difíciles" de Mercurio en el armónico 125 tengan nada que ver con la ceguera. Por otra parte, las oposiciones que podemos hallar en una carta del armónico 125 son en realidad aspectos del armónico 250, las cuadraturas lo son del 500 y las semicuadraturas y sesquicuadraturas lo son del 1000. Buscar indicadores de cualquier tipo en armónicos tan altos es, como mínimo, una excentricidad con muy pocas probabilidades de conducir a algo aprovechable. Además, Mercurio es, después de la Luna, el planeta de movimiento más rápido y, por tanto, uno de los que más se resienten de cualquier imprecisión en la hora de nacimiento, ya que toda imprecisión en su posición exacta dentro de la carta original se va a multiplicar por el número del armonico.

🔅🔅🔅🔅🔅

En el artículo citado más arriba (Divisiones y subdivisiones quíntuples en astrología) refiere Addey el modo en que se inició el estudio que acabamos de revisar, con las siguientes palabras: 

«Mientras se recopilaba el material para este artículo, mi esposa comentó un día que el piano necesitaba afinación y se me ocurrió que conocía a un afinador de pianos ciego que, de conocerse su hora de nacimiento, podría ser el sujeto ideal para un estudio de los sentidos, ya que, en su caso, la pérdida de un sentido se correspondía con la mejora de otro. Mis mejores expectativas se vieron superadas, pues, al ser soltero y haber vivido con su madre hasta su fallecimiento, pudo afirmar con certeza que nació hacia la medianoche, es decir, entre las 11:30 y las 11:45 p. m., y sugirió que las 11:40 p. m. del 4 de enero de 1906 (sur de Londres) estarían casi con seguridad dentro de los cinco minutos de la hora correcta. (...) El nativo afirma que se quedó ciego el día de su décimo cumpleaños a causa de una meningitis cerebroespinal».

No se trataba, pues, de una persona ciega de nacimiento, sino que esa condición le sobrevino en una fecha muy determinada, el día de su décimo cumpleaños, que no es un día cualquiera, desde un punto de vista astrológico, pues es el día en que se cumple la décima revolución solar (Figura 1)

Figura 1

En esta revolución solar encontramos a Saturno en cerrada oposición con el Sol y con la Luna, los significadores tradicionales de la vista afligidos por la oposición del tradicional maléfico mayor. Nada puede ser más conforme que esto con lo que realmente sucedió. Pero no es esto todo. Una carta de revolución solar es, al mismo tiempo, una figura de los tránsitos a la carta natal. Veamos como se relacionan ambas cartas (Figura 2).

Figura 2

Puesto que el Sol ocupa el mismo lugar en ambas cartas, la oposición de Saturno al Sol en la revolución solar es, al mismo tiempo, un tránsito de oposición de Saturno al Sol radical. Además, el otro maléfico tradicional, Marte, hace una oposición muy exacta (orbe 0º 02') a Saturno radical.

Hay todavía una tercera carta que viene a añadir más presión al asunto. Se trata de la carta heliocéntrica del armónico 10. (Figura 3). Fue el propio Addey quien propuso utilizar cada carta armónica como representativa del año que coincide con la edad de la persona. Es lo que desde entonces conocemos como armónicos de la edad. Pero Addey, como la mayoría de los astrólogos, no usaba cartas heliocéntricas. Eso le privó de constatar que en uno de los armónicos de edad de este afinador de pianos, aplicables al décimo aniversario de su nacimiento, había una triple conjunción de Marte, Saturno y Plutón, quedando estos dos últimos en el grado mismo de su Medio Cielo natal, lo cual es un indicio muy poderoso de circunstancias extremadamente duras para esa edad.


Figura 3

En conclusión, Addey vio muchas cosas que no había y no vio muchas cosas que sí había. No pretendo con esto desacreditar el trabajo de este autor, del que he aprendido tantas cosas útiles que se podría decir que este blog no existiría o, al menos, no tendría la orientación general que tiene de no haber tenido yo contacto con su obra. Pero toda obra es susceptible de perfeccionamiento y depurarla de sus errores en la medida de lo posible es una de las mejores contribuciones que podemos hacer a la intención declarada por su mismo autor que no es otra que la de «encontrar un enfoque científico, aceptable y seguro» para la astrología.

 

@ 2026, Julián García Vara

lunes, 30 de marzo de 2026

Divisiones y subdivisiones quíntuples en astrología


Artículo de John M. Addey publicado como capítulo 10 

dentro del libro Harmonic Anthology, 1976.

Hasta ahora, el énfasis en el estudio de la base armónica de la astrología se había centrado casi exclusivamente en la mecánica de la teoría; esto era necesario para demostrar que las leyes astrológicas realmente se ajustaban a los patrones armónicos.

Existía el peligro de que se pensara que todo el estudio era pura estadística. Por lo tanto, era necesario empezar a desarrollar el estudio del simbolismo numérico en relación con los armónicos para demostrar que realmente estábamos avanzando hacia un mayor potencial interpretativo.

J.M.A. 1976


Parece de vital importancia para la comprensión de las ideas que he venido planteando desde hace algún tiempo que el lado interno, cualitativo del cuadro (que siempre estuvo presente y sobre el que he llamado la atención de vez en cuando) se desarrolle más explícitamente, para que no se pierdan de vista o se malinterpreten la naturaleza y el propósito reales de la obra.

Cabe destacar que mi crítica a la astrología actual radica en que está fragmentada, es partidista y carece de aquellos principios que le otorgarían una verdadera unidad, es decir, una unidad que abarque todas las potencialidades del tema y ofrezca una base verdaderamente integral para cada aspecto del simbolismo interpretativo.

Podemos denominar astrología integral a aquella que proporciona tal fundamento; es decir, una astrología completa e íntegra, que posee todas las partes necesarias y apropiadas. Es hacia esa astrología (por muy lejos que estemos de ella) hacia donde deberíamos intentar avanzar.

La imagen que emerge ahora de la reducción del simbolismo astrológico a sus elementos más simples es la de un código extraordinario basado en los ritmos de los ciclos cósmicos (es decir, en las armonías de los períodos cósmicos), maravillosamente simple en su esencia, sumamente complejo en su manifestación, capaz de una adaptación y flexibilidad infinitas en su aplicación. Parece ser la fuente de todas las doctrinas tradicionales que nos han llegado del pasado y de todos los nuevos conceptos que surgen periódicamente en el presente.

El desciframiento de este código depende de la comprensión del simbolismo de las existencias cósmicas, del dominio del simbolismo de los números ideales y de la correcta relación de ambos con la vida del hombre y la naturaleza.

Es una tarea formidable, pero para intentar resolverla tenemos a nuestra disposición tres tipos de herramientas, cada una de ellas de inmenso alcance y poder.

El primero es el método científico inductivo y el razonamiento mediante el cual se extraen conclusiones y se formulan y comprueban hipótesis a partir del estudio del mundo que nos rodea. Más adelante se ofrece un ejemplo de una conclusión tentativa de este tipo.

La segunda vía de abordaje consiste en el estudio de la tradición, pues es evidente que las antiguas tradiciones astrológicas (actualmente perdidas o reducidas a un puñado de reglas sencillas) contenían, en su pureza, un sistema de simbolismo profundo y completo. Un ejemplo de cómo se analiza la tradición para comprender sus implicaciones sobre nuestros problemas actuales lo ofrece el estudio de la astrología hindú realizado por Charles Harvey (que ha conservado una tradición mucho más diversa que la astrología occidental actual).

La tercera herramienta a nuestra disposición es el razonamiento filosófico deductivo a partir de primeros principios. Es fácil ver cómo cada uno de estos tres enfoques se complementa y fortalece mutuamente. Este artículo pretende ejemplificar el tercer enfoque.

Quienes hayan leído el artículo de Charles Harvey probablemente habrán comprendido el concepto de la división del círculo completo del horóscopo en círculos o ciclos subordinados; en el caso de la carta Navamsa, en nueve ciclos subordinados.

Ahora bien, las nueve ondas del noveno armónico son simplemente nueve ciclos o círculos dentro del círculo completo; una onda es solo un círculo ligeramente enderezado, y al fijar las posiciones de los planetas en la carta Navamsa, simplemente estamos fijando su posición en el noveno armónico. Todo esto se explica en el artículo de Charles Harvey.

Resulta que el horóscopo (y este es el fundamento de todas las subdivisiones de la astrología hindú) se construye siguiendo el mismo esquema que ese pequeño contador de gas o electricidad que todos tenemos en casa, en el sótano o debajo de la escalera. Hay un dial para las unidades, otro para las decenas, otro para las centenas, otro para los millares, y así sucesivamente. Y cada dial se ocupa de las medidas que le corresponden, y solo de esas.

En los últimos años se ha hablado mucho del dial de 90º introducido por la Escuela de Ebertin. Mediante este instrumento, las posiciones planetarias del horóscopo se transponen del círculo completo de 360º y se les asignan nuevas posiciones que muestran su relación con el sector de 90º en el que se encuentran, y cada sector de 90º se reinterpreta como un ciclo o círculo completo en sí mismo.

El efecto de esto es resaltar la relación de los planetas entre sí en la cuarta armónica, y dado que el número cuatro es tan importante en relación con la idea de manifestación, las relaciones reveladas por el dial de 90º resultan muy significativas para quienes lo utilizan.

Sin embargo, podría criticarse que la estructura dodecagonal del zodíaco ya está adaptada para revelar, a simple vista del astrólogo experimentado, las relaciones dentro del sector de 90º. Un conocimiento profundo de las triplicidades le permite identificar la mayoría de ellas sin necesidad de un dial.

Pero ahora queda claro, a partir de los análisis armónicos de los factores horoscópicos realizados, que, si queremos devolver a la astrología su carácter integral, debemos aprender a comprender claramente el simbolismo de todos los números y a interpretar correctamente las medidas que se muestran en muchas otras esferas además de la del dial de 90º.

La gran importancia de la división dodecagonal del zodíaco radica simplemente en que puede dividirse por uno, dos, tres, cuatro y seis, adaptándose así para incorporar el simbolismo de todos estos números. Pero ¿qué ocurre con la división por cinco, siete, ocho y nueve?

El simbolismo de los doce signos se ha explorado y analizado una y otra vez hasta que se ha arraigado en nosotros y se ha convertido en parte de nuestro pensamiento. Ahora debemos explorar y familiarizarnos igualmente con el simbolismo de los demás números para comprender con precisión a qué orden de clasificación se refieren.

Este artículo (tras un comienzo algo extenso) trata sobre el primero de estos números olvidados pero de profunda importancia: el cinco.

En un sentido amplio, creo que existen dos maneras principales de considerar el simbolismo de un número: la primera es a partir de su lugar en la sucesión desde la unidad (y especialmente su lugar en los primeros nueve números) y la segunda es a través del estudio de la composición del número. Estos dos puntos de vista principales y sus diversos aspectos, como cuando el cinco se considera la combinación de dos y tres o uno y cuatro, son simplemente diferentes maneras de observar una misma realidad. Thomas Taylor habla de la Péntada como «la unión de las dos primeras especies diferentes de números, el par y el impar (es decir, 2 y 3), convirtiéndose en sí misma en el sistema de su asociación».

¿Qué es, entonces, este sistema que une la díada y la tríada? Existen varias maneras, pero dado que nos interesa la aplicación del número cinco a la vida humana, lo mejor será averiguar cómo se aplica este sistema a la vida del hombre en el ámbito de la manifestación.

Si bien el ser humano es espíritu, alma y cuerpo, la unidad encarnada de su vida manifestada es el alma. Al observar al ser humano desde abajo, vemos el alma como la unidad primordial (sujeto) y el cuerpo como su vehículo y expresión externa (objeto). Esto constituye nuestra dualidad básica: alma arriba y cuerpo abajo. La tríada está formada por las tres facultades del alma: mente, voluntad y corazón (que se dirigen respectivamente a lo verdadero, lo bueno y lo bello).

Así pues, tenemos una trinidad de facultades unidas arriba en el alma y abajo en el cuerpo.

                            ALMA

CORAZÓN        VOLUNTAD          MENTE

                            CUERPO

Esta es, por así decirlo, la pentada humana en el orden manifestado que veremos claramente expresado una y otra vez en la vida externa del hombre y sus instituciones, e incluso en su propio cuerpo. Siempre las encontraremos dispuestas en el mismo orden descendente: alma, mente, voluntad, corazón y cuerpo.


Correlaciones generales

En primer lugar, para comprender claramente el carácter básico de cada uno de estos principios, describamos la función de cada uno en la vida humana.

Bajo el concepto de mente se incluyen todas las facultades gnósticas del ser humano, desde las más elevadas hasta las más básicas; todos los medios por los que alcanza el conocimiento y la comprensión. Como veremos, estas facultades pueden clasificarse en cinco categorías. En el ámbito más amplio de la vida terrenal del ser humano, se manifiestan en la FILOSOFÍA y la CIENCIA; de hecho, en la búsqueda de la verdad por parte del hombre.

Bajo el término «voluntad» se incluyen todas las facultades electivas y teleológicas del ser humano, todas las capacidades y facultades mediante las cuales elige y se mantiene firme en una decisión entre el bien y el mal, o más propiamente, entre un bien mayor y uno menor. Estas facultades también pueden dividirse en cinco partes y encuentran su máxima expresión en la RELIGIÓN del ser humano, es decir, en su vida activa en conformidad con ideales y principios.

Bajo el término «corazón» se engloban todos los aspectos de la naturaleza afectiva y aspiracional del ser humano; es decir, todas las facultades mediante las cuales admira lo bello o lo deleitoso, se entrega a ello y busca disfrutarlo y expresarlo. Estas facultades también pueden dividirse en cinco partes y se manifiestan, en un sentido más amplio, en el ARTE del ser humano.

Bajo el término "cuerpo" se incluye no solo el cuerpo físico del hombre y otros cuerpos, sino también, en cierto sentido, todo el contacto del hombre con el orden mundano y su trabajo, que se dirige hacia abajo y hacia afuera, en la construcción de la Ciudad de Dios en la tierra.

El «alma» representa la unificación de las facultades humanas, que se dirigen hacia arriba y hacia adentro en la búsqueda de conocer, amar y unirse con Dios. Entre las actividades humanas, se correlaciona con el MISTICISMO.


Mente: Los poderes gnósticos

Existen cinco ramas de estas facultades, que corresponden al orden quíntuple ya descrito. Son: intuición, razón, opinión, instinto y sentido. La intuición, al igual que el alma, es unitiva con respecto a las otras cuatro; la razón es la facultad mental más característica del ser humano, que corresponde en nuestra pentada original a la mente; la tercera facultad, a la que he llamado opinión, bien podría denominarse juicio o estimación. (Esta facultad está por encima del instinto pero por debajo de la razón: si nos preguntan a qué distancia está la oficina de correos, no recurrimos a los instintos, pero, aunque reflexionemos brevemente, tampoco recurrimos a la razón propiamente dicha). Esta facultad gnóstica se correlaciona con la voluntad porque es la que precede de forma más característica a la acción en nuestra vida cotidiana.

Las dos facultades gnósticas inferiores, el instinto y los sentidos, son evidentes por sí mismas. La primera corresponde al corazón porque nos informa de aquellas cosas en las que los deseos y las apetitos naturales son los factores que rigen.

Cada una de estas cinco ramas de las facultades gnósticas se divide, a su vez, en cinco subramas. Los cinco sentidos (el cuerpo) son los más evidentes y se abordan más adelante. Enumerar todas las subramas de las demás podría parecer pedante, pero cada subdivisión de las facultades gnósticas posee sus propios objetos de conocimiento característicos.


Voluntad: la conciencia

La función de la voluntad es controlar. Es impulsada por el corazón y guiada por la cabeza, pero posee la cualidad especial de la firmeza, de modo que puede mantener un rumbo determinado incluso cuando el impulso del corazón que la movió originalmente y la iluminación de la mente que la dirigió inicialmente ya no están presentes.

Idealmente, la voluntad coloca y mantiene todas las cosas en su lugar y relación adecuados. Es decir, ordena y coordina.

Estrechamente relacionado con la voluntad se encuentra el concepto de conciencia. A veces se supone que la conciencia es simple y de una sola naturaleza, pero, de hecho, si la examinamos con detenimiento, podemos observar que tiene una composición quíntuple, de conformidad con los principios ya establecidos.

En pocas palabras, la conciencia elige entre el bien y el mal. Podemos ver entonces que, a nivel de lo que es bueno o malo para el cuerpo, existe un instinto moral; a nivel del corazón, un sentimiento moral; a nivel de la voluntad, un hábito moral; y por encima de todo, una razón moral y una intuición moral.

Un hombre puede, por ejemplo, tener una objeción de conciencia al servicio militar. Pero lo que subyace a esta objeción puede variar cualitativamente. En el nivel más básico, sus instintos pueden haberle dicho que la vida de soldado lo expondría a peligros que no deseaba; o puede guiarse por el sentimiento (como Arjuna, en su famoso diálogo con Krishna en el Bhagavad Gita, cuando adujo que muchos de los que se oponían a él eran sus propios parientes y amigos). O puede haber sido criado como cuáquero o en alguna otra secta con fuertes enseñanzas en contra del servicio militar, y si quiere mantenerse fiel a los principios religiosos de su educación, se negará a alistarse.

Hasta ahora (y sin anticipar su decisión final) podemos ver que no ha utilizado la facultad adecuada para la tarea; solo la razón moral o la intuición moral (que nunca entrará en conflicto con la razón, aunque llegue a su conclusión por un camino más corto) pueden determinar lo correcto o incorrecto de tal asunto. Pero eso no significa que no existan ciertos asuntos en los que el instinto moral, por ejemplo, no sea la facultad más apropiada.


El corazón

Del mismo modo que hemos identificado cinco ramas de las facultades gnósticas y volitivas, podemos establecer la misma distinción en relación con las facultades afectivas y estéticas. Esto no resulta difícil y el lector puede comprobarlo por sí mismo.


Las artes de la humanidad

Hemos sugerido que, en términos del panorama general de la actividad humana, la voluntad se corresponde con la religión. De nuevo, podemos observar que las religiones de la humanidad podrían agruparse mediante nuestra clasificación según fueran esencialmente místicas (alma), cultivaran principalmente los ideales de verdad y entendimiento (mente), moralidad (voluntad), devoción (corazón) o diversas formas de fenomenalismo, como el espiritismo (cuerpo).

De igual modo, las artes de la humanidad se han correlacionado con el corazón.

Si bien solemos asociar el arte con las bellas artes, ya que se centran especialmente en la creación y expresión de la belleza, en un sentido más amplio, todas las actividades humanas pueden considerarse artes. Así, encontramos el arte del médico, del maestro o del soldador.

De este modo, todas las actividades humanas pueden clasificarse según nuestro orden quíntuple. Las más elevadas son aquellas que sirven al arte de la vida perfecta; estas corresponden al alma y representan la unificación y la fusión de todas las facultades subordinadas en la realización y el servicio del ideal.

Luego vienen aquellas artes —de carácter principalmente didáctico en el sentido más amplio— cuyo objetivo es el desarrollo de la Verdad en la mente. A continuación, vienen aquellas artes que desempeñan un papel organizador en la sociedad, al igual que la voluntad en la vida del individuo. La medicina, la política, los servicios religiosos, el derecho y la iglesia (lo que solemos llamar profesiones) son, por ejemplo, de esta naturaleza.

A continuación se encuentran las artes relacionadas con la apreciación de la belleza y el disfrute en la vida. Estas se vinculan con el corazón e incluyen todas las llamadas bellas artes, las artes del espectáculo, etc.

En la parte inferior de la escala, correspondiente al cuerpo, se encuentran aquellas artes de naturaleza puramente pragmática, que satisfacen de manera útil las mil y una necesidades prácticas de la vida del hombre.

Es fácil ver que cada una de estas divisiones se dividirá y subdividirá una y otra vez de cinco en cinco. Así, en mi artículo sobre las posiciones solares de los médicos (una de las cinco ramas de las artes ordinativas) en la Revista, menciono que Paracelso habla de las cinco sectas de médicos que se especializan en los cinco tipos de trastornos corporales.


El sistema de castas

Ahora bien, es obvio que, si bien es posible realizar una división teórica quíntuple de las actividades humanas siguiendo estas líneas, según su propósito e intención dominantes, en la práctica resulta, por supuesto, muy difícil, y esto se confirma por la multiplicidad, algo enredada, de órdenes en las que se ha dividido en la práctica el sistema de castas indio (que se basaba y se basa claramente en nuestra clasificación en su estado puro).

Sin embargo, aún podemos apreciar claramente la estructura: cuatro castas tradicionales que realizan las actividades descritas en la sección anterior y que están unidas por un quinto grupo que se sitúa por encima de todas ellas. La casta más alta es la de los Brahmanes (mente), seguida de los Kshatriyas (militares y gobernantes, que representan la voluntad), los Vaishyas (comerciantes y agricultores, que en este sistema representan el corazón porque atienden directamente las necesidades del ser humano) y los Sudras (intelectuales y artesanos).

Pero, además de estos cuatro grupos, existe, en efecto, un quinto grupo formado por aquellos que se han apartado del mundo y de todo lo que representan estas cuatro castas en cuanto a intereses particulares. Se trata, por supuesto, de los hombres santos que han elegido consagrarse a Dios, y a este grupo pueden pertenecer personas de cualquier otra casta; de esta forma, se unen las otras cuatro.


Tipos de gobierno

En la República de Platón se describe un estado ideal y su gobierno. Se trata, esencialmente, de un estado en el que todos los factores y fuerzas se han coordinado de tal manera que prevalece la unidad y la armonía. Así, en términos de ideal político, representa la primera y más elevada de nuestras cinco categorías.

Para cuando se llega al octavo libro, el carácter de esta república ya ha sido descrito en su totalidad, pero Sócrates admite en que, en los ámbitos del cambio, tal estado no puede sobrevivir y, a continuación, describe, en respuesta a preguntas, las cuatro etapas sucesivas de gobierno por las que es probable que desciendan los acontecimientos cuando la república ideal deje de prevalecer.

Dice que estos distintos tipos de estados no brotan de la nada (creo que en su frase «no se recogen de las rocas»), sino que surgen porque se corresponden con el tipo de personas que los habitan. No quiero arruinar la sorpresa a quienes no hayan leído este capítulo, pero diré que el penúltimo tipo de gobierno es la democracia, que corresponde al corazón en nuestra clasificación. Quienes disfrutan de lecturas escalofriantes antes de dormir harían bien en leer la descripción que hace Sócrates de la democracia. No tendrán dificultad en reconocer el ambiente de desenfreno (en el que cada uno hace lo que le da la gana).

Sócrates demuestra que cada tipo de gobierno es derrocado por aquello que más valora; en el caso de una democracia, la libertad. Así, el pueblo elige a un defensor que lo liberará de una supuesta opresión, solo para encontrarse con la forma de gobierno más baja: una tiranía.


La mano

En nuestros dos últimos ejemplos, el énfasis en nuestros cinco tipos se ha puesto en cuatro subordinados a un principio superior y unificador.

Si deseamos ver una representación viviente de este aspecto de la pentada, solo tenemos que levantar la mano, yuxtaponer el pulgar delante de los cuatro dedos y dejar que las puntas de los dedos se doblen para rodear la cabeza del pulgar.

El simbolismo del pulgar como representación de la condición del hombre como ser racional y autoconsciente (lo que implica necesariamente un alma individual) es bien conocido, y los demás dedos están dispuestos en el orden ya conocido: el índice o dedo de la enseñanza (mente), el dedo medio o de Saturno (voluntad), el dedo del Sol o de Apolo (corazón) y el meñique, Mercurio en su aspecto de Virgo (cuerpo).

La comprensión y el recuerdo de esta disposición permiten entender mucho sobre el simbolismo de la mano y sus movimientos.


Los nadiamsas

Creo que la principal (o al menos una importante) manifestación de la clasificación quíntuple en la astrología india son los nadiamsas.

Los nadis son una quinta parte de un grado (12') —150 por signo— divididos en una mitad positiva y otra negativa (en realidad se trata del armónico número 1800) y la literatura de la astrología india contiene descripciones, para cada nadi, de la vida del nativo (basadas, creo, en la posición de la Luna), dando el lugar y las condiciones de nacimiento y paternidad, casta, vocación, matrimonio, hijos, duración de la vida, etc.

Se apreciará que cuanto menor sea la división, más distinciones incorpora. Así, si dividimos el horóscopo en dos, este y oeste, solo nos hablará del yo y del no-yo. Si lo dividimos de nuevo, norte y sur, tendremos cuatro cuadrantes, cada uno con sus características; si a esto le añadimos la división por tres, tendremos doce divisiones, cada una capaz de informarnos sobre una considerable variedad de cosas (pero completamente inútiles para informarnos sobre otras). De este modo, a medida que se continúa dividiendo y subdividiendo el círculo, los segmentos llegan a incluir un abanico cada vez mayor de distinciones.

Al considerar el carácter básico que se le da a nuestra división de cinco nadis, vemos dos cosas: primero, que se basa precisamente en el mismo modelo con el que hemos estado tratando, pero segundo, que si bien los principios tratados son, en su pureza, los mismos, los símbolos planetarios utilizados pueden no parecer apropiados al principio.

Los cinco nadis de cada grado están regidos sucesivamente (según me cuenta el Sr. Abayacoon) por Marte-fuego (voluntad), Saturno-aire (mente), Júpiter-éter (alma), Mercurio-tierra (cuerpo) y Venus-agua (corazón). Al unir los dos extremos de este ciclo, el orden es, por supuesto, el mismo que en nuestros otros ejemplos, pero se observa que, si bien Mercurio sigue representando la tierra y el cuerpo (como en los dedos de la mano), Venus ha sustituido al Sol como símbolo del corazón. Este cambio es perfectamente aceptable. Algunos cuestionarán la función de Saturno como aire (mente), pero esto también tiene antecedentes simbólicos perfectamente respetables: el poema de Milton, Il Penseroso, describe un tipo de Saturno perfecto: el hombre filosófico, sobrio, reflexivo e introspectivo. Y así sucesivamente.

Este es un ejercicio para ir más allá del símbolo planetario y ver cómo y en qué sentido se utiliza.


Los cinco sentidos

Vimos anteriormente que una de las cinco ramas de las facultades gnósticas era el sentido ─o, como solemos decir, los sentidos. Con experiencia en el uso de nuestra clasificación quíntuple, no tendremos dificultad en asignar cada uno de los cinco sentidos a su lugar en este sistema.

El tacto, al depender del contacto físico, se relaciona con el cuerpo; el gusto, conectado con lo que disfrutamos (como cuando decimos que algo es de nuestro gusto), y la palabra, empleada además como expresión de apreciación y juicio estético, se relaciona con el corazón; la vista, claramente, se relaciona con la mente, pues usamos constantemente metáforas como «veo» y «arrojo luz», que conectan la visión con el entendimiento; el oído y el sonido se relacionan con la voluntad, como cuando pensamos en la palabra o logos como expresión de la voluntad de Dios, aquello que ha sido pronunciado u ordenado. Esto nos deja con el olfato, el más elusivo, unitivo y evocador de los sentidos, correlacionado con el alma y el elemento místico de la vida.

Esta asignación (como todas las demás, de hecho) es profundamente interesante. El olfato, al igual que la intuición, da una impresión unitiva, como cuando, en ciertas circunstancias, hablamos del olor del mal, el aroma de la santidad, el perfume de la oración o la santidad, la fragancia del recuerdo. Pero todas estas asignaciones son profundamente informativas.


Quíntuples divisiones en el horóscopo

Hasta ahora hemos adquirido experiencia y práctica en la comprensión y aplicación de nuestra clasificación quíntuple en diferentes campos, pero aún no hemos intentado aplicar estas distinciones al horóscopo. Sin embargo, este debería ser nuestro objetivo final, y es evidente que los cinco sentidos nos brindan un buen campo para poner a prueba nuestros conocimientos.

(La tercera casa, por ejemplo, a menudo nos hablará de un defecto en los sentidos, pero esto es sólo porque trata con nuestra aptitud comunicativa y nuestro conocimiento de las relaciones y un defecto en uno de los sentidos es un impedimento en este campo. Pero la tercera casa no distingue entre los sentidos, ¿cómo podría?)

Mientras se recopilaba el material para este artículo, mi esposa comentó un día que el piano necesitaba afinación y se me ocurrió que conocía a un afinador de pianos ciego que, de conocerse su hora de nacimiento, podría ser el sujeto ideal para un estudio de los sentidos, ya que, en su caso, la pérdida de un sentido se correspondía con la mejora de otro. Mis mejores expectativas se vieron superadas, pues, al ser soltero y haber vivido con su madre hasta su fallecimiento, pudo afirmar con certeza que nació hacia la medianoche, es decir, entre las 11:30 y las 11:45 p. m., y sugirió que las 11:40 p. m. del 4 de enero de 1906 (sur de Londres) estarían casi con seguridad dentro de los cinco minutos de la hora correcta. Esto nos da nuestro horóscopo (figura 1).


Figura 1

El nativo afirma que se quedó ciego el día de su décimo cumpleaños a causa de una meningitis cerebroespinal. Una persona sumamente interesante, combina el comportamiento afable y cortés de Libra con la firme independencia de su regente en conjunción con Urano. Se desplaza libremente por Londres en transporte público y, además del desarrollo especial de la audición que necesita un afinador de pianos, parece ser un pianista muy fluido y sensible.

Ahora bien, aquellos lectores que recuerdan lo dicho al principio de este artículo acerca del horóscopo como un sistema de diales y que han relacionado esto con el sistema quíntuple de simbolismo descrito desde entonces, se habrán dado cuenta de que se sugiere que, al dividir y subdividir la naturaleza humana, sus cualidades, facultades y atributos en sucesivas divisiones de cinco, en realidad nos estamos moviendo hacia abajo a través de las divisiones sucesivas del 5º armónico, es decir a través del 5, el 25 (5 x 5), el 125 (5 x 5 x 5) y así sucesivamente y que, si vamos a buscar alguna anormalidad en una de estas quíntuples divisiones del hombre, entonces la encontraremos en un lugar y sólo en un lugar, es decir, en una de estas quíntuples divisiones del horóscopo.

La posición se puede representar esquemáticamente como en la figura 2: cada una de las cinco ondas del 5º armónico es como un ciclo o círculo; cada una un pequeño zodíaco; lo mismo se aplica al 25º y al 125º.


Figura 2

Hay que descubrir la posición de los planetas en estos ciclos menores, poniendo todas las posiciones del 5º armónico de 72º en un círculo (así como todas las posiciones de cada 90º se ponen en un círculo en el caso del dial de 90º) y así sucesivamente con cada armónico menor.

Ahora bien, en el caso del quinto armónico de cinco ondas de 72°, es fácil determinar las nuevas posiciones. Si hay 72° en un círculo completo, cada signo tendrá una extensión de 6° y un planeta en, por ejemplo, 9° de Aries estará en 15° de Tauro en el nuevo círculo. Pero el 25° armónico (con una longitud de onda de 14° 24') es muy complejo, y el 125°, donde todo el ciclo de 12 signos se comprime en 2° 52.8', es aún peor.

Actualmente, estamos tanteando este campo, pero si nuestra teoría es correcta, una carta como la presentada debería mostrar indicios de ceguera al transferirla a una de estas cartas quíntuples. Quizás se manifieste en más de una; quizá la ceguera física real no aparezca a menos que exista algo que corresponda a esto en todos los niveles.

Este artículo ya es largo, por lo que debo dejar que aquellos que estén interesados resuelvan las nuevas posiciones por sí mismos (esto será una práctica útil antes de comenzar a experimentar con su propia carta), pero quienes resuelvan las nuevas posiciones encontrarán que esta carta, cuando se transpone al quinto armónico tiene:

Mercurio a 14.10 Escorpio, Neptuno a 14.25 Leo y Plutón a 16.10 Tauro. Esto da lugar a una cruz en T muy cerrada y característica. Mercurio en oposición a Plutón y en cuadratura con Neptuno.

En el armónico 25: Mercurio 10,50 Tauro, Neptuno 11,40 Acuario y Marte 11,15 Leo, una cruz en T casi exacta y muy típica.

En el armónico 125: Mercurio 24,10 Libra, Marte 26,15 Capricornio y Neptuno 0,25 Leo, otro cruz en T cerrada y típica.

Cada una de estas es independiente de la otra.

Nótese que en el armónico 25 un orbe de 1' en el mapa natal se convierte en un orbe de 25', y en el armónico 125 un orbe natal de 1' se convierte en 125' (o 2º 05').

¿Qué significa esto en términos de nuestras cruces en T? Hay seis aspectos involucrados: cuatro cuadraturas y dos oposiciones. Ahora se verá que, de estos seis, tres muestran un orbe de 1' en la carta natal, dos muestran un orbe de 2' y el sexto de 3'. Por lo tanto, la relación de los planetas en estas cruces en T es completamente apropiada en cuanto a significado, casi exacta en su proximidad y totalmente invisible a un examen ordinario de la carta natal.

Lo único que aún no se puede determinar con exactitud, pero cuya posibilidad me parece plenamente implícita en el resultado, es exactamente cómo distinguir la ceguera de, por ejemplo, la sordera mediante las subdivisiones de la eclíptica ocupadas por los planetas.

En la introducción de este artículo comenté que daría un ejemplo de una conclusión inductiva de este campo de estudio. La cruz en T mencionada anteriormente en la armónica 25 es sumamente acertada; no solo Mercurio se encuentra en la tercera casa del nuevo mapa (la que se basa en el nuevo Ascendente), sino que su cuadratura con Marte en Leo en la sexta casa resulta muy característica de la meningitis cerebroespinal.

Ahora se apreciará que las cuadraturas en el armónico 25, si se reducen a su expresión más simple, pueden considerarse como conjunciones en el armónico 100 (4 x 25).

Esto es interesante porque, gracias a los buenos oficios de Axel Harvey, recientemente se ha emprendido un programa masivo de análisis armónico por computadora que comprende más de 20.000 conjuntos de datos de nacimiento y de todos estos datos el resultado más sobresaliente fue el armónico número 100 en la posición del Sol de los enfermos de poliomielitis paralítica.

Tenemos pues dos resultados sobresalientes que parecen vincular las lesiones extremas del sistema nervioso con el armónico 100.

Hay muchísimas otras cosas que se podrían decir sobre este ejemplo, y en cuanto al número cinco, apenas se ha arañado la superficie de su simbolismo.

Lamento especialmente que no haya espacio para escribir sobre el aspecto tan importante del simbolismo de este número, que deriva de su posición central en los primeros nueve números (que según los pitagóricos eran los únicos números):

La gran importancia de esta estación del número cinco, que la sitúa, al igual que al hombre mismo, en la encrucijada de todas las fuerzas, está cargada de gran interés, pero debemos dejarlo para otra ocasión.

 

jueves, 25 de diciembre de 2025

Orbes máximos de los aspectos por criterios armónicos

Los criterios propuestos por John Addey para establecer los orbes de los aspectos pueden consultarse en el capítulo 14 de su obra principal Harmonics in Astrology, p. 124 y ss, cuya traducción al español figura en este mismo blog con el título Nueva luz sobre los aspectos. La idea básica es que, partiendo de un valor x asignado al orbe de una conjunción, los orbes de los demás aspectos deben recortarse proporcionalmente al número de la división armónica que los genera por primera vez. Es decir, si adoptamos 12 grados como orbe para una conjunción, entonces el orbe de una oposición debe ser de 6 grados, el de un trígono de 4 grados y el de una cuadratura de 3 grados, porque la conjunción deriva de la división del círculo por 1, la oposición de la división del círculo por 2, el trígono de la división por 3, la cuadratura de la división por 4, y así sucesivamente. Inversamente, si partimos del supuesto de que un orbe apropiado para una cuadratura es de, por ejemplo, 5 grados, entonces el orbe de la conjunción deberá ser de 20 grados, el de la oposición 10 grados y el del trígono 6º 40'. La fórmula general (orbe de un aspecto derivado de la división del círculo por x = orbe de la conjunción / x) deja a criterio del usuario la asignación del orbe de una conjunción, el cual, en teoría puede cada cual extenderlo a su gusto tanto como quiera. Ahora bien, puesto que los números enteros son infinitos y todos ellos pueden ser utilizados como divisores del círculo que generen nuevas familias de aspectos, la única manera de impedir que los orbes de dos o más aspectos distintos se solapen antes o después sería asignar a todos ellos un orbe de 0 grados. Esto, naturalmente, es ciencia-ficción, porque no es posible manejarse con divisiones infinitas, pero los aspectos derivados de la división del círculo por 12, como son el semisextil o el quincuncio, son utilizados por casi todos los astrólogos. Si estamos dispuestos a usar la división del círculo por 12 y a incorporar los aspectos derivados de esa división a nuestra práctica habitual, con más razón deberíamos valernos de los aspectos derivados de la divisiòn del círculo por números enteros menores que el 12. Sin embargo, casi nadie utiliza las divisiones por 5, 7, 9, 10 y 11, lo cual no se debe a que estos aspectos sean menos poderosos, sino a que son más difíciles de localizar dentro de un sistema de 12 signos con 30 grados cada uno. Es decir, eran más difíciles de localizar cuando las cartas astrales se calculaban a mano. Ahora cualquier programa los identifica al instante, pero como no contamos con una larga tradición de observaciones sobre tales divisiones, la mayoría de las personas no saben muy bien que hacer con esos aspectos y prefieren continuar ignorándolos.

Pues bien, supongamos que deseáramos comportarnos como buenos seguidores de Addey y en homenaje a su memoria adoptásemos el compromiso de atenernos a los siguientes principios:

  1. Principio de exhaustividad armónica restringido: En caso de utilizar un aspecto derivado de la división del círculo por un número entero positivo x usaremos también todos los aspectos derivados de la división del círculo por todos los demás números enteros positivos menores que x.
  2. Principio de proporcionalidad armónica: Aplicaremos a todos los aspectos que decidamos incorporar los orbes proporcionales armónicos, según la fórmula: orbe de un aspecto derivado de la división del círculo por x = orbe de la conjunción / x.
  3. Principio de no solapamiento: En ningún caso extenderemos tanto el orbe de un aspecto que invada los límites del orbe de otro aspecto.
Entonces surge del modo más natural la siguiente cuestión: ¿cuál será el orbe máximo que puedo conceder a un aspecto cualquiera sin violar ninguna de las tres condiciones? Antes de responder a esta pregunta conviene explicar un poco más y un poco mejor la razón de ser de cada una de estas tres condiciones.

La primera condición se basa en la suposición de que unos aspectos, por decirlo así, "hablan más alto que otros" y de que eso sucede de forma inversamente proporcional al número por el que hemos de dividir los 360 grados del círculo para obtener la distancia angular que define a ese aspecto. O sea, cuanto más bajo es el divisor "más alto habla el aspecto". El más  bajo de todos los divisores es el 1. El resultado de dividir 360 por 1 es 360, lo cual, dentro de un círculo, es equivalente a una distancia angular de 0º, que es la que define la conjunción. Partimos, pues, de la base de que la conjunción es el más potente de todos los aspectos, el aspecto que "habla más alto". Le siguen, por este orden, la oposición  (360 / 2 = 180), el trígono (360 / 3 = 120), la cuadratura (360 / 4 = 90), el quintil (360 / 5 = 72º), el sextil (360 / 6 = 60), ... y así sucesivamente. Por tanto, si tenemos el oído lo suficientemente fino como para escuchar la voz de un sextil no podremos dejar de oír  la de un quintil, que habla un poco más alto que él. Y si nos sentimos capaces de percibir la voz de un semisextil (360 / 12 = 30), que es doce veces más débil que la de una conjunción, entonces está claro que también podremos percibir la voz de un septil (360 / 7 = 51º 26'), la de una semicuadratura (360 / 8 = 45), la de un novil (360 / 9 = 40), la de un decil (360 / 10 = 36) o la de un oncil (360 / 11 =32º 44'), todos los cuales "hablan más alto" que un semisextil. La consecuencia de esto es que si no queremos desperdiciar toda la información que suministra una carta astral dentro de los límites en los que hayamos elegido movernos no podemos dar saltos de unas series de aspectos a otras sin cubrir antes todas las intermedias. Si decido, por ejemplo, que el aspecto más pequeño que voy a tener en cuenta es el sextil, entonces tendré que incorporar también los quintiles; si decido que el aspecto más pequeño que voy a utilizar es la semicuadratura, entonces, consecuentemente, deberé incorporar también los septiles y los quintiles, además, por supuesto, de las conjunciones, las oposiciones, los trígonos, las cuadraturas y los sextiles.

La segunda condición se deriva de la íntima relación que existe entre los aspectos y los armónicos. Cuando dibujamos las líneas de los aspectos en el círculo interno de una carta astral lo que de hecho estamos haciendo es incorporar información de diferentes cartas armónicas dentro de un mismo gráfico. Todo aspecto es, en realidad, una conjunción en alguna carta armónica: las oposiciones son conjunciones en la segunda carta armónica, los trígonos son conjunciones en la tercera, las cuadraturas son conjunciones en la cuarta armónica, etc. Ahora bien, una vez que hemos decidido aplicar a las conjunciones del primer armónico un orbe determinado, si aplicamos ese mismo orbe a las conjunciones de los demás armónicos ─que en el primero se muestran como trígonos, cuadraturas, etc.─ obtendremos como resultado los orbes proporcionales que recomendaba Addey. Supongamos, para aclarar esto, que hemos optado por un orbe de 12 grados para la conjunción y que tenemos dos planetas a una distancia de 95 grados. ¿Podemos considerar esa distancia como una cuadratura de 5 grados de orbe? Puesto que la cuadratura es una conjunción del cuarto armónico podemos resolver la cuestión mirando la carta del cuarto armónico y comprobando si allí aparece como una conjunción dentro de 12 grados de orbe. Veremos que no es así, sino que encontraremos a esos dos planetas a 20 grados de distancia. La razón de ello es que al pasar del primer armónico al cuarto todas las distancias angulares se multiplican por cuatro (también los posibles orbes), de modo que una posible cuadratura de 95 grados con 5 grados de orbe se traduce en el cuarto armónico en una posible conjunción con 20 grados de orbe. Si no estoy dispuesto a renunciar a una cuadratura de 5 grados de orbe, entonces tendré que aceptar un orbe de al menos 20 grados para la conjunción. Y si no quiero aumentar el orbe de la conjunción más allá de 12 grados entonces tendré que restringir el orbe de las cuadraturas a 12 / 4, o sea, 3 grados. Todo ello, por supuesto, siempre que decida jugar el juego de mantenerme dentro de las tres condiciones enumeradas más arriba.

La tercera condición obedece al propósito de "escuchar los aspectos" sin interferencias. Supongamos que un orbe de 6 grados para una cuadratura nos parezca bien, en principio. Supongamos también que pertenecemos a esa rara clase de aficionados a la astrología que gustan de ir un poco más allá de los usos establecidos y quieren explorar, por ejemplo, aspectos derivados de la división del círculo por 15, es decir, distancias angulares de 24 grados o múltiplos de esta cantidad. Uno de esos aspectos, al que podríamos denominar tetraquincil definiría una distancia angular de 96º [(360/15)*4]. Si en una carta astral hallamos dos planetas a 96 grados de distancia nos encontraremos con un tetraquincil que está dentro del orbe de una cuadratura. ¿Lo interpretaremos entonces como conflicto, tensión, esfuerzo, tal como suele hacerse con las cuadraturas, o como una especie de mezcla del trígono con el quintil ( 15 es 3 por 5), algo así como placer en la construcción/destrucción de formas o estructuras? El tetraquintil ha de tener su propio orbe, el cual, si queremos respetar la proporcionalidad de la segunda condición, ha de ser la quinceava parte del orbe de una conjunción. Para admitir cuadraturas de 6 grados de orbe, la conjunción ha de tener un orbe de 24 grados. Así que, dentro de estos parámetros, el orbe de un tetraquincil habría de ser de 1º 36' (24º /15). Tendríamos entonces una banda que iría desde 94º 24' hasta 96º que pertenecería simultáneamente a los orbes de la cuadratura y del tetraquincil. Eso produciría interferencias, que es justo lo que queremos evitar. Por tanto, necesitamos reducir los orbes de ambos aspectos en una medida tal que no solo garantice que los orbes de estos dos aspectos no se solapen, sino que nos asegure igualmente que no se producirán otros conflictos colaterales entre aspectos derivados de cualquier otra serie menor que 15. Al mismo tiempo, queremos ampliar los orbes todo lo posible sin que se invadan unos a otros. Hay una fórmula matemática que nos permite cumplir todos estos requisitos con precisión, la fórmula de los orbes máximos de los aspectos por criterios armónicos, que es la siguiente:

( 360 / ( ( h * 2 ) - 1 ) ) / s

donde:

h = número de división armónica más alto a considerar (es decir, el divisor de 360 que define el aspecto más pequeño que decidamos usar)

s = número de armónico que define la serie de aspectos a la que pertenece un aspecto determinado.

Apliquemos esto al ejemplo anterior. ¿Cuál  es el orbe máximo que podemos conceder a un tetraquincil y a una cuadratura para que convivan sin conflictos en una misma carta astral? La cuadratura deriva de la división por 4 y el tetraquincil deriva de la división por 15. El número de división armónica más alto a considerar es, por tanto, el 15 ( h = 15). El número de armónico que define la serie de aspectos es el 4 para la cuadratura (s = 4) y el 15 para el tetraquincil (s = 15). Por tanto, el orbe máximo para la cuadratura será, en este caso:

( 360 / ( ( 15 * 2 ) - 1 ) ) / 4 = ( 360 / 29 ) / 4 = 3,10345 [3º 06' en sexagesimal] 

y el orbe máximo para el tetraquincil será:

( 360 / ( ( 15 * 2 ) - 1 ) ) / 15 = ( 360 / 29 ) / 15 = 0,82759 [0º 50' en sexagesimal] 

De ese modo la cuadratura queda redefinida como la distancia angular comprendida entre 86º 54' y 93º 06'; y el tetraquincil sería la distancia angular comprendida entre 95º 10' y 96º 50', siempre y cuando no usemos aspectos aún más pequeños. Queda una "tierra de nadie" entre 93º 06' y 95º 10' que, en principio, podría ser "reclamada" por cualquiera de los dos aspectos o repartírsela entre ambos proporcionalmente; sin embargo, tan pronto como cualquier aspecto "quisiera tomar una parte mayor del pastel de la que le corresponde" y aun cuando "llegara a un acuerdo razonable con su vecino" sería inevitable que surgieran conflictos en otra parte. En este caso, al incluir aspectos derivados de la división por 15 nos hemos comprometido a tener en cuenta los derivados de la división por los demás números enteros menores que 15. Debemos, pues, reservar un espacio, entre otros, a los aspectos derivados de la división por 14, aspectos de 25º 43' y sus múltiplos, a los que habría que asignar un orbe de 0º 53' ((360/29)/14). El "catorcil" se extendería, por tanto, desde 24º 50' hasta 26º 36'. El "quincil", aspecto de 24º con 0º 50' de orbe, ocuparía el espacio comprendido entre 23º 10' y 24º 50'. Por tanto, 24º 50' marca el límite entre un catorcil y un quincil. Si el tetraquincil pretendiera rebasar el límite de 0º 50' para su orbe, entonces su hermano, el quincil, reclamaría el mismo privilegio y entraría en un conflicto inevitable con el catorcil.

Con esto ya está dicho todo lo que hay que decir para saber cómo establecer los orbes de los aspectos de tal manera que respeten las tres condiciones acordadas, pero para comprender por qué esto es así puede ser útil recurrir a analogías que permitan captarlo de manera más intuitiva. 

Cuando yo era niño tuve un tren de juguete que se desplazaba dando vueltas interminables por unas vías en forma de circunferencia. Imaginemos el círculo zodiacal como si se tratara de ese mismo circuito de vías de tren y supongamos que la estación de salida es el grado Cero de Aries. Si ponemos un tren en marcha desde la estación de salida podrá recorrer los 360 grados del circuito completo sin encontrar ningún obstáculo, tanto si va en sentido levógiro (movimiento directo en el zodiaco) como si va en sentido dextrógiro (movimiento retrógrado en el zodiaco), porque ─de momento─ asumimos que no hay más que un único tren circulando. Esta es la situación que se correspondería con la decisión de usar solamente conjunciones. Por mucho que extendamos el orbe de una conjunción no invadirá el orbe de ningún otro aspecto por la sencilla razón de que no hay ningún otro aspecto a considerar. Una decisión tan extravagante como esa no sería de mucha utilidad en la práctica de la interpretación de una carta astral, porque un orbe de 360 grados dejaría a todos y cada uno de los planetas siempre en conjunción con todos los demás. A lo sumo podríamos privilegiar las conjunciones de orbe más estrecho, pero esto solo arrojaría variaciones de intensidad, no de cualidad.

Pasemos, pues, un paso más adelante incorporando un segundo aspecto, la oposición, que se deriva de la división del círculo por dos. Ahora tenemos dos estaciones, una a Cero de Aries y otra a mitad del recorrido, a Cero de Libra. Dos trenes parten al mismo tiempo de cada una de estas dos estaciones en direcciones opuestas (uno en sentido levógiro y otro en sentido dextrógiro), pero el tren que parte de Cero de Aries avanza al doble de velocidad que el que parte de Cero de Libra. ¿Cuando tendrán que detenerse ambos trenes para evitar una colisión? Como la distancia que separa ambas estaciones es de 180 grados lo máximo que podrá avanzar el primer tren es dos tercios de esa distancia, es decir, 120 grados, mientras que el segundo cubrirá solamente 60 grados, ya que va a la mitad de velocidad. Esta es la razón por la cual si usáramos únicamente conjunciones y oposiciones podríamos extender el orbe de una conjunción hasta un máximo de 120 grados y el orbe de una oposición hasta 60 grados. De ese modo, dos planetas cualesquiera estarían siempre o bien en conjunción o bien en oposición.

Si añadimos un aspecto más a los dos anteriores, el derivado de la división del círculo por tres, es decir, el trígono, la situación se complica, porque ahora tendremos que contar con dos estaciones más, una a Cero de Leo y otra a Cero de Sagitario. De estas dos nuevas estaciones parten trenes que se mueven a un tercio de la velocidad respecto de los trenes que parten de Cero de Aries y a dos tercios de la velocidad respecto de los trenes que parten de Cero de Libra. Como de Cero de Libra a Cero de Leo o de Sagitario hay 60 grados, lo máximo que podrá avanzar un tren salido de Cero de Leo en sentido levógiro o de Cero de Sagitario en sentido dextrógiro sin colisionar con otro que salió al mismo tiempo de Cero de Libra en sentido contrario son 24 grados. En el tiempo que cualquiera de estos trenes necesita para recorrer esos 24 grados, un tren salido de Cero de Libra habría cubierto 36 grados y uno que partiera de Cero de Aries habría avanzado 72 grados. Por tanto, si solamente usáramos conjunciones, oposiciones y trígonos, el orbe máximo que podríamos adjudicar a una conjunción sería de 72 grados, el orbe máximo de la oposición sería 36 grados y el orbe máximo del trígono 24 grados. En este caso, sin embargo, no todos los planetas tendrían que estar necesariamente en uno de estos tres aspectos, ya que quedarían 48 grados sin cubrir por ninguno de los tres.



Resumiendo todo lo anterior y ampliándolo hasta los aspectos derivados de la división del círculo en doce partes tendremos la siguiente 

tabla de orbes máximos proporcionales por criterios armónicos:



Para aspectos derivados de la división en 13 ó superiores puede completarse esta tabla aplicando la fórmula definida más arriba.

Los orbes registrados en esta tabla no se proponen como preceptivos, ni siquiera como recomendables. Son solamente un recurso experimental que mantiene la coherencia lógica con los principios de exhaustividad, proporcionalidad y no solapamiento. Quien encuentre razonables estos principios y desee atenerse a ellos debe actuar en consecuencia y no rebasar nunca los límites indicados en esta tabla para cada uno de los aspectos con los que decida trabajar. Así, por ejemplo, si decidimos que el aspecto más pequeño que vamos a tener en cuenta es una semicuadratura, que es un aspecto de la división en ocho, miraremos la octava columna. Ahí se indican orbes que van desde los 3 grados para la semicuadratura y la sesquicuadratura hasta 24 grados para la conjunción. Esto no quiere decir que esos orbes sean los apropiados sino solamente que si el funcionamiento real de los aspectos astrológicos respeta estos principios lógicos ─lo cual es solo una conjetura─ entonces estos aspectos podrán "escucharse" sin interferencias únicamente dentro de las áreas correspondientes a los orbes indicados o bien en áreas más pequeñas, pero nunca mayores. De hecho, el orbe de 8 grados que esta octava columna atribuye al trígono es el recomendado por Dumón* [*Eloy R. Dumón, Manual de astrología moderna, Buenos Aires, 2004, p. 196] y otros astrólogos, mientras que Hand** [**Robert Hand, Los símbolos del horóscopo, 1981 [p. 122 de la traducción al español, Barcelona, 1993] propone un orbe de solo 5 grados para el trígono, aproximadamente el que le corresponde en la duodécima columna, que es la que autoriza el uso de semisextiles y quincuncios.

* * *

El tema de los orbes de los aspectos astrológicos es muy controvertido y nunca hallará una solución definitiva. Más allá de las especulaciones lógicas o analogías con armonías musicales u otros fenómenos físicos, la última palabra debería tenerla la experiencia. Pero, aparte de que incluso para observar hechos hay que partir de algún supuesto, la eficacia de los aspectos heliocéntricos puede invalidar apresuradas conclusiones realizadas a partir de la comprobación de que un determinado aspecto en una determinada natividad se muestra operativo dentro de cierto orbe. Lo que quiero decir con esto es lo siguiente. Supongamos que estamos tratando de interpretar una carta natal en la cual Mercurio y Marte se encuentran a 97 grados de distancia y dudamos si considerar el orbe de 7 grados como aceptable para una cuadratura o, por el contrario, excesivo. Encontramos que el sujeto en cuestión presenta las típicas características que los manuales de astrología atribuyen a semejante aspecto: actividad intelectual, agresividad verbal, humor ácido, etcétera. Tomamos esto como una prueba de que una cuadratura es eficaz dentro de un orbe de al menos siete grados. Supongamos, además, que, de hecho, ninguna cuadratura fuera eficaz más allá de cinco grados y que las características que hemos observado en nuestro sujeto se derivaran en realidad de una cuadratura heliocéntrica de dos grados de orbe que no nos habíamos molestado en mirar. Esta situación es extremadamente común. Un mismo aspecto entre dos planetas puede presentarse simultáneamente en la carta geocéntrica y en la carta heliocéntrica, pero con diferentes orbes en cada una. De este modo, aun basándonos en la experiencia, podemos vernos inducidos a atribuir eficacia a orbes que en realidad no la tienen. Para remediar esto es recomendable mirar siempre las dos cartas, así como cualquier otra configuración que pudiera tener efectos similares.