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viernes, 27 de septiembre de 2013

Pablo Alborán y Niña Pastori, así en la Tierra como en el Cielo


El estilo musical de Pablo Alborán recuerda inmediatamente al de Niña Pastori, una forma moderna de flamenco-pop melódico y romántico. Esto no es sólo una impresión personal, sino algo que cualquiera que los haya escuchado a ambos reconoce al instante. Prueba de ello es, por ejemplo, la existencia en la red social Facebook de una página llamada "Yo también quiero un dueto de Pablo Alborán y Niña Pastori". El primero en admitirlo es el propio Pablo, al incluir en su repertorio algunas canciones de la Pastori. Por ejemplo, la que insertamos a continuación, "Raro", primero en la versión original de Niña Pastori



y después en una de las actuaciones de Pablo Alborán.



¿Raro? Bueno, no es nada raro que un cantante interprete canciones de otros. Ya Niña Pastori había hecho esto en su disco "Joyas prestadas" y casi todos los grandes cantantes lo han hecho también. Pero tanto la Pastori como, por decir algo, Julio Iglesias o Paloma San Basilio, cuando interpretan canciones de otros lo hacen con su propio estilo, modificando el producto original mediante un sello personal inconfundible. En el caso de Pastori y Arbolán el estilo también es el mismo y, aunque sus voces son distintas, se adivina un temple emocional muy semejante, una misma alma cantando a través de dos gargantas.

Es un supuesto implícito en la astrología que todo cuanto existe o acontece en nuestra Tierra tiene su correspondiente reflejo en alguna configuración de los astros en los cielos. Dicho así puede sonar desmesurado y es muy posible que no sea del todo cierto. También es seguro que nadie tendrá nunca toda la información necesaria para demostrar un enunciado tan pretencioso. Pero, dentro de nuestras naturales limitaciones humanas, podemos observar al menos algunas de estas correspondencias.

Se sigue de lo anteriormente enunciado que si dos cosas naturalmente independientes (acontecimientos, personas, temperamentos, conductas) se parecen mucho en nuestra Tierra entonces las correspondencias astrales que las representan deberán asemejarse también, aun cuando no siempre seamos capaces de verlo. En efecto, a primera vista, las cartas astrales calculadas para las fechas de nacimiento de Niña Pastori (15 de enero de 1978) y de Pablo Alborán (31 de mayo de 1989) tienen alguna que otra coincidencia, pero, en general, no se parecen más que dos cartas cualesquiera calculadas al azar. Es cierto que nos faltan importantes elementos de juicio, porque al no disponer de las horas de nacimiento ignoramos dónde se encuentran los respectivos ascendentes y cómo se distribuyen los planetas en sus respectivos cielos locales en relación al horizonte y al meridiano. Entra dentro de lo posible que ahí se encuentren algunas claves de las semejanzas observadas, pero de ningún modo podemos darlo por hecho, porque la probabilidad estadística en principio juega en contra.

Tomando como referencia el zodiaco tropical, tenemos que Maria Rosa García (que es el verdadero nombre de Niña Pastori) nació con el Sol en Capricornio, mientras que Pablo lo hizo con el Sol en Géminis, dos signos de diferente elemento (tierra uno, aire el otro), de diferente modalidad (cardinal el uno, mutable el otro) y de diferente polaridad (femenino uno y masculino el otro). La Luna, ésta sí, ocupa el mismo signo (Aries) en ambas cartas y es, sin duda, uno de los factores más relevantes a considerar en cualquier natividad, mucho más cuando se trata de personas creativas dedicadas al arte o a tareas relacionadas con la imaginación o la capacidad de emocionar. Algo tenemos ganado ya con esto, pero una de cada doce personas, más o menos, debe tener la Luna en Aries. El dato es congruente, pero insuficiente.

Ahora bien, la Luna no se expresa únicamente a través del signo que ocupa en el zodiaco tropical, junto con su situación por casa y sus aspectos, sino también a través de la situación de todos los demás planetas dentro de un zodiaco de naturaleza lunar que se origina en el nodo norte de la Luna y se conoce con el nombre de Zodiaco Dracónico. Si usamos este zodiaco dracónico como referencia, en lugar del zodiaco tropical, las dos cartas encajan de un modo sorprendente. El Sol de Pastori está en Cáncer y el Sol de Alborán también, Mercurio de Pastori está en Géminis y Mercurio de Alborán también, Venus de Pastori está en Cáncer y Venus de Alborán también. Saturno de Pastori está en Acuario y Saturno de Alborán también.


Cartas dracónicas de Niña Pastori (rueda interna)
y Pablo Alborán (rueda externa)

Cuatro de los siete planetas tradicionales ocupan el mismo signo en ambas cartas. El Sol y Venus en el intimista y emocional signo de Cáncer nos permite entender, entre otras cosas, a qué se refiere Pastori cuando, en la canción que he incluido más arriba, dice:
¿cómo se puede tener
con la cabeza en la luna
sobre la tierra los pies?
Estas frases expresan la tensión entre un Sol dracónico en el "lunático" signo de Cáncer, generador de sueños, ilusiones románticas y hermosas fantasías, y un Sol tropical en el "terrenal" signo de Capricornio, desengañado y realista.

Saturno dracónico en Acuario en combinación con el Sol y Venus dracónicos en Cáncer también nos dicen algo sobre los gustos musicales de Pastori y Alborán. Saturno representa lo viejo, lo tradicional, pero el signo de Acuario está orientado a la innovación. Entonces, un viejo estilo musical -el flamenco clásico- se viste con un ropaje de música ligera moderna más actual.

La Luna atraviesa el signo tropical de Aries una vez cada mes (a veces dos) durante algo menos de dos días y medio, pero esta constelación de cuatro planetas dracónicos coincidentes no se había repetido desde los días en que nació Pastori hasta los días en los que lo hizo Alborán, unos once años y medio más tarde. En efecto, el ciclo dracónico de Saturno es aproximadamente de once años y medio, por lo que viene a pasar aproximadamente un año en cada signo. Dentro de ese año, el Sol dracónico pasa una vez por Cáncer, durante algo menos de un mes. Y solo durante unos pocos días se dieron también las coincidencias de Mercurio y Venus. Todo esto más la Luna tropical en Aries solo se repitió dos días en doce años, con unos 4154 dias de diferencia, que es el tiempo exacto que separa las dos fechas de nacimiento.

© 2013, Julián García Vara


martes, 11 de enero de 2011

Los nodos de la Luna y la carta dracónica



El dragón de los nodos de la Luna y los puntos de eclipse.
(Kircher, Ars Magna Lucis et Umbrae)

En la entrada anterior de este blog nos hemos ocupado de examinar las conjunciones entre luminarias (Sol y Luna) procedentes de las cartas natales de personas casadas entre sí, tanto en sus posiciones tropicales como dracónicas, ya sea dentro de un mismo zodiaco o bien cruzando luminarias dracónicas de un miembro de la pareja con luminarias tropicales del otro miembro. Antes de incorporar el zodiaco dracónico a nuestro estudio, estuvimos investigando las conjunciones de luminarias en el zodiaco tropical a través de los trece primeros armónicos. Dada la estrecha relación que existe entre armónicos y aspectos, pudimos sacar conclusiones acerca de relaciones angulares distintas de la conjunción: quintiles y biquintiles, partiendo del armónico 5, cuadraturas partiendo del armónico 4, etcétera. Pero al introducir el zodiaco dracónico nos limitamos a dar información sobre las conjunciones propiamente dichas, es decir, las que pertenecen al armónico 1, dejando de lado las demás relaciones angulares. Parece que la lógica de la investigación exige que continuemos ascendiendo de armónico en armónico, hasta llegar al armónico 13, valiéndonos ahora de las posiciones dracónicas. De ese modo, podríamos establecer los armónicos dominantes en las distintas modalidades de relación: tropical/dracónica, dracónica/tropical y dracónica/dracónica; a partir de ahí, podríamos formular hipótesis o sacar conjunciones acerca de relaciones angulares distintas de la conjunción: oposiciones, trígonos, cuadraturas, quintiles, etcétera.

Se presenta, sin embargo, un obstáculo que nos impide seguir avanzando por ese camino. Si consultamos una página cualquiera de un libro de efemérides planetarias, lo más probable es que nos encontremos con dos columnas para el nodo norte de la Luna. Una de ellas recogerá las posiciones del llamado nodo verdadero (true) y la otra las del nodo medio.

Efemérides para enero de 1952
(pulse sobre la tabla si desea verla ampliada)

El simple hecho de que todavía hoy se sigan editando efemérides con dos versiones distintas de posiciones del nodo lunar es un testimonio claro de que aún no se ha zanjado la polémica sobre cuál de las dos es la más eficaz. Recordemos que los nodos de la Luna se definen como los puntos de intersección entre la órbita de la Luna y el plano de la Eclíptica.


La Luna cruza el plano de la Eclíptica una vez cada dos semanas, aproximadamente. Al atravesarlo desde el Sur hasta el Norte define la posición del nodo norte verdadero en ese instante (la latitud de la Luna cambia entonces de sur (-) a norte (+)). Al atravesarlo de Norte a Sur define la posición del nodo sur verdadero en ese instante (la latitud de la Luna cambia entonces de norte (+) a sur (-)). Cuando la Luna se encuentra exactamente en uno de sus nodos, su latitud no es realmente ni norte ni sur, del mismo modo que quien se halla en el ecuador terrestre no está ni en el hemisferio norte ni en el hemisferio sur. En ese momento su latitud es cero y se halla en conjunción exacta con el nodo verdadero (true), no con el nodo medio. Por tanto, la definición misma del concepto de nodo lunar sólo es congruente con los nodos verdaderos.

Por lo general, cada vez que la Luna corta la eclíptica en la misma dirección (de sur a norte o de norte a sur) lo hace en un punto que queda algo retrasado en relación al punto de corte inmediatamente anterior. Por eso se dice que los nodos de la Luna tienen movimiento retrógrado y que tardan alrededor de 18,61 años en dar una vuelta completa al zodiaco, desplazándose hacia atrás. Sin embargo, los nodos verdaderos no están retrógrados todo el tiempo, sino que alternan breves periodos de movimiento directo con otros más largos de movimiento retrógrado. Los nodos medios, por elcontrario, sí están retrógrados todo el tiempo, ya que no son más que una abstracción matemática que hace recorrer todo el zodiaco a un punto imaginario en movimiento retrógrado uniforme durante un periodo de 18,61 años, a una velocidad constante de 0° 03' 11" de arco por día. Para asignar una posición inicial al nodo medio, ha sido necesario partir de observaciones del nodo verdadero. Por tanto, el nodo verdadero marca la pauta en cualquier caso.

De la misma manera que a partir del nodo verdadero y de su periodo de revolución ha sido posible generar un nodo medio de movimiento uniforme, también sería posible generar efemérides completas de planetas medios partiendo de los planetas verdaderos y de sus periodos de revolución. Esta no es, sin embargo, una práctica corriente, seguramente porque la inmensa mayoría de los astrólogos consideraría absurdo utilizar posiciones imaginarias de los planetas en lugar de sus posiciones reales. Pero esta misma lógica no se aplica en todos los casos, ya que no escasean los astrólogos que afirman que los nodos medios dan mejores resultados que los nodos verdaderos, o que la luna negra media (también conocida como Lilith media) da mejores resultados que la luna negra verdadera. Esta es la postura de Jerónimo Brignone y Joel de Gravelaine, entre otros. Así, escribe Brignone:
Para todas estas aplicaciones [*tránsitos y revoluciones dracónicas] así como para la Carta Natal dracónica en sí misma, aconsejamos usar el Nodo Medio (Mean Node en las efemérides y programas de computación), dado que las posiciones exactas del Nodo Verdadero (True Node) y que se corresponden con el movimiento zigzagueante antes mencionado son una adquisición reciente de la astronomía, cuyo uso es absolutamente inconducente si los comparamos con las posiciones surgidas del Nodo Medio, tal como numerosas pruebas estadísticas han demostrado. [Jerónimo Brignone, Manual de técnicas de síntesis astrológica, pp. 220-221]
Por desgracia, Brignone no acompaña su última afirmación con una nota a pie de página que nos remita a las fuentes de las pruebas estadísticas que menciona. No podemos, por tanto, juzgar sobre el alcance, la fiabilidad y el rigor de las mismas. Por otra parte, que algo sea una adquisición reciente de la astronomía no le resta un ápice de su valor.

Néstor Echarte, en su artículo titulado Astrología dracónica, nos aconseja lo contrario que Brignone, inmediatamente después de explicarnos los detalles del cálculo de la carta dracónica:
Cabe destacar -dice Echarte- que lo correcto es utilizar la posición del nodo verdadero, y no el nodo medio [Astrología dracónica]
Tampoco en este caso se muestran datos empíricos explícitos que respalden tal afirmación. Es preciso admitir, no obstante, que reunir esa clase de datos no es en absoluto una tarea fácil. La diferencia entre la posición del nodo verdadero y la del nodo medio suele oscilar entre cero y poco más de un grado y medio de arco, de manera que en un gran número de cartas dracónicas los planetas ocupan los mismos signos y casas si se calculan a partir del nodo medio que si se calculan a partir del nodo verdadero.

Diferencia en grados entre el nodo medio (línea horizontal
 central) y el nodo verdadero (curva sinosoidal) 
durante la segunda mitad de 1951 y todo el año de 1952

Aunque esta diferencia puede parecer pequeña, lo cierto es que representa un serio inconveniente para investigaciones sobre sinastría que incursionen en el territorio de los armónicos. Como ya se indicó al final de la entrada anterior, nuestra investigación sobre cartas dracónicas de personas casadas se ha basado en el nodo medio. Supongamos por un momento que el nodo "bueno" o "realmente eficaz" sea el nodo verdadero. Si una de nuestras parejas está formada por una persona cuyo nodo verdadero está 1° 45' antes que el nodo medio, y por otra persona cuyo nodo verdadero está 1° 45' después que el nodo medio, entonces tendremos un error acumulado de 3° 30' en cualquier comparación de ángulos que hagamos entre sus dos cartas dracónicas. Si las comparaciones las hacemos en el armónico 2, entonces el error acumulado será de 7°. A la altura del armónico 13, el error acumulado sería ya de 45° 30'. Es cierto que este es un caso extremo, no un caso típico. También es cierto que en las comparaciones cruzadas entre cartas tropicales y dracónicas, el margen de error se reduce a la mitad, dado que las cartas tropicales son "seguras". Pero aun así, el número de falsas conjunciones que serían tomadas por auténticas junto con el de conjunciones reales que serían desestimadas puede llegar a ser lo bastante alto como para invalidar todo el estudio, salvo en el caso ya expuesto del armónico 1. Por tanto, no podremos llevar más lejos nuestra investigación sobre aspectos dracónicos en sinastría hasta que este dilema encuentre una solución realmente satisfactoria.


© Julián García Vara, enero, 2011





sábado, 1 de enero de 2011

El Sol y la Luna en el matrimonio. Parte 3. Una exploración estadística: conjunciones tropicales y dracónicas


En las dos entradas anteriores de este blog hemos explorado los contactos entre luminarias de personas casadas entre sí, basándonos en una muestra de 2823 matrimonios aportada por Michel Gauquelin. Los resultados más destacados de esta exploración se resumen, a grandes rasgos, en las observaciones siguientes:


1. El mayor número de contactos por sinastría entre luminarias se produce en el armónico 5. Esto implica que los quintiles (72°) y biquintiles (144°) juegan un papel mucho más determinante de lo que se había supuesto hasta ahora en la formación de parejas.

2. El segundo armónico con mayor número de contactos es el 4. De aquí se sigue que las cuadraturas cruzadas entre las luminarias de dos personas de sexo opuesto tienden a incrementar la probabilidad de que se forme entre ellos una unión matrimonial. Lejos de ser un obstáculo, como se podría suponer partiendo de la idea de que la cuadratura (90°) es un aspecto tenso, lo cierto es que este aspecto parece incrementar la atracción.

3. El menor número de contactos por sinastría entre luminarias se produce en el armónico 8. Puesto que en los armónicos 4 y 2 se observan valores por encima de lo esperado, los aspectos responsables del bajo rendimiento del armónico 8 no pueden ser las cuadraturas ni las oposiciones, sino que tienen que ser las semicuadraturas (45°) y las sesquicuadraturas (135°). Esto parece indicar que las semicuadraturas y sesquicuadraturas entre luminarias por sinastría tienden a experimentarse como una dificultad que disminuye la probabilidad de una unión matrimonial.

4. Los armónicos 6 y 3 dan resultados negativos (por debajo de lo esperado). De aquí se sigue que los sextiles y trígonos entre luminarias en sinastrías no favorecen la formación de parejas; más bien parece que estos aspectos tienden a reducir la probabilidad del matrimonio, al contrario de lo que cabría suponer atendiendo al carácter fluido y facilitador que se suele atribuir a estos aspectos.

5. Las conjunciones (0°) entre luminarias dan resultados neutros o ligeramente por debajo de lo esperado, salvo cuando el contacto es entre el Sol del hombre y el Sol de la mujer. Este estudio no da ningún tipo de respaldo empírico a la idea de que la conjunción del Sol del hombre con la Luna de la mujer favorezca la producción del vínculo matrimonial, ni tampoco cuando se trata del Sol de la mujer en conjunción con la Luna del hombre.

6. Los aspectos de todo tipo que conectan al Sol del hombre con cualquier luminaria de la mujer son más abundantes y determinantes que los que conectan a la Luna del hombre con cualquier luminaria de la mujer.

7. En la mayor parte de los aspectos que conectan al Sol del hombre con cualquier luminaria de la mujer, el Sol del hombre tiende a aparecer en grados zodiacales más retrasados que los ocupados por la luminaria de la mujer. Es decir, si imaginamos a la luminaria de la mujer en reposo y al Sol del hombre en movimiento, entonces el Sol del hombre estaría avanzando hacia el punto de aspecto partil con la luminaria de la mujer.

Otros resultados más específicos se comentan en el cuerpo de los artículos mencionados.

Todo lo que hemos hallado hasta ahora son aspectos medidos en el zodiaco tropical. Dicho de otra manera, hasta aquí nos hemos limitado a comparar los ángulos entre el Punto Vernal y las luminarias (Sol y Luna) en todas las combinaciones posibles entre los dos cónyuges en cada pareja. Sabemos, no obstante, por estudios anteriores que el zodíaco dracónico juega un importante papel en la dinámica de las relaciones humanas en general. Para incorporarlo a nuestra investigación todo lo que tenemos que hacer es sustituir el Punto Vernal por el Nodo Norte de la Luna en las comparaciones de ángulos. Si hacemos esa sustitución en las cartas de ambos cónyuges estaremos comparando las luminarias dracónicas de uno de ellos con las luminarias dracónicas del otro; pero si sólo la hacemos en una de las dos cartas, manteniendo en la otra el Punto Vernal como referencia, entonces estaremos comparando las luminarias dracónicas de uno de ellos con las luminarias tropicales del otro. Aunque a priori pueda parecer un error metodológico mezclar las posiciones de dos zodiacos diferentes, lo cierto es que esta práctica arroja resultados más que interesantes, puesto que de hecho los dos zodiacos interactúan entre sí.

* Quienes todavía no conozcan la naturaleza y utilidad del zodiaco dracónico pueden consultar unas nociones elementales sobre él en mi artículo Astrología dracónica
El número de conjunciones entre luminarias observadas en el armónico 1, usando todas las combinaciones posibles entre las dos luminarias y los dos zodiacos, se muestra en la tabla siguiente:


Conjunciones entre luminarias en 2823 matrimonios
en los zodiacos tropical y dracónico

En la celda D4 se muestra el número de casos en los cuales el Sol tropical de la mujer se encuentra en los 13° 20' siguientes a la posición del Sol tropical del hombre. En la celda D5 se aloja el número de casos en los cuales el Sol tropical de la mujer se encuentra en los 13° 20' anteriores a la posición del Sol tropical del hombre. En la celda D6 se muestra la suma de los dos valores anteriores, que equivale al total de conjunciones observadas. Este mismo patrón se repite con las demás combinaciones posibles.

El valor esperado para las celdas D4 y D5 es el resultado de dividir 2823 por 27, es decir, 104,56, cifra que redondeada a números enteros queda en 105. El valor esperado para la celda D6 es dos veces 104,56, es decir, 209,12, que queda en 209 al redondearla a números enteros. Las diferencias entre estos valores esperados y los realmente observados se muestra en las celdas D20, D21 y D22. Este mismo patrón se sigue para el resto de las combinaciones posibles.

Si sumamos el total de las diferencias entre los valores esperados y los observados para las cuatro combinaciones posibles de luminarias en el zodiaco tropical obtenemos 12 - 5 - 3 - 4 = 0. Esto significa que si hacemos abstracción del tipo concreto de luminaria involucrada en cada contacto el total de aspectos hallados es el mismo que cabía esperar partiendo del supuesto de que no existe ninguna relación entre las posiciones del Sol y de la Luna en el nacimiento de las personas y el hecho de que establezcan vínculos matrimoniales entre ellas. Dicho de otra manera, no se registra ninguna actividad atribuible a condiciones astrológicas si nos limitamos a observar conjunciones entre luminarias en el zodiaco tropical indiscriminadamente.

Si hacemos lo mismo basándonos en las posiciones de las luminarias en el zodiaco dracónico tenemos: -23 -4 +7 +17 = -3. La diferencia es tan pequeña que autoriza a sacar las mismas conclusiones que sugiere el uso del zodiaco tropical. Tampoco aquí se registra ninguna actividad atribuible a condiciones astrológicas si nos limitamos a observar conjunciones entre luminarias en el zodiaco dracónico indiscriminadamente.

Ahora bien, si tomamos las luminarias tropicales del hombre y las comparamos con las luminarias dracónicas de la mujer tenemos 19 + 1 + 14 + 12 = 46. Encontramos ahora 46 conjunciones más que las que predice la teoría de la probabilidad.

Pero si lo hacemos al revés y tomamos las luminarias dracónicas del hombre en relación con las luminarias tropicales de la mujer, entonces el resultado es -48 - 4 - 4 - 18 = -74. Aquí hemos encontrado 74 conjunciones menos que las que predice la teoría de la probabilidad.

Toda esta información se recoge visualmente en el gráfico siguiente:



Se aprecia inmediatamente cómo las grandes oscilaciones respecto de los valores esperados se dan en las comparaciones cruzadas entre luminarias de dos zodiacos diferentes (TD o DT), mientras que no se distingue actividad cuando todas las luminarias remiten a un mismo zodiaco  (TT o DD).

En general, los contactos que parecen favorecer la formación de vínculos matrimoniales son los que se producen entre las luminarias dracónicas de la mujer y las luminarias tropicales del hombre. Los contactos entre las luminarias tropicales de la mujer y las dracónicas del hombre parecen tener un efecto contrario, de repulsión o evitación, que disminuye la probabilidad del matrimonio.

Aquí tenemos que insistir otra vez en que la mayor parte de las parejas de esta muestra debieron contraer matrimonio en la Francia de la primera mitad del siglo XX, cuando todavía los procesos de emancipación de la mujer respecto del dominio del varón habían avanzado muy poco. Digo esto porque es posible que la carta tropical represente los modos masculinos de manifestación de la información que contiene, mientras que la carta dracónica puede representar los modos femeninos de manifestación de sus propios contenidos. De ser así, tendría cierta lógica dentro de un contexto histórico donde domina un patriarcado que los emparejamientos "mejor vistos" sean aquellos en los que el varón pone en juego sus modos de manifestación "masculinos" (zodiaco tropical) y la mujer los "femeninos" (zodiaco dracónico), mientras que tiendan a evitarse los emparejamientos en los que sucede lo contrario. En el primer caso la mujer sería receptiva al varón y se adaptaría a él, viviendo y afirmándose socialmente a través de su marido y por identificación con él. En el segundo caso, el hombre sería receptivo a la mujer, pero tendría difícil vivir y afirmarse socialmente a través de ella, porque la posición social y laboral de la mujer en esa época era muy débil y porque socialmente no estaba bien visto que un hombre viviera a la sombra de una mujer. Por supuesto, aquí estoy sólo especulando con la posibilidad de que los resultados de la presente investigación estén condicionados por el contexto histórico; es posible, no obstante, que respondan a razones más profundas ligadas a la naturaleza humana de un modo más universal.

Si nos fijamos ahora en  los soles y las lunas por separado, llama especialmente la atención el bajo índice de contactos entre el Sol dracónico del hombre y el Sol tropical de la mujer. Un total de 161 contactos observados frente a los 209 esperados, lo que representa un déficit del 23 por ciento. Esta diferencia de 23 puntos es realmente muy grande y muy difícil de hallar en estadísticas sobre variables astrológicas. Tampoco parece reaccionar bien el Sol dracónico del hombre con el Sol dracónico de la mujer (11 por ciento menos de lo esperado).

Debemos advertir que los resultados mostrados aquí se han obtenido utilizando el nodo norte lunar medio, que suele diferir escasamente (uno o dos grados) de la posición del llamado nodo lunar verdadero (true). La diferencia entre ambos tiene una repercusión pequeña cuando se trata de contabilizar conjunciones entre luminarias con orbe amplio, pero puede llegar a ser importante cuando se trata de otros aspectos de orbe más restringido, mucho más aún cuando los ángulos medidos corresponden a dos cartas diferentes que pueden sumar sus desviaciones. Nos ocuparemos de esta importante cuestión en una próxima entrada.


© Julián García Vara, enero, 2011


Puede leer más sobre "El Sol y la Luna en el matrimonio. Una exploración estadística" en las entradas siguientes:

Parte 1. Armónicos y aspectos
Parte 2. Aplicación y separación
Parte 4. Los nodos de la Luna y la carta dracónica