viernes, 4 de septiembre de 2026

Nodos. 1. La Luna



Las órbitas de los planetas del sistema solar en torno al sol o la de la luna en torno a la tierra definen planos en el espacio sideral. Es un hecho bastante afortunado para la práctica de la astrología que los planos orbitales de los diferentes planetas del sistema solar se mantengan solo ligeramente inclinados los unos respecto de los otros; esto facilita considerablemente la representación gráfica de las posiciones de los planetas en un momento dado en la forma en que se dibuja habitualmente una carta astral. Se los trata como si se movieran todos en un mismo plano. Ahora bien, lo que en realidad se dibuja en una carta astral como si fuera la posición de un planeta en un cielo bidimensional no es sino la proyección sobre la eclíptica de la posición del planeta en cuestión, siguiendo líneas perpendiculares en coordenadas esféricas; por eso, además de la longitud eclíptica, hemos de mirar también la latitud del planeta para conocer su ubicación precisa.

Los ángulos de inclinación orbital de los principales planetas del sistema solar respecto del plano de la órbita terrestre (eclíptica) oscilan entre los 0,77º de Urano y los 7,00º de Mercurio. Los demás valores son, de menor a mayor: Júpiter 1,31º, Neptuno 1,77º, Marte 1,85º, Saturno 2,49º, Venus 3,39º. Plutón, considerado planeta enano, presenta la mayor inclinación de su plano orbital respecto de la eclíptica, 17,14º; y la de la Luna es de 5,14º.

Dado que el sol ocupa una posición central dentro del sistema solar, no hay una órbita del sol ni un plano orbital correspondiente, pero la trayectoria que parece seguir el sol sobre el fondo de las estrellas, tal como se ve desde la tierra, define lo que podríamos llamar "la órbita geocéntrica del sol". El plano en el cual se inscribe esta órbita geocéntrica del sol es el mismo en el que se inscribe la órbita heliocéntrica de la tierra. Este plano es fundamental para nosotros, porque a partir de él y dentro de él se construye el zodíaco tropical, círculo básico de referencia para la localización de todos los planetas y demás factores astrológicos que componen una carta astral común. Para definir este zodíaco tropical es preciso tener en cuenta otro plano, en este caso no derivado de la órbita terrestre-solar (movimiento de traslación de la tierra) sino del ecuador de la propia tierra (movimiento de rotación), prolongado hasta la esfera celeste (ecuador celeste). Estos dos planos (la eclíptica y el ecuador celeste) mantienen entre sí una inclinación de 23º 27'. Los puntos de intersección de la órbita geocéntrica del sol con el plano ecuatorial sirven para definir el comienzo del zodíaco tropical (punto vernal septentrional o cero de Aries) y su mitad (punto otoñal septentrional o cero de Libra).


Estos puntos de intersección de la eclíptica con el ecuador celeste pueden concebirse como los nodos ecuatoriales de la órbita geocéntrica del sol. Por lo general son lugares vacíos, a menos que haya algún planeta a cero grados de Aries o de Libra, pero no por eso dejan de tener importancia, ya que toda la estructura de los doce signos del zodíaco se sustenta en ellos y "vive" de ellos. También las órbitas de la Luna y las de los demás planetas tienen sus nodos ecuatoriales, aunque normalmente nadie los tiene en cuenta. Suelen estar a pocos grados de los puntos vernal y otoñal y coinciden con los lugares que ocupan estos astros cuando su declinación es cero, es decir, los puntos en los que la declinación de un planeta pasa de sur a norte o viceversa. Recordemos que la declinación de un planeta es la distancia que lo separa del ecuador celeste, la cual es a la ascensión recta lo que la latitud es a la longitud eclíptica.


Los nodos de la Luna

Si los nodos ecuatoriales de la órbita solar tienen el poder de generar un zodíaco, otro tanto podría suceder con los nodos ecuatoriales de los demás planetas, a saber: también desde ellos podrían generarse otros tantos zodíacos "teñidos" de la naturaleza simbólica del planeta en cuestión. Dejemos esta idea, por ahora, solamente apuntada, para no desviarnos del tema de este artículo, que son los nodos eclípticos. Los nodos eclípticos son los puntos de intersección de la órbita de un planeta con la eclíptica. Los más conocidos y utilizados son, sin ninguna duda, los nodos de la luna, hasta el punto de que cuando se habla de "los nodos", sin especificar nada más, todas las personas versadas en astrología asumen inmediatamente que se trata de los nodos eclípticos de la luna. A estos nodos eclípticos de la luna sí que se les ha reconocido el poder de generar un zodíaco, al que se ha denominado zodíaco dracónico porque en la astrología védica se conoce el nodo norte de la luna con el nombre de "cabeza del dragón" y el nodo sur con el de "cola del dragón". Sorprende un poco que se haya hecho esto basándose en los nodos eclípticos de la luna sin haberlo intentado antes a partir de los nodos ecuatoriales, que son los que presentan mayor semejanza con la relación de la eclíptica con el ecuador que define el zodíaco tropical. 

El denominado "nodo norte" de la luna se llama así porque es el punto por el cual la luna cruza la eclíptica cuando pasa de tener latitud sur a tener latitud norte, pero ese punto en realidad no tiene latitud, ni norte ni sur. También se lo ha denominado "nodo ascendente", porque se supone que el norte está arriba y el sur abajo y pasar de abajo a arriba es "ascender". Sin embargo, el nodo como tal no asciende ni desciende; se mantiene siempre en la eclíptica. Además, los conceptos de "arriba" y "abajo" no son de aplicación cuando se trata de definir puntos en una esfera o situar un cuerpo que flota en el espacio. El norte no está arriba, salvo en los mapas, y esto por pura convención etnocéntrica de los geógrafos del hemisferio norte. Por otra parte, siempre que el nodo norte de la luna se encuentre en un signo del zodíaco con declinación sur (los que van desde libra hasta piscis) estará de hecho en el hemisferio sur de la esfera celeste.

Que el nombre con el que nos referimos a cada uno de los nodos de la luna sea más o menos acertado no parece tener demasiada importancia, siempre que nos sirva para entendernos. El problema surge cuando se trata de atribuir significados específicos a cada uno de estos nodos y cuando se pretende que, puesto que los nodos norte y sur de la luna están siempre en oposición, deben representar cualidades opuestas: si uno es benéfico el otro será maléfico, si uno facilita las cosas el otro las ha de dificultar, si uno nos habla de nuestro pasado (lo que traemos al nacer desde nuestras supuestas encarnaciones anteriores) el otro nos habla de nuestro futuro (los nuevos comportamientos que tenemos que desarrollar para continuar creciendo), y así sucesivamente. Este es, al menos, el punto de vista de Martin Schulman, quien, en su libro Nodos lunares y reencarnación, afirma:

«El nodo sur simboliza el pasado del hombre. No se trata del simbolismo de una encarnación pasada, sino más bien de una combinación de acontecimientos, ideas, actitudes y pensamientos procedentes de cada encarnación, cuyos efectos acumulados no resueltos han creado la vida actual. (...) Por esta razón, el hombre muestra la tendencia a permanecer en su nodo sur, como en una especie de cómodo pasado con el que se siente familiarizado. (...) El punto potencialmente más débil de todo horóscopo es el nodo sur, ya que representa los pasos que hemos dejado detrás de nosotros». [pp. 24-25]

«El nodo norte es el símbolo del futuro. Representa una nueva experiencia que aún no ha sido intentada. (...) esta posición nodal aporta consigo una curiosa atracción magnética que empuja a las almas hacia su crecimiento futuro. Hay providencia divina en el hecho de intentar algo nuevo, y en tal caso el individuo recibe una gran ayuda por sus esfuerzos. En los niveles más profundos de su ser, él percibe un sentido de dirección. El propósito de su vida le impulsa a pesar de todos los obstáculos. De hecho, esta posición nodal es como un cuerno de la abundancia lleno de tesoros capaz de ofrecer un beneficio tras otro a medida que cada obstáculo se convierte en un peldaño que simboliza el crecimiento futuro. (...) La característica más extraordinaria del nodo norte es que, por mucho que el hombre alcance en él, siempre queda mucho más por alcanzar... ya que representa la espiral que se eleva permanentemente hacia Dios». [pp. 27-29]

Estos textos, como se aprecia fácilmente, reflejan un modo de entender la astrología que incorpora muchos presupuestos intrínsecamente ajenos a la misma, a saber: la existencia de la reencarnación, la existencia de Dios y de la divina providencia, la vida individual como camino de aprendizaje, dotada de propósito y sentido, encaminada por un proceso de crecimiento continuo del alma hacia la salvación eterna o la comunión con Dios. Esta visión mística o "espiritual" de la astrología está muy extendida en los Estados Unidos de América, de donde era oriundo Martin Schulman, porque sintoniza bien con el cristianismo como camino de salvación y con el capitalismo transido de la mística del crecimiento continuo de impulso calvinista, tan extendido en esas latitudes. La astrología que "vende" es la que ofrece un mensaje positivo y optimista. Además, los prejuicios etnocéntricos que asumen la superioridad de las naciones y poblaciones radicadas al norte del ecuador sobre sus vecinas del sur, impregnan los planteamientos aparentemente neutrales con los que se intenta extraer significado universal de las condiciones astronómicas que interesan a la astrología. En esta línea se expresa Eloy R. Dumón cuando en su Manual de astrología moderna escribe:

«Hay que hacer notar que en el simbolismo astrológico, el paso hacia el norte de la Eclíptica es un movimiento que representa un valor positivo y creativo del espíritu y que el paso hacia el sur, es un movimiento de alejamiento del espíritu y un acercamiento hacia el mundo material. En consecuencia, el Nodo Norte lleva implícito el significado tradicional de ser positivo y espiritual, un punto de divina protección o de éxito a través de nuestra voluntad. En cambio, el Nodo Sur, simbólicamente "da la espalda" al Sol y como resultado se encuentra bajo los efectos y control de las energías de la materia». [p. 373]

Este "razonamiento" tan extravagante, que parece suponer que la mitad del cielo es espiritual y la otra mitad material, culmina con la sorprendente afirmación de que el nodo sur "¡da la espalda al Sol!". ¿Cómo podría hacer eso un punto que está radicado en la mismísima eclíptica, la cual no es otra cosa que el camino del propio Sol? ¿Y por qué algo que de alguna manera se sustrajera a la influencia del Sol habría de quedar "bajo los efectos y control de las energías de la materia", como si el Sol no fuera él mismo un centro de energía de la materia? Divagaciones astrológicas de este caríz parecen estar orientadas por las siguientes asociaciones de ideas:

norte = arriba = superior = espiritual = bueno

sur = abajo = inferior = material = malo

Pero la astrología védica, desarrollada en la India, nos cuenta otra historia. Asocia a Rahu (el nodo norte) con Saturno y a Kethu (el nodo sur) con Marte, de modo que los considera a ambos "maléficos". La percepción de los nodos como maléficos tiene cierta lógica, porque todo nodo es un punto crítico. Allí donde se cruzan dos planos, dos órbitas, dos planetas, tiene lugar un choque y un comienzo o cambio de ciclo, de modo que pueden "saltar chispas". Pero estos "choques" son, al mismo tiempo, "puntos de encuentro", puertas que se abren a nuevas energías, nuevas síntesis, nuevas colaboraciones. Si la eclíptica es el camino del Sol y la órbita lunar es el camino de la Luna, allí donde ambos caminos se cruzan las manifestaciones típicamente solares y las típicamente lunares pueden mezclarse, ya sea armónicamente o de modo conflictivo, por ejemplo, haciendo consciente (Sol) lo inconsciente (Luna), lo cual puede ser perturbador, pero también sanador. Es tentador asociar a uno de los nodos con lo que emerge del inconsciente a la consciencia (a través de los sueños, los lapsus linguae, las asociaciones libres, la hipnosis, los trances, la inspiración) y al otro nodo con lo que relegamos al inconsciente (a través del olvido, la represión u otros mecanismos de defensa del yo); pero como "norte" no significa necesariamente "arriba" ni "sur" significa necesariamente "abajo", sino que, tratándose de planos o círculos máximos de la esfera celeste, "norte" y "sur" solo significan "a un lado o a otro de un plano", resulta que no podemos saber a priori qué nodo asumiría cada una de estas dos funciones, en el supuesto de que realmente trabajaran así.

Otra manera de concebir simbólicamente la relación entre la órbita solar y la órbita lunar conectadas por sus nodos podría ser la imagen de un hombre y una mujer situados frente a frente con las manos entrelazadas.


Si tomamos la órbita del sol (la eclíptica) como un camino de naturaleza yang (masculino) y la órbita de la luna como un camino de naturaleza yin (femenino), los nodos donde ambas órbitas se cruzan vienen a ser los puntos en los que lo masculino y lo femenino "se toman de las manos". Algunos astrólogos (Witte, Ebertin, Hand) han señalado la importancia que los nodos parecen tener en las relaciones de pareja, en especial cuando el nodo norte de una persona está en conjunción con el nodo sur de otra y viceversa. Una situación así es la que mejor ejemplifica la imagen simbólica que acabamos de sugerir: la mano izquierda de cada uno tomando la mano derecha del otro. Ahora bien, podemos ver las relaciones de pareja como una objetivación social de las relaciones entre los aspectos masculinos presentes en la psique de cualquier persona, sea hombre o mujer (lo que Jung denominaba animus) y los aspectos femeninos presentes en la psique de cualquier persona, sea hombre o mujer (lo que Jung denominaba anima). De ser así, los nodos de la luna nos podrían dar algunas pistas del modo en que un hombre toma contacto con su lado femenino o un mujer toma contacto con su lado masculino, en función de los signos y casas que ocupan esos nodos o los planetas con los que se vinculan por aspectos.

© 2026, Julián García Vara


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