miércoles, 30 de septiembre de 2026

Nodos 2. Los planetas

 



Los nodos planetarios heliocéntricos

Los nodos planetarios eclípticos son los puntos de intersección de las órbitas de los planetas con el plano de la órbita de la Tierra. Cuando estos puntos se definen desde un punto de vista heliocéntrico marcan dos lugares de la eclíptica (o zodíaco tropical) diametralmente opuestos: el nodo norte y el nodo sur de cada planeta. Cuando se redefinen desde un punto de vista geocéntrico ambos nodos, norte y sur, aún se mantienen en oposición, aunque ya no exacta, si se trata de los planetas más lentos; por el contrario, los nodos norte y sur de los planetas más rápidos nunca están en oposición, pero sí que pueden estar ocasionalmente en conjunción exacta si se trata de planetas interiores a la órbita de la Tierra (Mercurio y Venus).

Los nodos de la Luna tienen un movimiento retrógrado, empleando alrededor de 18,6 años en recorrer todo el zodíaco "hacia atrás". Sin embargo, los nodos planetarios heliocéntricos tienen un movimiento directo mucho más lento, vinculado a la precesión de los equinoccios y a otros factores orbitales, de tal modo que su desplazamiento suele ser inferior a un minuto de arco por año. Esto hace que todas las personas de una misma generación compartan las posiciones por signos y grados zodiacales de estos nodos heliocéntricos. Listamos a continuación las longitudes eclípticas de los nodos norte planetarios heliocéntricos para el 1 de enero, a intervalos de 50 años, de los últimos 400 años. (Los nodos sur se ubican en los puntos de oposición exacta a los nodos norte):

Observando la tabla precedente nos daremos cuenta de que en 2025 los nodos heliocéntricos de Mercurio y de Marte están formando una estrecha conjunción de 1º 07' de orbe; los nodos de Venus y de Urano forman otra conjunción todavía bastante cerrada (orbe 2º 46') y los nodos de Saturno y de Plutón forman una tercera conjunción, algo más amplia (orbe 3º 14'), no muy lejos de la cual se encuentran también los nodos de Júpiter (a 9º 56' de los de Plutón). Cien años antes las cosas no eran muy diferentes; por tanto, estas tres conjunciones, con ligeras variaciones de longitudes eclípticas y de orbes, las hallaremos sin duda en las cartas natales heliocéntricas de todas las personas actualmente vivas. 

En El libro de los nodos, Zipporah Pottenger Dobyns afirma que los nodos planetarios "conllevan las mismas cualidades que se asocian a sus respectivos planetas". ¿Significa eso que todos los actuales habitantes de nuestro planeta tienen en sus cartas natales algo muy parecido a una conjunción de Mercurio con Marte, a otra de Venus con Urano y a otra de Saturno con Plutón? En efecto, significa exactamente eso, siempre que nos tomemos en serio la declaración de Dobyns y admitamos la eficacia de los aspectos heliocéntricos. De hecho significa algo más que eso; significa que tenemos no una sino dos conjunciones de Mercurio con Marte, una en Tauro (nodos norte) y otra en Escorpio (nodos sur); que también tenemos no una sino dos conjunciones de Venus con Urano, una en Géminis (nodos norte) y otra en Sagitario (nodos sur); y, por supuesto, también significa que tenemos no una sino dos conjunciones de Saturno con Plutón, una en Cáncer (nodos norte) y otra en Capricornio (nodos sur). Todos, sin excepción. 

Si admitimos todo eso ─se dirá─ es como si no admitiésemos nada, porque lo que vale para todos no sirve para diferenciar a unas personas de otras. Puede ser, en lo que concierne a personas de una misma generación, pero estas conjunciones no han estado siempre ahí; por muy lento que sea su desarrollo, se forman y se deshacen, se acercan a su punto álgido o se alejan de él, y eso permite "colorear" los momentos de la Historia en los que estas conjunciones se mantienen por debajo de un grado de orbe o de medio grado. 

La conjunción de los nodos de Mercurio con los nodos de Marte no ha alcanzado todavía su máxima aproximación. En 1440, cuando irrumpe en escena la imprenta, estos nodos se hallaban a unos tres grados y medio de distancia. Doscientos años después, hacia 1640, cuando surge el parlamentarismo moderno en Inglaterra, estaban a 2º 43'. Actualmente (2026), en pleno estallido de la vertiginosa circulación de información a través de internet, están separados por 1º 07'. Desde 2055 estarán dentro de un grado de orbe. En 2175 quedarán a solo medio grado y no será hasta el año 2296 que esta conjunción sea exacta. No podemos esperar hasta entonces para ver qué sucede con todo esto, pero creo que los efectos de una conjunción como esta son ya ─y cada vez más─ muy notables. Uno de esos efectos puede ser "hablar sin rodeos" o, como dice Sue Tompkins [Los aspectos en astrología], "llamar a las cosas por su nombre". Se habla ahora con toda naturalidad de temas que, no hace tantos años, era impensable que pudieran tratarse de ese modo en un medio público de difusión. La contrapartida de esto es que se ha normalizado el discurso bronco y hasta el insulto. Se usa la palabra como arma, como instrumento de autoafirmación y de competitividad. En los parlamentos se emplea más tiempo en descalificar a los diputados de formaciones rivales que en proponer soluciones alternativas a los problemas de los ciudadanos. En los debates nadie quiere escuchar a nadie, todos hablan a la vez, se interrumpen, se ofenden, se contradicen. Esta misma actitud, más allá de los debates, conduce a una batalla por el control de la información. Paradójicamente, en este mundo en el que nadie quiere escuchar a nadie ─por lo menos a nadie que discrepe─ todos somos permanentemente escuchados a través de dispositivos electrónicos, no sabemos por quién, con el objetivo principal de "vendernos algo" (productos e ideologías). El comercio es uno de los dominios que la astrología atribuye tradicionalmente a Mercurio, como también las comunicaciones. Al asociarse con Marte se ha normalizado esa forma de comunicación particularmente agresiva que son las llamadas telefónicas no deseadas por parte de empresas que quieren colocar sus productos a toda costa.

Sue Tompkins también asocia los aspectos de Marte y Mercurio con "avidez de información", una especie de pasión irrefrenable por saber de todo, aunque sin profundizar demasiado. Esto se reconoce y se utiliza para capturar la atención de los usuarios de internet con titulares tales como "No te vas a creer lo que tal persona ha dicho de tal otra". Pocos se resisten a la tentación de saber qué es lo que se ha dicho, pero normalmente no para calmar los ánimos sino para echar más leña al fuego y participar en la contienda (Marte). Y resulta que eso da dinero a quienes colocaron ese cebo (Mercurio) y. además, permite obtener información sobre los usuarios que responden y etiquetarlos según convenga.

La conjunción de los nodos de Venus con los nodos de Urano se presenta en una situación muy distinta de la anterior, porque ya pasó su punto álgido y se encuentra en proceso de disolución (todavía a 2º 47'). Estuvo dentro de un grado de orbe desde el año 1044 hasta el 1564; dentro de medio grado de orbe entre el año 1180 y 1448; dentro de un orbe de 20 minutos de arco entre 1203 y 1426. Fue totalmente exacta en varias ocasiones, debido a la alternancia de movimientos directos y retrógrados, durante la primera mitad del siglo XIV (1323, 1331, 1335, 1342, 1347). Podemos, por tanto, revisar los registros históricos para comprobar si se aprecia o no la huella de una conjunción como esta en los hechos realmente acaecidos.

Nos interesan especialmente las novedades (Urano) relacionadas con asuntos de Venus: la mujer, el matrimonio, las relaciones de pareja, la belleza, las construcciones, las manifestaciones artísticas. 


La mujer

Por lo que respecta a la mujer, solemos pensar que solo desde hace unas pocas décadas a esta parte la mujer ha recibido la consideración que merece, disfrutando de una igualdad, libertad e independencia como no tuvo nunca antes. Pero el doctor en Historia Javier Más Torrecillas nos advierte que, al menos en Castilla, y algo menos en Aragón, en los siglos XII-XIV la mujer gozó en algunos aspectos de derechos muy similares a los que puede disfrutar hoy en día.


Esquema de Javier Más Torrecillas

Que la mujer medieval gozara ─en alguna parte, al menos─ de libertades que no había tenido la mujer antigua ni conservado la mujer moderna y que esa situación coincida con el tiempo en que la conjunción de los nodos de Venus (figuras femeninas) con los de Urano (libertad, independencia) se mantuvo por debajo de medio grado de orbe, es algo digno de ser tomado en cuenta.

También en el siglo XII surge un movimiento religioso cristiano en la Provenza, al sur de Francia, que se prolonga en los siglos siguientes: los valdenses. Estos creían en la igualdad de género, las mujeres podían ser líderes religiosas y participar plenamente en la vida de la comunidad.

Igualmente hacia el siglo XII, en Flandes, Países Bajos, Alemania y Francia emergen las beguinas, que fueron comunidades de mujeres laicas de la Edad Media que vivían en libertad e independencia sin someterse a la autoridad masculina ni monástica. No eran monjas ni tomaban votos perpetuos. Podían poseer bienes, trabajar y abandonar la comunidad cuando quisieran. Se sustentaban con su propio trabajo (en oficios textiles, enseñanza o cuidado de enfermos) y ayudaban a los pobres y desamparados.

Amor y matrimonio

«Durante los siglos XIII y XIV el matrimonio era fundamentalmente un contrato político, económico y social entre linajes, mientras que el amor romántico se concebía al margen o incluso en oposición a la unión conyugal. Las uniones de la nobleza se pactaban para asegurar tierras, paz, poder político o herencias, a menudo sin contar con el consentimiento de los novios.  La dote y las arras (la aportación económica de la novia y la contraprestación del novio) definían la seguridad material de la esposa y el estatus de la alianza. 

Durante el siglo XIII (especialmente tras el Concilio de Letrán de 1215) y el siglo XIV, la Iglesia católica consolidó el matrimonio como un sacramento que exigía el consentimiento mutuo de los contrayentes y comenzó a regularizar los registros públicos para evitar la consanguinidad.» [Wikipedia, IA]


Tenemos, pues, por una parte, relaciones de pareja basadas en impulsos espontáneos, sin fuerte compromiso, sin regulación, sin estabilidad. Algo que encaja bastante bien con la descripción que la astrología moderna hace de los aspectos entre Venus y Urano. Sue Tomkins, por ejemplo, afirma "las ataduras o los contratos matrimoniales no están hechos para estos sujetos, quienes prefieren estar seguros de que si mantienen una relación es porque ambas partes así lo desean. Y, de todas formas, las personas Venus-Urano prefieren mantener las puertas abiertas a otras oportunidades" (Los aspectos en astrología, p. 313). 

Por otra parte, precisamente para poner freno a esta situación y generar estabilidad, se consolida la institución del matrimonio y se regulariza en los registros. Estas dos tendencias contrapuestas daban lugar a veces a situaciones híbridas tales como "bigamias" de facto al añadir a un "matrimonio natural por atracción sin papeles" otro posterior registrado por el interés de fundir patrimonios que no rompía la convivencia del primero. 

El divorcio (otro asunto que la astrología moderna relaciona con Urano-Venus) en los matrimonios no registrados era rápido y sin trabas por la misma ausencia de papeles. En los registrados también era viable el divorcio dentro de la Iglesia, como sucedió, por ejemplo, con Alfonso I de Aragón y Urraca I de León, la cual, alegando maltrato, obtuvo la anulación eclesiástica (s. XII). 

Por tanto, podemos afirmar que en los siglos XIII y XIV, cuando la conjunción heliocéntrica de los nodos de Venus y Urano estaba en su orbe más cerrado, se produjeron novedades importantes relacionadas con el matrimonio. Se podrá objetar, desde un punto de vista astrológico, que las regulaciones no tienen tanto que ver con Urano como con otros planetas (Saturno o Júpiter), pero hay que observar, por una parte, que la exigencia del consentimiento expreso de ambos cónyuges ─contra costumbres anteriores que obviaban este requisito─ supone, de hecho, un avance en libertad e independencia (Urano), sobre todo de la mujer (Venus); por otra parte, al mismo tiempo que se fraguaban estas regulaciones, se desarrollaba el concepto del amor cortés, el cual:

Nacido en la lírica de los trovadores, este concepto defendía una pasión intensa, clandestina y devota entre un caballero y una dama (por lo general casada con otro), situado totalmente fuera de las obligaciones del matrimonio feudal.

Aquí se expresa libremente la tendencia a las relaciones poco convencionales que la astrología moderna asocia igualmente a los contactos de Urano con Venus. Pero hay también algo más. En el amor cortés se solía establecer una relación de vasallaje: "El caballero trataba a la dama como a su señor feudal, colocándola en un plano superior y sometiéndose a su voluntad". Venus pasando por el filtro de Urano da lugar a la idealización de la figura femenina, que es venerada como una diosa encarnada en el amor cortés, y también, como indicamos más abajo, este prototipo del poder de la mujer elevada hasta el cielo (Urano) se traduce, en el plano religioso, en la expansión de la devoción mariana que lleva a dedicar a la Virgen María la mayoría de las catedrales góticas que se construyeron precisamente entonces y se prodigaron por casi toda Europa.

Se consideraba que el matrimonio respondía a la procreación, la administración de la hacienda y el orden social, mientras que el verdadero arrebato pasional pertenecía al ámbito extramarital o literario.

Los intentos de conciliación: A finales del siglo XIII y durante el siglo XIV (reflejado en obras como el Libro de Buen Amor de Juan Ruiz), empezaron a surgir posturas intelectuales y literarias que intentaban acercar el afecto mutuo al ideal del matrimonio cristiano, aunque el pragmatismo económico siguió imperando.

El Libro de Buen Amor del arcipreste de Hita fue escrito en 1330 y 1343, años en los que la conjunción de los nodos de Venus y Urano se mantuvo por debajo de los dos minutos de arco de orbe.

En el siglo XIII se sitúa también la leyenda de los amantes de Teruel, la trágica historia de un amor apasionado truncado por los intereses económicos del padre de la mujer que quiso casarla con otro y acabó provocando la muerte de los dos amantes. Y un poco antes (siglo XII) se produjo el celebre caso de Pedro Abelardo y Eloísa. Contratado Abelardo como tutor de Eloísa por el tío de ésta y canónigo (Fulberto), profesor y alumna se enamoraron y tuvieron un hijo juntos. Fulberto, sintiéndose traicionado, contrató a unos esbirros para que castraran a Abelardo. Tras el ataque, Abelardo se hizo monje y Eloísa ingresó en un convento y desde sus respectivos retiros mantuvieron intensa correspondencia epistolar.

Podemos mencionar también el gran tratado sobre el amor escrito en lengua árabe por Ibn Hazm hacia 1023, El collar de la paloma. 

«Se trata de un libro de reflexiones, de influencia neoplatónica, acerca de la verdadera esencia del amor, que intenta descubrir lo que tiene de común e inmutable a lo largo de los siglos y las civilizaciones en las que éste se concibe como un sentimiento espiritual y elevado, conocido como «amor udrí»; todo ello ilustrado con detalles autobiográficos y documentales. Constituye asimismo un diwan —o antología poética de temática amorosa—, pues está empedrado de composiciones elegantes y refinadas. Se exponen en ella diversos aspectos de la experiencia amorosa, por lo que representa un testimonio de primera mano de la vivencia del amor en al-Ándalus durante el gobierno de la dinastía omeya». [Wikipedia]

Aunque el orbe de la conjunción de los nodos de Venus y Urano no era, al tiempo de composición de esta obra, tan estrecho como en El libro de Buen Amor, ya se había situado muy cerca de un grado de orbe (1º 05') y su recepción e influencia se dilató en los siglos posteriores, mientras el orbe de esta conjunción se reducía hasta llegar a cero.

Manifestaciones artísticas

En perfecta correspondencia con la duración del periodo durante el cual la conjunción de los nodos heliocéntricos de Venus y de Urano se mantuvo dentro de un grado de orbe o aun de medio grado o menos se produjo en la Europa cristiana de la Baja Edad Media una de las más espectaculares y bellas innovaciones en el estilo arquitectónico a gran escala: la construcción de las catedrales góticas. Una catedral no se construye de un día para otro ni es obra de una sola o de pocas personas. Es un proyecto que involucra, de una forma u otra, a casi toda la población de la ciudad donde va a quedar emplazada. Además de todos aquellos que intervienen directamente en la construcción (arquitectos, maestros de obras, geómetras, canteros, carpinteros, herreros, escultores, pintores, vidrieros, porteadores, albañiles, etc.) está el impulso de sus promotores y el apoyo de las donaciones económicas de los ciudadanos identificados con el proyecto. La materialización de la obra consume décadas o incluso siglos. Por todo ello, de haber un vínculo astrológico asociado a un fenómeno como este, debe tratarse de algo que (1) afecte a todo el mundo y (2) se mantenga por mucho tiempo. Justamente esas son las dos características que cumplen las conjunciones de los nodos heliocéntricos.


Interior de la catedral de León (España)

Las catedrales góticas ponen un énfasis en los aspectos estéticos (Venus) mucho mayor que las precedentes construcciones románicas, más sencillas y austeras. Se diferencian también de estas últimas en la elevación y en los amplios espacios de ventanales abiertos en los muros destinados a vistosas y coloridas vidrieras. La "parte de Venus" parece fácilmente identificable, pero ¿qué aporta Urano?

Hesíodo, en su Teogonía nos dice:

«Gea dio vida primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses».

Urano es, pues, dentro de esta mitología pagana, el dios del cielo estrellado y la morada de los dioses. También Platón ─quien, de acuerdo a la fórmula tan extendida como no del todo exacta que caracteriza el comienzo de la filosofía como "el paso del mito al logos", quedaría situado de lleno en la fase lógica y racional del pensamiento griego─ sitúa sus Ideas perfectas, inmutables y eternas en el τόπος ουρανός, es decir, literalmente en el cielo, aunque no se trata propiamente del cielo visible, sino de un cielo inteligible subyacente al cielo visible, siendo este último, de todas formas, de naturaleza divina tanto en Platón como en Aristóteles. Las Ideas platónicas son, como es sabido, tanto modelos como causas y principios de inteligibilidad de los entes comunes y corruptibles que pueblan el mundo en el que habitamos y percibimos por nuestros sentidos. Ya con los neoplatónicos (Filón, Plotino) y con San Agustín, las Ideas platónicas dejan de "flotar" en un cielo invisible y se conciben como "pensamientos en la mente de Dios". Pero la asociación de lo divino con el cielo se mantiene dentro del cristianismo en numerosas figuras: la ascensión de Jesús a los cielos, en cuerpo y alma, cuarenta días después de su resurrección; la Asunción de la Virgen María, llevada al Cielo en cuerpo y alma al fin de su vida terrenal; el Espíritu Santo que desciende de los cielos sobre las cabezas de los apóstoles en forma de lenguas de fuego, etc.

De las catedrales góticas se suele decir que "parecen tocar el cielo" o que "se elevan en busca de la divinidad". En el universo medieval, que aún no conoce la electricidad, el cielo es el lugar natural de donde procede la luz. A través de las altas vidrieras de las catedrales góticas penetra abundante luz que es. a un tiempo, luz natural perceptible por los sentidos (Venus) y luz espiritual dirigida al intelecto (Urano). En efecto, las vidrieras no son simples cristales transparentes que dejan paso a la luz; son una especie de libro ilustrado que recoge escenas bíblicas, pero también símbolos esotéricos, alquímicos y astrológicos.


Detalle de vidriera zodiacal que muestra "el azul de Chartres"

Fulcanelli, el autor ─misterioso él mismo─ de El misterio de las catedrales, nos dice que «estos edificios son más bien “una basta concreción de ideas, de tendencias, de fe populares, un todo perfecto, ya que se trata de penetrar el pensamiento de los ancestros, sea cual fuere, el campo religioso, laico, filosófico o social”».

Estos "mensajes cifrados" no están solo las vidrieras, sino en la disposición del espacio, la orientación, las esculturas o los famosos "laberintos", como los de la catedral de Chartres o de Amiens. 


Laberinto de la catedral de Chartres

A propósito de esto, comenta el historiador Miguel Giribets:

El laberinto sigue criterios de numerología. En su recorrido, vamos 13 veces al centro, como 13 son el número de lunaciones que corresponden a las vírgenes negras; el número 7 aparece en la cantidad de vueltas de 180º de cada cuadrante; el centro del laberinto tiene 6 pétalos. Los círculos son 12, el mismo número que las esferas del cielo. El laberinto, pues, es una imagen del Universo. (...) Louis Charpentier dice al respecto que “se ha hablado mucho de simbolismo a propósito de esos laberintos. Y está fuera de duda que sea un símbolo alquímico (…). El hombre llegado al centro del laberinto, tras haberlo recorrido ritualmente, tras haberlo “danzado”, será un hombre transformado (...) en el sentido de una apertura intuitiva a las leyes y armonías naturales; (...) El laberinto va asociado, pues, a un ritual que se desarrolla a lo largo del camino que lo recorre y un final que es la meta que se persigue. Es un ritual de iniciación, un camino espiritual por el que, una vez alcanzado el centro, hacemos el trayecto de vuelta y regresamos a la vida real con un nivel espiritual más elevado. [El laberinto de Chartres]

De este modo, las catedrales vienen a ser símbolos o instrumentos de iluminación espiritual a través de un medio sensible de fuerte impacto visual que hace presente a los ojos la magnificencia de Dios y la pequeñez humana entre tan elevadas columnas; pero, al mismo tiempo, puesto que la catedral es obra humana, deja constancia de la capacidad de los hombres para elevarse hasta Dios.

Otro detalle interesante es que la gran mayoría de las catedrales están dedicadas a la Virgen María: Notre Dame de París (1163-1345), Notre Dame de Amiens (1220-1402), Notre Dame de Laon (1155-1235), Nuestra Señora de Reims (1211-1400), Nuestra Señora de Ruan (1202-s.XV), Santa María de Burgos (1221-1260), Santa María de Regla de León (1205-1301), Santa María de Toledo (1226-1493), etc., etc.

Esta veneración mariana es otro indicio de la relevancia del arquetipo femenino (Venus sublimada por Urano) en este periodo.

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El esplendor de las construcciones arquitectónicas que se desarrollaron en lo que Huizinga denominó "el otoño de la Edad Media" no se limitó al mundo cristiano. En esta misma época se edificó en la ciudad de Granada, que por entonces formaba parte del musulmán Reino Nazarí bajo el reinado de Abu al-Ahmar (Muhammad I, 1238-1273), el imponente complejo monumental de la Alhambra y el Generalife. «Con toda probabilidad, las murallas exteriores y el acueducto se completaron al final del siglo XIII. Los jardines y pabellones del Generalife datan al parecer del reinado de Isma'il (1314-1325). Pero los emplazamientos más importantes de la Alhambra (el complejo del patio de los Arrayanes y el de los Leones) pertenecen a la época de Yusuf I (1333-1354) y Muhammed V.» Estos años coinciden con los momentos en que la conjunción de los nodos heliocéntricos de Venus y de Urano llegó a ser totalmente exacta, en varias oportunidades, como explicamos más arriba. 

Al igual que sucede con las catedrales góticas, los palacios de la Alhambra no son solamente edificios diseñados con un exquisita atención a los elementos estéticos y decorativos para producir habitáculos de una inusitada belleza (Venus), sino que encierran una profusión de símbolos religiosos y un conocimiento aplicado de la astronomía (la ciencia de Urania, la musa consagrada al estudio del cielo, representado por Urano).

La Alhambra (...) es un instrumento astronómico que funciona como el reloj de sol más grande del mundo. Gracias a la precisa orientación de sus muros, al mediodía solar se produce un fenómeno: la sombra proyectada por las estructuras divide las estancias de los Palacios Nazaríes de manera simétrica, cortando exactamente por la mitad los espacios y marcando con luz el cénit del día. Este diseño permitía a sus habitantes conocer las horas de oración y las estaciones mediante la gnomónica, una ciencia que los nazaríes dominaban a la perfección. En el Museo de la Alhambra se conserva un cuadrante solar de mármol del siglo XIV que servía de guía para este complejo sistema de medición del tiempo basado en el movimiento de los astros sobre la piedra. [Wikipedia]

  • »La Alhambra de Granada es un reflejo del cosmos islámico, donde cada elemento ornamental y arquitectónico encierra un profundo significado simbólico y espiritual.
  • »El Patio de los Leones (...) es la obra cumbre del arte nazarí y esconde un complejo entramado de significados arquitectónicos, espirituales y mitológicos. (...)  su diseño responde a un programa político y religioso muy preciso. 
  • »La alegoría del Paraíso Islámico. El patio está diseñado como un crucero que divide el espacio en cuatro brazos, orientados hacia los puntos cardinales. Cuatro canales de agua nacen de las salas adyacentes y confluyen en la fuente central. Esta disposición es una representación arquitectónica directa del Paraíso descrito en el Corán, el cual está surcado por cuatro ríos: de agua limpia, leche, vino y miel pura.
  • »Los doce leones.  Alrededor de la fuente de mármol de Macael descansan doce leones. A lo largo de la historia se les han atribuido significados esotéricos o astrológicos (como los 12 signos del zodiaco o los 12 meses del año).

Patio de los leones de la Alhambra de Granada

Si estamos en lo cierto al suponer que:
  1. Los nodos planetarios señalan lugares a través de los cuales la "energía" o cualidad asociada a un planeta penetra en el plano orbital de la Tierra (la eclíptica), de tal manera que el grado así señalado viene a funcionar de un modo muy similar a como lo haría el propio planeta colocado ahí.
  2. La perspectiva heliocéntrica suministra información útil de aspectos realmente operativos.
entonces tendremos que abrirnos a la posibilidad de que construcciones tales como el patio de los leones de la Alhambra o las suntuosas catedrales góticas tengan algo que enseñarnos acerca de algunos de los modos en que puede plasmarse en la realidad material y cultural la fusión de las cualidades atribuidas por la astrología a Venus y a Urano.

O inversamente: si consideramos que la información expuesta más arriba sobre el lugar de la mujer en la Baja Edad Media, las uniones matrimoniales, el amor cortés, la construcción de las catedrales góticas y de la Alhambra de Granada, con toda su simbología asociada, etc., si entendemos que todo eso queda bien representado por una asociación de las cualidades que la astrología tradicional y moderna atribuyen a Venus y a Urano, entonces, puesto que no eran esos planetas sino sus nodos heliocéntricos los que permanecieron unidos por todo ese periodo, nos resultará más fácil asumir que:
  1. Los planetas no actúan únicamente en función de las posiciones que ellos mismos ocupan en sus proyecciones sobre la eclíptica, sino que también lo hacen a través de sus puntos nodales.
  2. La perspectiva heliocéntrica suministra información útil de aspectos realmente operativos.

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Nos queda por analizar la tercera conjunción de nodos heliocéntricos actualmente en vigor, la de los nodos de Saturno con los nodos de Plutón. Actualmente estos nodos se hallan a 3º 14' de distancia, pero esta conjunción, a diferencia de la de Venus y Urano, no se está disolviendo sino que está en formación. No será hasta el año 2492 que ambos nodos se sitúen a solo un grado de distancia y aún habrá que esperar hasta el 2717 para que la conjunción sea exacta. Dado que para que eso ocurra falta demasiado tiempo y ni siquiera sabemos si la humanidad logrará sobrevivir hasta entonces, me abstendré en este lugar de vaticinar nada al respecto. No obstante, esta misma conjunción en versión geocéntrica se viene ya produciendo de manera totalmente exacta dos veces por año, desde mediados del siglo XVII y hasta cuatro veces por año, desde mediados del siglo XIX, afectando, por ahora, solo a una parte de la población. Pero el tratamiento de los nodos geocéntricos, que son bastante más complejos, queda, en todo caso, para otra ocasión.


© 2026, Julián García Vara


viernes, 4 de septiembre de 2026

Nodos. 1. La Luna



Las órbitas de los planetas del sistema solar en torno al sol o la de la luna en torno a la tierra definen planos en el espacio sideral. Es un hecho bastante afortunado para la práctica de la astrología que los planos orbitales de los diferentes planetas del sistema solar se mantengan solo ligeramente inclinados los unos respecto de los otros; esto facilita considerablemente la representación gráfica de las posiciones de los planetas en un momento dado en la forma en que se dibuja habitualmente una carta astral. Se los trata como si se movieran todos en un mismo plano. Ahora bien, lo que en realidad se dibuja en una carta astral como si fuera la posición de un planeta en un cielo bidimensional no es sino la proyección sobre la eclíptica de la posición del planeta en cuestión, siguiendo líneas perpendiculares en coordenadas esféricas; por eso, además de la longitud eclíptica, hemos de mirar también la latitud del planeta para conocer su ubicación precisa.

Los ángulos de inclinación orbital de los principales planetas del sistema solar respecto del plano de la órbita terrestre (eclíptica) oscilan entre los 0,77º de Urano y los 7,00º de Mercurio. Los demás valores son, de menor a mayor: Júpiter 1,31º, Neptuno 1,77º, Marte 1,85º, Saturno 2,49º, Venus 3,39º. Plutón, considerado planeta enano, presenta la mayor inclinación de su plano orbital respecto de la eclíptica, 17,14º; y la de la Luna es de 5,14º.

Dado que el sol ocupa una posición central dentro del sistema solar, no hay una órbita del sol ni un plano orbital correspondiente, pero la trayectoria que parece seguir el sol sobre el fondo de las estrellas, tal como se ve desde la tierra, define lo que podríamos llamar "la órbita geocéntrica del sol". El plano en el cual se inscribe esta órbita geocéntrica del sol es el mismo en el que se inscribe la órbita heliocéntrica de la tierra. Este plano es fundamental para nosotros, porque a partir de él y dentro de él se construye el zodíaco tropical, círculo básico de referencia para la localización de todos los planetas y demás factores astrológicos que componen una carta astral común. Para definir este zodíaco tropical es preciso tener en cuenta otro plano, en este caso no derivado de la órbita terrestre-solar (movimiento de traslación de la tierra) sino del ecuador de la propia tierra (movimiento de rotación), prolongado hasta la esfera celeste (ecuador celeste). Estos dos planos (la eclíptica y el ecuador celeste) mantienen entre sí una inclinación de 23º 27'. Los puntos de intersección de la órbita geocéntrica del sol con el plano ecuatorial sirven para definir el comienzo del zodíaco tropical (punto vernal septentrional o cero de Aries) y su mitad (punto otoñal septentrional o cero de Libra).


Estos puntos de intersección de la eclíptica con el ecuador celeste pueden concebirse como los nodos ecuatoriales de la órbita geocéntrica del sol. Por lo general son lugares vacíos, a menos que haya algún planeta a cero grados de Aries o de Libra, pero no por eso dejan de tener importancia, ya que toda la estructura de los doce signos del zodíaco se sustenta en ellos y "vive" de ellos. También las órbitas de la Luna y las de los demás planetas tienen sus nodos ecuatoriales, aunque normalmente nadie los tiene en cuenta. Suelen estar a pocos grados de los puntos vernal y otoñal y coinciden con los lugares que ocupan estos astros cuando su declinación es cero, es decir, los puntos en los que la declinación de un planeta pasa de sur a norte o viceversa. Recordemos que la declinación de un planeta es la distancia que lo separa del ecuador celeste, la cual es a la ascensión recta lo que la latitud es a la longitud eclíptica.


Los nodos de la Luna

Si los nodos ecuatoriales de la órbita solar tienen el poder de generar un zodíaco, otro tanto podría suceder con los nodos ecuatoriales de los demás planetas, a saber: también desde ellos podrían generarse otros tantos zodíacos "teñidos" de la naturaleza simbólica del planeta en cuestión. Dejemos esta idea, por ahora, solamente apuntada, para no desviarnos del tema de este artículo, que son los nodos eclípticos. Los nodos eclípticos son los puntos de intersección de la órbita de un planeta con la eclíptica. Los más conocidos y utilizados son, sin ninguna duda, los nodos de la luna, hasta el punto de que cuando se habla de "los nodos", sin especificar nada más, todas las personas versadas en astrología asumen inmediatamente que se trata de los nodos eclípticos de la luna. A estos nodos eclípticos de la luna sí que se les ha reconocido el poder de generar un zodíaco, al que se ha denominado zodíaco dracónico porque en la astrología védica se conoce el nodo norte de la luna con el nombre de "cabeza del dragón" y el nodo sur con el de "cola del dragón". Sorprende un poco que se haya hecho esto basándose en los nodos eclípticos de la luna sin haberlo intentado antes a partir de los nodos ecuatoriales, que son los que presentan mayor semejanza con la relación de la eclíptica con el ecuador que define el zodíaco tropical. 

El denominado "nodo norte" de la luna se llama así porque es el punto por el cual la luna cruza la eclíptica cuando pasa de tener latitud sur a tener latitud norte, pero ese punto en realidad no tiene latitud, ni norte ni sur. También se lo ha denominado "nodo ascendente", porque se supone que el norte está arriba y el sur abajo y pasar de abajo a arriba es "ascender". Sin embargo, el nodo como tal no asciende ni desciende; se mantiene siempre en la eclíptica. Además, los conceptos de "arriba" y "abajo" no son de aplicación cuando se trata de definir puntos en una esfera o situar un cuerpo que flota en el espacio. El norte no está arriba, salvo en los mapas, y esto por pura convención etnocéntrica de los geógrafos del hemisferio norte. Por otra parte, siempre que el nodo norte de la luna se encuentre en un signo del zodíaco con declinación sur (los que van desde libra hasta piscis) estará de hecho en el hemisferio sur de la esfera celeste.

Que el nombre con el que nos referimos a cada uno de los nodos de la luna sea más o menos acertado no parece tener demasiada importancia, siempre que nos sirva para entendernos. El problema surge cuando se trata de atribuir significados específicos a cada uno de estos nodos y cuando se pretende que, puesto que los nodos norte y sur de la luna están siempre en oposición, deben representar cualidades opuestas: si uno es benéfico el otro será maléfico, si uno facilita las cosas el otro las ha de dificultar, si uno nos habla de nuestro pasado (lo que traemos al nacer desde nuestras supuestas encarnaciones anteriores) el otro nos habla de nuestro futuro (los nuevos comportamientos que tenemos que desarrollar para continuar creciendo), y así sucesivamente. Este es, al menos, el punto de vista de Martin Schulman, quien, en su libro Nodos lunares y reencarnación, afirma:

«El nodo sur simboliza el pasado del hombre. No se trata del simbolismo de una encarnación pasada, sino más bien de una combinación de acontecimientos, ideas, actitudes y pensamientos procedentes de cada encarnación, cuyos efectos acumulados no resueltos han creado la vida actual. (...) Por esta razón, el hombre muestra la tendencia a permanecer en su nodo sur, como en una especie de cómodo pasado con el que se siente familiarizado. (...) El punto potencialmente más débil de todo horóscopo es el nodo sur, ya que representa los pasos que hemos dejado detrás de nosotros». [pp. 24-25]

«El nodo norte es el símbolo del futuro. Representa una nueva experiencia que aún no ha sido intentada. (...) esta posición nodal aporta consigo una curiosa atracción magnética que empuja a las almas hacia su crecimiento futuro. Hay providencia divina en el hecho de intentar algo nuevo, y en tal caso el individuo recibe una gran ayuda por sus esfuerzos. En los niveles más profundos de su ser, él percibe un sentido de dirección. El propósito de su vida le impulsa a pesar de todos los obstáculos. De hecho, esta posición nodal es como un cuerno de la abundancia lleno de tesoros capaz de ofrecer un beneficio tras otro a medida que cada obstáculo se convierte en un peldaño que simboliza el crecimiento futuro. (...) La característica más extraordinaria del nodo norte es que, por mucho que el hombre alcance en él, siempre queda mucho más por alcanzar... ya que representa la espiral que se eleva permanentemente hacia Dios». [pp. 27-29]

Estos textos, como se aprecia fácilmente, reflejan un modo de entender la astrología que incorpora muchos presupuestos intrínsecamente ajenos a la misma, a saber: la existencia de la reencarnación, la existencia de Dios y de la divina providencia, la vida individual como camino de aprendizaje, dotada de propósito y sentido, encaminada por un proceso de crecimiento continuo del alma hacia la salvación eterna o la comunión con Dios. Esta visión mística o "espiritual" de la astrología está muy extendida en los Estados Unidos de América, de donde era oriundo Martin Schulman, porque sintoniza bien con el cristianismo como camino de salvación y con el capitalismo transido de la mística del crecimiento continuo de impulso calvinista, tan extendido en esas latitudes. La astrología que "vende" es la que ofrece un mensaje positivo y optimista. Además, los prejuicios etnocéntricos que asumen la superioridad de las naciones y poblaciones radicadas al norte del ecuador sobre sus vecinas del sur, impregnan los planteamientos aparentemente neutrales con los que se intenta extraer significado universal de las condiciones astronómicas que interesan a la astrología. En esta línea se expresa Eloy R. Dumón cuando en su Manual de astrología moderna escribe:

«Hay que hacer notar que en el simbolismo astrológico, el paso hacia el norte de la Eclíptica es un movimiento que representa un valor positivo y creativo del espíritu y que el paso hacia el sur, es un movimiento de alejamiento del espíritu y un acercamiento hacia el mundo material. En consecuencia, el Nodo Norte lleva implícito el significado tradicional de ser positivo y espiritual, un punto de divina protección o de éxito a través de nuestra voluntad. En cambio, el Nodo Sur, simbólicamente "da la espalda" al Sol y como resultado se encuentra bajo los efectos y control de las energías de la materia». [p. 373]

Este "razonamiento" tan extravagante, que parece suponer que la mitad del cielo es espiritual y la otra mitad material, culmina con la sorprendente afirmación de que el nodo sur "¡da la espalda al Sol!". ¿Cómo podría hacer eso un punto que está radicado en la mismísima eclíptica, la cual no es otra cosa que el camino del propio Sol? ¿Y por qué algo que de alguna manera se sustrajera a la influencia del Sol habría de quedar "bajo los efectos y control de las energías de la materia", como si el Sol no fuera él mismo un centro de energía de la materia? Divagaciones astrológicas de este caríz parecen estar orientadas por las siguientes asociaciones de ideas:

norte = arriba = superior = espiritual = bueno

sur = abajo = inferior = material = malo

Pero la astrología védica, desarrollada en la India, nos cuenta otra historia. Asocia a Rahu (el nodo norte) con Saturno y a Kethu (el nodo sur) con Marte, de modo que los considera a ambos "maléficos". La percepción de los nodos como maléficos tiene cierta lógica, porque todo nodo es un punto crítico. Allí donde se cruzan dos planos, dos órbitas, dos planetas, tiene lugar un choque y un comienzo o cambio de ciclo, de modo que pueden "saltar chispas". Pero estos "choques" son, al mismo tiempo, "puntos de encuentro", puertas que se abren a nuevas energías, nuevas síntesis, nuevas colaboraciones. Si la eclíptica es el camino del Sol y la órbita lunar es el camino de la Luna, allí donde ambos caminos se cruzan las manifestaciones típicamente solares y las típicamente lunares pueden mezclarse, ya sea armónicamente o de modo conflictivo, por ejemplo, haciendo consciente (Sol) lo inconsciente (Luna), lo cual puede ser perturbador, pero también sanador. Es tentador asociar a uno de los nodos con lo que emerge del inconsciente a la consciencia (a través de los sueños, los lapsus linguae, las asociaciones libres, la hipnosis, los trances, la inspiración) y al otro nodo con lo que relegamos al inconsciente (a través del olvido, la represión u otros mecanismos de defensa del yo); pero como "norte" no significa necesariamente "arriba" ni "sur" significa necesariamente "abajo", sino que, tratándose de planos o círculos máximos de la esfera celeste, "norte" y "sur" solo significan "a un lado o a otro de un plano", resulta que no podemos saber a priori qué nodo asumiría cada una de estas dos funciones, en el supuesto de que realmente trabajaran así.

Otra manera de concebir simbólicamente la relación entre la órbita solar y la órbita lunar conectadas por sus nodos podría ser la imagen de un hombre y una mujer situados frente a frente con las manos entrelazadas.


Si tomamos la órbita del sol (la eclíptica) como un camino de naturaleza yang (masculino) y la órbita de la luna como un camino de naturaleza yin (femenino), los nodos donde ambas órbitas se cruzan vienen a ser los puntos en los que lo masculino y lo femenino "se toman de las manos". Algunos astrólogos (Witte, Ebertin, Hand) han señalado la importancia que los nodos parecen tener en las relaciones de pareja, en especial cuando el nodo norte de una persona está en conjunción con el nodo sur de otra y viceversa. Una situación así es la que mejor ejemplifica la imagen simbólica que acabamos de sugerir: la mano izquierda de cada uno tomando la mano derecha del otro. Ahora bien, podemos ver las relaciones de pareja como una objetivación social de las relaciones entre los aspectos masculinos presentes en la psique de cualquier persona, sea hombre o mujer (lo que Jung denominaba animus) y los aspectos femeninos presentes en la psique de cualquier persona, sea hombre o mujer (lo que Jung denominaba anima). De ser así, los nodos de la luna nos podrían dar algunas pistas del modo en que un hombre toma contacto con su lado femenino o una mujer toma contacto con su lado masculino, en función de los signos y casas que ocupan esos nodos o los planetas con los que se vinculan por aspectos.

© 2026, Julián García Vara