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lunes, 6 de enero de 2014

Orbes heliocéntricos y formación de parejas



En el artículo "Aspectos heliocéntricos y formación de parejas" he introducido los conceptos básicos y los primeros resultados de mi investigación sobre la posible relación entre las posiciones heliocéntricas de los planetas en la carta natal de una persona y sus procesos de elección de pareja. En esa primera aproximación me he limitado a registrar todas las conjunciones que se presentan en los armónicos 1 y 2 al cruzar la carta natal de cada persona casada con la de su cónyuge. Hasta cierto punto esto equivale a un análisis de las conjunciones y oposiciones que se dan entre los planetas heliocéntricos natales de los dos miembros de cada pareja, aunque no se trata exactamente de eso, ya que en ningún momento se contabilizan las oposiciones por separado. Para comprender la forma en que se ha organizado la información debe consultarse la figura 1 del artículo citado.

Las conjunciones examinadas se han considerado desde dos puntos de vista; en primer lugar como conjunciones "no orientadas", que son aquellas que se valoran con independencia del orden de los factores, y en segundo lugar como conjunciones "orientadas", en las que el orden de los factores sí es tenido en cuenta. Esta doble manera de abordar el estudio de las conjunciones y del resto de los aspectos se ampara, por un lado, en  investigaciones empíricas previas y, por otro, en un análisis teórico de los métodos y componentes estructurales usados por la astrología tradicional para presentar el saber astrológico como un sistema ordenado.

Por lo que respecta a la base empírica, el análisis estadístico de diversas muestras (boxeadores, asesinos, escritores, médicos) de las que me ocupé hace tiempo presentaba en relación con algunos ciclos planetarios lo que he dado en llamar "el efecto enantiodrómico". Como ya he explicado en el artículo anterior, este efecto consiste en que un cambio en el orden de los factores de dos planetas en conjunción (en cualquier armónico) provoca una inversión de la polaridad de las desviaciones significativas, que pasan de positivas a negativas o viceversa. Este intrigante efecto, que me sorprendió bastante las primeras veces que me lo encontré, está en realidad implícitamente incorporado en los modelos teóricos que maneja la astrología desde la antigüedad. El ingreso de un planeta en un signo, por ejemplo, puede ser visto como un caso especial de efecto enantiodrómico, porque a todo signo masculino le sigue uno femenino y viceversa. Siempre que un planeta en movimiento directo ingresa en un signo de Fuego lo hace desde un signo de Agua y, por tanto, pasa abruptamente de un signo femenino, frío y húmedo a uno masculino, caliente y seco. Siempre que un planeta en movimiento directo ingresa en un signo de Aire lo hace desde un signo de Tierra y, por tanto, pasa abruptamente de un signo femenino, frío y seco a uno masculino, caliente y húmedo. Por consiguiente, en estos casos hay ciertos puntos de la trayectoria del Sol o de cualquier otro planeta en movimiento a través del círculo zodiacal a partir de los cuales los efectos se invierten súbitamente. Pero estos puntos no son solamente las puertas de entrada a cada signo, sino que son al mismo tiempo los lugares donde los aspectos de la serie del 12 entre el Punto Vernal y el Sol o cualquier otro planeta se hacen exactos. De esta manera, el efecto enantiodrómico detectado empíricamente a través de estadísticas sobre aspectos, estaba ya reconocido y plasmado en las categorías usadas por la astrología tradicional para organizar el espacio zodiacal.

El poder hipnótico del lenguaje nos induce a pensar en los signos del zodiaco y en las casas como si fueran algo radicalmente diferente de los aspectos. Vemos los signos y las casas como sectores con límites bien definidos, con transiciones de tipo todo o nada y con características muy concretas y bien diferenciadas, como lugares esencialmente pasivos que sirven de receptáculos o de vía de paso para los planetas. Los aspectos, sin embargo, los concebimos como relaciones angulares esencialmente activas entre puntos o planetas, con límites (orbes) difusos y variables, con transiciones graduales o gaussianas y con una carga significativa propia mucho más débil que la de los signos o las casas. Ingenuamente hemos proyectado sobre los cielos conceptos que son válidos para organizar nuestra experiencia sobre el suelo terrestre, pero que carecen de sentido en la inmensidad de los espacios infinitos. En los cielos no hay territorios, no hay lugares, sólo hay cuerpos desplazándose por el espacio (planetas, estrellas, cometas, asteroides) y formando diferentes relaciones angulares entre ellos en función de sus movimientos y sus cambiantes posiciones relativas a un determinado punto de observación. Las casas del horóscopo, los signos del zodiaco y los aspectos son básicamente lo mismo: conjuntos de relaciones angulares. Así, por ejemplo, llamamos Cáncer al conjunto de todos los ángulos eclípticos comprendidos entre la primera cuadratura y el primer trígono del Sol desde el Punto Vernal, llamamos Casa IX al conjunto de los ángulos comprendidos entre el segundo trígono mundano desde el Ascendente y el Medio Cielo—y suponiendo un orbe de 4 grados— llamamos Sextil al conjunto de distancias angulares comprendidas entre 56 y 64 grados antes o después de un punto de referencia.

Si en último término todo se reduce a relaciones angulares, debemos entender que lo que ha cristalizado en conceptos aparentemente tan distintos como signo, casa y aspecto no puede ser otra cosa que diferentes propiedades de las relaciones angulares mismas. Al concentrar nuestra atención en la propiedad enantiodrómica (cambio abrupto y alternante de polaridad en un punto crítico) de ciertas relaciones angulares las percibimos como signos o casas. Al concentrar nuestra atención en la propiedad ondulatoria (cambio paulatino de intensidad de un efecto homogéneo en torno a un foco de radiación) de ciertas relaciones angulares las percibimos como aspectos. Pero la propiedad no seleccionada por nuestros hábitos de percepción sigue estando presente y puede detectarse por métodos estadísticos u otras formas de organizar la información menos dependientes de la mirada secuestrada por las formas tradicionales de categorización.

Hay también otros ejemplos de efectos enantiodrómicos menos dramáticos, porque se desarrollan de modo gradual, pero, de todas formas, hay un punto a partir del cual se produce un cambio repentino del sentido del desarrollo. Así ocurre, por ejemplo, con las sicigias o lunaciones. La Luna pasa de menguante a creciente a partir del punto de conjunción con el Sol y de creciente a menguante a partir del punto de oposición. Otro ejemplo es el paso del Sol por el punto del solsticio de invierno, a partir del cual los días pasan de menguar a crecer en horas de luz solar, y por el solsticio de verano, en el que ocurre lo contrario. En general, cualquier punto situado en la frontera entre dos tendencias contrapuestas o dos sentidos de desarrollo diferentes constituye un punto crítico, debido precisamente al cambio de tendencia que es necesario afrontar y a los reajustes que ello conlleva.

La distinción de uso común entre aspectos aplicativos y separativos se aproxima bastante a lo que más arriba he denominado "conjunciones orientadas", pero no se trata de lo mismo y menos aún cuando cada planeta procede de una carta distinta, como es el caso en la investigación que nos ocupa. En principio, una conjunción entre dos planetas es aplicativa si el más rápido de los dos se sitúa antes que el más lento, de tal manera que su movimiento natural y su mayor velocidad le conducirá en un futuro próximo hasta el punto de aspecto exacto. Por el contrario, una conjunción es separativa si el planeta más rápido ha rebasado ya al más lento y se separa paulatinamente de él y del punto de aspecto exacto. Esto es así siempre y cuando ninguno de los dos esté retrógrado, porque si alguno lo está o lo están ambos puede ocurrir que el planeta más rápido situado antes que el más lento se esté separando de éste, o bien que situado después aplique hacia atrás. Por fortuna, estos casos especiales no se presentan nunca cuando se trabaja con planetas heliocéntricos, porque éstos nunca retrogradan. Los conceptos de aplicación y separación, en cualquier caso, no se pueden utilizar apropiadamente en el contexto de una sinastría, no sólo porque puede ocurrir que los dos planetas en aspecto sean el mismo (por ejemplo, Saturno de la mujer y Saturno del hombre, con la misma velocidad), sino también porque cada planeta procede de un tiempo diferente. Nuestras "conjunciones orientadas" son otra cosa. No precisan distinguir entre planetas rápidos y lentos ni entre planetas directos y retrógrados, porque lo único que importa es el orden de los factores.

La distinción estre aspectos aplicativos y separativos puede, hasta cierto punto, tomarse como otro caso especial de efecto enantiodrómico. De hecho, la conjunción de la Luna con el Sol es aplicativa si la Luna está menguante  y es separativa si está creciente. De acuerdo con los trabajos estadísticos de Addey sobre nonagenarios, parece que los aspectos aplicativos presentes en una carta natal tienden a acortar algo la vida del nativo, mientras que los separativos tienden a  prolongarla. Parece lógico que así sea si tenemos en cuenta que en una conjunción aplicativa los planetas se están acercando a un punto crítico, mientras que en una conjunción separativa el punto crítico está siendo dejado atrás. Algunos astrólogos han tratado de introducir matices diferenciales en el significado general de los aspectos, según sean aplicativos o separativos. Se ha dicho, por ejemplo, que la fase aplicativa de un aspecto representa las causas o las condiciones que propician cualquier fenómeno que se le pueda asociar razonablemente y la fase separativa nos muestra los efectos o las consecuencias. También se ha defendido que los aspectos aplicativos operan a un nivel más interno y los separativos están más volcados hacia el mundo exterior. No obstante, estos intentos de modificar o enriquecer la interpretación de un aspecto de acuerdo con su condición de aplicación o separación son más bien aislados. Ante un aspecto presente en una carta natal, la mayoría de los astrólogos dan exactamente la misma interpretación tanto si es aplicativo como si es separativo. Lo importante para ellos es si los dos planetas entán o no dentro de la zona (orbe) que permite un contacto significativo entre los principios abstractos o simbólicos ligados tradicionalmente a cada planeta. Y esto es, sin duda, un detalle de primerísima importancia, porque sin la suficiente proximidad o sin un canal de comunicación no puede haber interacción. Pero para saber en qué momento de esa interacción se encuentran necesitamos comprobar si han traspasado o no el punto crítico, si vienen o van, si están "acudiendo a la cita" o "despidiéndose".

Supongamos que una persona que lleva el dinero justo para comer se sitúa a una distancia de 10 metros antes de la puerta de un restaurante. En ese momento tiene el bolsillo lleno y el estómago vacío. Avanza esos 10 metros, entra al local y se satisface. Más tarde sale del local y avanza hasta 10 metros de distancia de la puerta del restaurante. Ahora tiene el estómago lleno y los bolsillos vacíos. Evidentemente no es lo mismo tener el estómago vacío y el bolsillo lleno que tener el bolsillo vacío y el estómago lleno, por más que en ambos casos la persona se encuentre a la misma distancia de la puerta del restaurante. De manera similar, algunos aspectos entre dos planetas representan situaciones muy diferentes dependiendo del orden de los factores, aun cuando el número de grados que los separa sea el mismo.

Esto no quiere decir que distancias iguales entre dos planetas no produzcan también ciertos efectos semejantes con independencia del orden de los factores, porque la distancia angular introduce por sí sola un armónico determinado con significación propia que baña por igual a los dos planetas que vibran en la misma longitud de onda. Si, por ejemplo, dos planetas están separados por 90 grados vibrarán conjuntamente en el armónico 4, que será la carta de transformación del arco entre ambos, y se moverán en el escenario de significados propio de este armónico (tensión, estímulo, logro a través del esfuerzo, lucha, conflicto, desafío, superación).


Revisión del armónico 1. Orbes disociados

En la investigación estadística de la que he dado cuenta en la entrada anterior definí como "zona de contacto" un área de 26º 40' (13º 20' a cada lado del planeta de referencia) para las conjunciones no orientadas. Esta zona quedó después subdividida en dos, exactamente por su mitad, con objeto de separar las conjunciones orientadas (v. figura 1). Un orbe de 13º 20' para una conjunción entre dos planetas parece excesivo si lo comparamos con los recomendados por la mayoría de los astrólogos. Las razones que me llevaron a adoptarlo no son ni empíricas ni lógicas, sino que se trató de una simple cuestión de conveniencia práctica relacionada, por un lado, con el tamaño de la muestra y, por otro, con ciertas limitaciones del programa usado para tratar la información. Era necesario alcanzar una solución de compromiso entre precisión y fiabilidad. La precisión depende del número de partes iguales (intervalos) en que dividimos el círculo de los aspectos. A más intervalos más precisión. La fiabilidad depende del número de casos que cabe esperar encontrar en cada intervalo. A más casos, más fiabilidad. Ante una muestra de un tamaño dado, que no podemos ampliar por la razón que sea, a mayor precisión menos fiabilidad, porque cuantos más intervalos usemos menos casos se encuadrarán en cada uno de ellos.

Es muy posible, por tanto, que el orbe utilizado —fruto de este compromiso— no sea el más adecuado para obtener los mejores resultados. Para paliar en alguna medida esta posible deficiencia de mi investigación sin por ello ceder terreno en los niveles de precisión y fiabilidad alcanzados en la parte del trabajo ya realizada, he reorganizado los datos en la forma que se muestra en el siguiente gráfico:


Figura 24

Esta disposición de los datos permite distinguir entre conjunciones de orbe estrecho (bandas verde oscuro) y conjunciones de orbe amplio (bandas verde claro), sin que el número de casos esperados para cada intervalo varíe sustancialmente en comparación con el enfoque anterior, porque las bandas del mismo color se suman.

Al reconsiderar los datos de esta manera se hacen accesibles valiosas informaciones complementarias que, junto con lo que ya habiamos observado, nos dan una idea mucho más precisa de lo que realmente puede estar actuando como factor de atracción o de evitación.

Consideremos, por ejemplo, los contactos de Saturno del hombre con los planetas de la mujer desde esta nueva perspectiva (figura 25).

Figura 25

Se aprecia inmediatamente que lo que sucede con las conjunciones de orbe estrecho (hasta 6º 40') es completamente distinto de lo que sucede con esas mismas conjunciones cuando el orbe es más amplio (entre 6º 40' y 13º 20'). No se trata simplemente de que la conjunción deje de ser efectiva más allá de los 6º 40'. En realidad las conjunciones entre 6º 40' y 13º 20' se muestran aquí igual de efectivas que las más estrechas, puesto que la magnitud de las desviaciones es similar en ambos casos, pero el efecto es completamente diferente. Más bien parece que estemos ante dos aspectos distintos. Marte, Saturno, Venus o la Tierra de la mujer en conjunción estrecha con Saturno del hombre votan, por así decirlo, a favor del matrimonio, pero esos mismos planetas en conjunción amplia no votan en blanco sino decididamente en contra. 

Esto supone un verdadero desafío para el modo común de concebir la naturaleza de los aspectos en general y de la conjunción en particular. Aunque hay discrepancias en cuanto al número de grados hasta el que se extiende el efecto de una conjunción a ambos lados del punto de exactitud (orbe), todos parecen estar de acuerdo en que la zona de actividad se restringe al interior de ese orbe, mientras que en las zonas adyacentes que preceden o siguen a ese orbe simplemente hay un buen número de grados en los que no sucede nada. Los datos mostrados más arriba (figura 25) sugieren que dentro del margen de 13º 20' en torno al punto de conjunción exacta hay dos zonas distintas en las que suceden cosas diferentes y no una zona en la que sucede algo y otra en la que no sucede nada. 

No podemos, sin embargo, generalizar esta impresión. Aunque parece una buena descripción de lo que sucede en esta muestra con los contactos entre Saturno del hombre y algunos planetas de la mujer, hay otros grupos de combinaciones planetarias que pueden tomarse más bien como una confirmación de la idea más extendida que defiende la neutralidad de las zonas fuera del orbe de los aspectos. Por ejemplo, los contactos de la Tierra del hombre con los planetas de la mujer se comportan como se muestra en el gráfico siguiente (figura 26):

Figura 26

Este gráfico produce la inequívoca impresión de que, por lo que respecta a los contactos en los que interviene la Tierra del hombre, casi todo lo importante sucede dentro del orbe de las conjunciones estrechas, mientras que en la zona de orbe amplio no sucede prácticamente nada. Además, en la zona de orbe estrecho todos los contactos observados tienen desviaciones positivas, es decir, funcionan exclusivamente como factores de atracción.

Las cosas parecen, pues, ajustarse a un patrón o a otro dependiendo del planeta sobre el que centremos nuestras observaciones. Pero podemos extraer la tendencia dominante en términos generales sumando las desviaciones de todas las combinaciones posibles en las que interviene cada planeta, ya sea con signo o sin él. Veamos, primero, la suma sin signo (figura 27):

Figura 27

En cada planeta de este gráfico se condensan las desviaciones de once combinaciones planetarias. Así, por ejemplo, los datos de Mercurio se refieren al resultado de sumar sin signo las desviaciones de Mercurio del hombre con cada uno de los otros cinco planetas de la mujer, Mercurio de la mujer con cada uno de los otros cinco planetas del hombre y Mercurio de la mujer con Mercurio del hombre. Y así con cada planeta.

En todos los casos las barras de color verde oscuro (conjunciones estrechas) son mayores que las barras de color verde claro (conjunciones amplias) y esto nos indica claramente que de las dos zonas que hemos definido aquí la que registra mayor actividad y se muestra más relevante en el proceso de formación de parejas es la que deja a los planetas más cerca uno de otro. Creo que esto es lo que esperaría encontrar cualquier astrólogo, lo que mejor concuerda con la idea de que la intensidad de una conjunción es inversamente proporcional a la distancia entre los planetas que la integran. Pero ¡cuidado!... Más adelante nos espera una sorpresa en relación con esta idea. Veamos ahora la suma de desviaciones con signo (figura 28):

Figura 28

Este gráfico nos indica que los contactos estrechos funcionan como factores de atracción con más frecuencia que como factores inhibidores, mientras que con los contactos de orbe más amplio sucede lo contrario.

Aunque aún quedan muchos detalles interesantes por comentar en relación con diferentes grupos de combinaciones específicas, prefiero ceder la palabra a los gráficos mismos para que usted los consulte por su cuenta cómo y cuando quiera y saque sus propias conclusiones. Aquí tiene reunidos en una tabla todos los resultados (tabla V):


Tabla V
Pulse sobre la tabla para verla ampliada

En cursiva van los orbes estrechos (0º - 6º 40'), en letra normal los orbes amplios (6º 40' - 13º 20') y en negrita el orbe total no disociado (0º - 13º 20'). Las desviaciones positivas por encima de 15 puntos van sobre fondo amarillo y las desviaciones negativas por encima de 15 puntos van sobre fondo rojo. El desarrollo gráfico de toda la tabla está disponible pulsando AQUÍ.


Revisión del armónico 2. Orbes disociados

Los orbes para los intervalos del armónico 1 mostrados en la figura 24 valen también para el armónico 2 visto desde dentro. Si calculamos primero las cartas del armónico 2 de cada miembro de la pareja y efectuamos las comparaciones directamente sobre estas cartas del segundo armónico entonces debemos guiarnos por el esquema de la figura 24 para determinar qué planetas están en conjunción estrecha, cuáles en conjunción amplia y cuáles no están en conjunción. Pero debemos recordar que una conjunción del segundo armónico puede proceder tanto de una conjunción como de una oposición "natural" y que la verdadera distancia entre los planetas es la mitad de la que nos muestra el segundo armónico. La figura 29 muestra las zonas de una carta natural (armónico 1) que equivalen a las de la figura 24 aplicada al armónico 2 visto desde dentro.

Figura 29
Pulse sobre el gráfico para verlo ampliado

Por consiguiente debe quedar claro que en los diagramas de barras que vamos a comentar ahora las bandas de color verde oscuro corresponden a conjunciones entre 0º y 6º 40' dentro del segundo armónico, las cuales equivalen a conjunciones u oposiciones entre 0º y 3º 20' en la carta natural (armónico 1). Y las bandas de color verde claro corresponden a conjunciones entre 6º 40' y 13º 20' dentro del segundo armónico, que equivalen a conjunciones u oposiciones entre 3º 20' y 6º 40' en la carta natural (armónico 1).

Para empezar, veamos qué sucede con Marte de hombre y los planetas de la mujer (figura 30).

Figura 30

Vemos que, en términos generales, los planetas de la mujer y Marte del hombre tienden a evitarse, salvo cuando el planeta de la mujer es el propio Marte, en cuyo caso se observa una intensa atracción. Esto ya lo habíamos descubierto cuando disociamos los datos bajo el criterio de las conjunciones orientadas (figura 18). Entonces comprobamos que este efecto de atracción se restringía a aquellos contactos en los que Marte del hombre se sitúa antes que Marte de la mujer. Pero ahora sabemos algo más. Vemos que el efecto de atracción sólo tiene lugar cuando el orbe no es muy estrecho, porque en las distancias más cortas la tendencia es a evitarse.

En este caso, además, disociar los datos por la magnitud del orbe da mejores resultados que separarlos según el orden de los factores, porque aunque en el gráfico de conjunciones orientadas la desviación positiva de 26,4 correspondiente al contacto Marte-Marte en el armónico 2 era muy importante —de hecho la más importante de toda la muestra (tabla III)— en el gráfico de orbes disociados esta desviación se eleva hasta los 34,5 puntos, algo realmente extraordinario.

Mirando sólo el armónico 2 es imposible saber en qué medida han contribuido a este resultado las conjunciones naturales y en qué medida lo han hecho las oposiciones naturales. Para saber eso hay que investigar por separado las conjunciones y las oposiciones de orbe menor directamente en el armónico 1. Si lo hacemos así encontramos que las conjunciones naturales entre Marte del hombre y Marte de la mujer dentro de un orbe comprendido entre 3º 20' y 6º 40' presentan una desviación positiva de 37,9 puntos, mientras que las oposiciones naturales entre estos mismos planetas y con ese mismo orbe presentan una desviación positiva de 31,4 puntos. Con el orbe más reducido (0º - 3º 20'), sin embargo, las conjunciones naturales de Marte del hombre con Marte de la mujer presentan una desviación negativa de 23 puntos, mientras que las oposiciones muestran una desviación positiva de 8,3 puntos. Hay, por tanto, un fuerte efecto de atracción cuando Marte de la mujer y Marte del hombre se encuentran en torno a 5 grados (± 1º 40') de distancia del punto de conjunción o de oposición. El efecto inhibidor observado por debajo del orbe de 3º 20' procede únicamente de la conjunción, ya que en las oposiciones más cerradas el efecto, aunque más débil, es todavía de atracción.

Por otra parte, la idea sobre los aspectos mencionada más arriba (a saber, que la intensidad de una conjunción es inversamente proporcional a la distancia entre los planetas que la integran), aparentemente respaldada por la disociación de orbes practicada sobre el armónico 1, se ve aquí, sin embargo, seriamente comprometida. Obsérvese que el dominio de las barras claras sobre las barras oscuras se extiende a todos los contactos de Marte del hombre con cualquier planeta de la mujer. Pero esta predominancia de las barras claras no se limita tampoco a los contactos en los que interviene Marte, sino que, como veremos enseguida, aparece en otros muchos contactos.

Veamos, por ejemplo, qué ocurre con los contactos entre Venus de la mujer y los planetas del hombre (figura 31):

Figura 31

También aquí hay un notable predominio de las bandas claras sobre las bandas oscuras y, por tanto, una relevancia mayor de los contactos menos estrechos. La única excepción es la de Venus de la mujer con el propio Venus del hombre. Casi todas las desviaciones son positivas, es decir, casi todos los contactos de Venus de la mujer con algún planeta del hombre aumentan la atracción. Las pocas desviaciones negativas que se observan son insignificantes.

Para ver si esta tendencia dominante de los orbes menos estrechos sobre los más estrechos se extiende o no a la mayoría de los contactos debemos inspeccionar el gráfico de suma de todas las desviaciones sin signo (figura 32).

Figura 32

El gráfico no puede ser más elocuente. La actividad detectada en la zona que se corresponde con las conjunciones y oposiciones naturales en torno a cinco grados de distancia del punto de aspecto exacto es prácticamente el doble que la registrada en la zona que se corresponde con las conjunciones y oposiciones naturales a menos de 3º 20' del punto de aspecto exacto. Esto es particularmente cierto con los contactos en los que interviene alguno de los cuatro planetas más rápidos. El dato es tan contundente que no puede ser orillado como si se tratara de una simple anécdota y parece reclamar una revisión en profundidad de algunos conceptos fundamentales relacionados con la naturaleza, el modo de funcionamiento, el orbe y la intensidad de los aspectos.

Podemos preguntarnos si esta acumulación de efectos en torno a los cinco grados (± 1º 40') de distancia respecto de los puntos de conjunción y oposición natural no será una peculiaridad exclusiva de los aspectos heliocéntricos. Para resolver esta duda basta con aplicar el mismo tratamiento a la información procedente de los contactos geocéntricos. La suma de los porcentajes de desviación sin signo respecto de los valores esperados para los contactos geocéntricos del segundo armónico se muestra en la figura 33, para facilitar la comparación.

Figura 33

Aquí la concentración de efectos en los orbes menos estrechos sólo se observa inequívocamente en el caso del Sol. También se presenta con Saturno y muy tímidamente con Marte. En los otros tres planetas las bandas oscuras son mayores. Considerando el gráfico en su conjunto, parece que la tendencia dominante observada en relación con los contactos heliocéntricos no es extrapolable a los geocéntricos. Pero no abandonemos tan pronto la presa. Sabemos que las conjunciones del armónico 2 se nutren de conjunciones y oposiciones naturales. Veamos qué pasa si estudiamos cada uno de estos aspectos por separado. En la figura 34 se muestra la suma de desviaciones obtenida exclusivamente a partir de las conjunciones con los mismos orbes aplicados aquí al segundo armónico.

Figura 34

Ahora sí tenemos aquí de nuevo la misma tendencia dominante de los contactos menos estrechos sobre los más estrechos en todo su esplendor, y obtenida a partir de las posiciones geocéntricas de los planetas. Si no la vimos al principio fue porque en el grupo de las oposiciones geocéntricas esta misma tendencia no es dominante. Al mezclar conjunciones y oposiciones en un mismo gráfico (armónico 2) los datos menos estructurados de las oposiciones nos impidieron ver claramente lo que pasaba con las conjunciones.

Las conjunciones geocéntricas en torno a cinco grados de orbe prevalecen sobre las de orbe inferior a 3º 20' con todos los planetas, incluido Saturno, que fue la única excepción en el armónico 2 heliocéntrico. Parece, pues, que estamos ante un efecto muy real, observable tanto en coordenadas geocéntricas como heliocéntricas, aunque es posible que no sea de aplicación fuera del contexto de una sinastría. 

Ya sabemos cuál es la zona en la que "suceden más cosas", pero nos falta saber si lo que se da con más frecuencia en esa zona son fenómenos de atracción o de repulsión. Para despejar esta incógnita debemos consultar los gráficos de las sumas de las desviaciones con signo. En la figura 35 se da esta suma aplicada a las conjunciones geocéntricas de orbe menor (la que se corresponde con la figura 34) y en la figura 36 se da la misma suma aplicada a las conjunciones heliocéntricas del segundo armónico (la que se corresponde con la figura 32).

Figura 35

Figura 36

En el gráfico de las conjunciones geocéntricas (figura 35) todas las desviaciones de las barras claras son positivas y en el de las conjunciones heliocéntricas del segundo armónico (figura 36) lo son todas menos una. Esto significa que lo que se da con más frecuencia dentro de la zona declarada como "de máxima actividad" son fenómenos de atracción. Las barras oscuras registran desviaciones menos importantes, alternando positivas y negativas, atracciones y repulsiones menores.

También podemos comprobar el dominio abrumador de los orbes menos estrechos en el armónico 2 heliocéntrico consultando la Tabla VI, donde se incluye el listado ordenado de todas las conjunciones con desviaciones positivas o negativas por encima de 15 puntos.


Tabla VI

También en esta tabla el fondo verde claro corresponde a las conjunciones amplias y el fondo verde oscuro a las conjunciones estrechas. Pero téngase en cuenta que, en términos de conjunciones naturales, las conjunciones estrechas del armónico 1 incluyen tanto a las estrechas como a las amplias del armónico 2. Vemos que todos los contactos del armónico 2 que superan los 15 puntos de desviación positiva se mueven en la franja que se nutre de las conjunciones y oposiciones naturales entre 3º 20' y 6º 40' de orbe.

Damos a continuación toda la información relativa a los contactos del armónico 2 heliocéntrico reunida en una tabla, así como el desarrollo gráfico completo de la misma.


Tabla VII
Pulse sobre la tabla para verla ampliada

En cursiva van los orbes estrechos (0º - 6º 40'), en letra normal los orbes amplios (6º 40' - 13º 20') y en negrita el orbe total no disociado (0º - 13º 20'). Las desviaciones positivas por encima de 15 puntos van sobre fondo amarillo y las desviaciones negativas por encima de 15 puntos van sobre fondo rojo. El desarrollo gráfico de toda la tabla está disponible pulsando AQUÍ.

© 2014, Julián García Vara


lunes, 2 de diciembre de 2013

Aspectos heliocéntricos y formación de parejas


"Nacimos en la Tierra, no en el Sol". Este es el comentario que tengo que escuchar casi cada vez que alguien me ve trabajando con cartas heliocéntricas. Con esta simple frase pretenden dar por zanjada la cuestión de si tiene algún sentido o alguna utilidad mirar las cartas astrales que muestran las posiciones de los planetas tal como se ven desde el Sol en un momento determinado, por ejemplo en el instante en que nacimos o en cualquier otro que pueda vincularse con alguna técnica de prognosis (transitos, revoluciones, direcciones, progresiones, etc.).

Es cierto que nacimos en la Tierra, aunque no en toda ella ni en su centro, sino en un lugar muy determinado de la superficie de la misma. A pesar de eso, las posiciones de los planetas en el zodíaco se calculan para el centro de la Tierra (o el baricentro) y se toman así sin más para colocarlas en cualquier carta natal. Esto no representa un problema serio, porque la diferencia entre la proyección zodiacal de un planeta calculada desde el centro de la Tierra y la calculada desde cualquier punto de su superficie es normalmente despreciable, salvo en el caso de la Luna y, sobre todo, en el de Lilith. Como el foco vacío de la órbita de la Luna (Lilith) queda bastante más cerca de la Tierra que los planetas, puede alterar su posición varios grados según se lo considere desde el centro de la Tierra o desde un punto de su superficie, sobre todo si está cerca del horizonte del lugar de observación. Por eso ha surgido una corriente de astrología topocéntrica que nos viene a decir algo parecido a la frase con la que abrí este artículo: "Nacimos en un punto de la superficie de la Tierra, no en su centro".

La diferencia entre la posición zodiacal de la Luna medida desde el centro de la Tierra y su posición medida desde un lugar de su superficie se conoce como paralaje. Rara vez supera el medio grado de arco, pero esta pequeña magnitud puede ser suficiente para que la Luna cambie de signo o de casa. Además, medio grado de diferencia en la posición de la Luna supone alrededor de una hora de diferencia en el cumplimiento de sus revoluciones. Una revolución lunar puede cambiar bastante con esta diferencia de tiempo, puede tener otro ascendente y la mitad de los planetas estarán en otras casas. En las direcciones de claves lentas, como las que mueven los planetas natales a razón de un grado por año, medio grado son seis meses de diferencia en el cumplimiento de un aspecto. Estas técnicas pueden servir, por tanto, para poner a prueba las dos posiciones zodiacales de la Luna, con  paralaje o sin él. No he hecho un seguimiento sistemático de estas alternativas, pero he observado varios casos en los que los resultados fueron mejores ignorando el paralaje.

En los casos en que un sistema estrictamente geocéntrico da mejores resultados que uno topocéntrico se cumple que la referencia al centro de giro de un lugar supera a la referencia al propio lugar. En efecto, cualquier lugar de la superficie de la Tierra, definido por sus coordenadas geográficas, gira en torno al eje terrestre que, a su vez, pasa por el centro de la Tierra. Si a partir de una carta natal determinada la Luna sin paralaje da mejores resultados que con él, entonces la referencia al centro de giro supera a la referencia al lugar de nacimiento.

Como, por otra parte, la Tierra gira en torno al Sol, no debería asombrarnos tanto que, por lo menos en algunos casos, la referencia al Sol supere a la referencia a Tierra. Esto es exactamente lo que sucede con los resultados de las investigaciones de John Nelson a las que he aludido en varias entradas anteriores (especialmente en  Urano - Plutón, siete cuadraturas y una más y en Urano - Plutón, alta tecnología espacial). Los ángulos heliocéntricos de los planetas resultan más determinantes que los geocéntricos o topocéntricos en las perturbaciones de las transmisiones de radio de onda corta. Este es un efecto físico que se puede medir con el instrumental adecuado. Pero esta clase de efectos no forma parte del tipo de asuntos de los que se suele ocupar la astrología. Es una opinión muy generalizada entre los astrólogos que las cuestiones de las que se ocupa la astrología no se prestan a mediciones, pero creo que eso no es del todo cierto. Encontrar la manera de medir un "efecto" astrológico es, en la mayoría de los casos, muy difícil, y por eso la astrología no termina de convencer a quienes sólo se fían del método científico y sus valoraciones cuantitativas. Pero no es completamente imposible aislar algunos factores astrológicos y realizar sobre ellos ciertas mediciones que, aunque no tengan la precisión de la medida de un efecto físico, nos den, por lo menos, una idea cuantitativa aproximada de su actividad. A este respecto, mi banco de pruebas preferido es la comparación de las cartas natales de personas casadas entre sí o de parejas de larga duración. Es verdad que sobre este material no se puede medir cualquier cosa, pero tiene varias ventajas importantes sobre otros temas de estudio.

En primer lugar, se trata de una de las decisiones más importantes en la vida de las personas que la toman. Dos personas se han escogido la una a la otra como compañeros para toda la vida o, al menos, con vocación inicial de duración. Han optado por vivir "en la atmósfera del otro" y le han preferido sobre todos los demás habitantes del planeta.

En segundo lugar, se trata de un hecho bastante bien definido. En principio no parece que sea una cuestión de apreciación subjetiva decidir si dos personas están casadas o no lo están, aunque puedan estar más o menos unidas o ser más o menos felices.

En tercer lugar, tenemos algo que podemos medir con absoluta precisión: los ángulos que forman entre sí las posiciones de los planetas al cruzar las dos fechas de nacimiento. Podemos calcular cuál sería la distribución natural de estos ángulos en una muestra amplia de parejas establecidas al azar y compararla con la distribución observada en una muestra amplia de matrimonios reales.

En cuarto lugar, cualquier resultado estadísticamente significativo que pueda obtenerse a través de la comparación de las cartas natales de personas casadas entre sí reforzará la hipótesis de que estas personas fueron capaces de "reconocer" la presencia de algo ligado a las posiciones planetarias en sus respectivos nacimientos. Dicho de otra manera, si las cartas natales no condicionaran o reflejaran de alguna manera el modo de ser y actuar de las personas serían completamente irrelevantes en el proceso de elección de pareja y compararlas sería una pérdida de tiempo. Pero si esta comparación nos lleva a alguna parte es evidente que las cartas natales tienen que funcionar en alguna medida.

Siguiendo este hilo argumental, podemos mantener que si la comparación de las cartas natales heliocéntricas de personas casadas entre sí produce resultados significativos entonces es altamente probable que las cartas natales heliocéntricas funcionen.

Ya he dado en numerosas entradas de este blog bastante información sobre los aspectos encontrados al cruzar las cartas natales geocéntricas de 2823 matrimonios procedentes de los ficheros de Michel Gauquelin y he explicado también los procedimientos de análisis [* v. Apéndice 1]. Ahora voy a dar alguna información sobre los aspectos hallados al cruzar las cartas natales heliocéntricas de esas mismas parejas.

Vamos a considerar aquí únicamente los armónicos 1 y 2, que son los que se necesitan para registrar conjunciones y oposiciones. Los resultados se muestran de acuerdo con las convenciones definidas en este gráfico de intervalos armónicos:


Figura 1. Intervalos armónicos


Armónico 1 (Conjunciones, orbe 13º 20')

Comenzaremos con las conjunciones de Saturno del hombre con Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y el propio Saturno de la mujer en el primer armónico.

Figura 2

En el contexto de esta investigación el orbe considerado para una conjunción es de 13º 20'. Las bandas anaranjadas del gráfico muestran los porcentajes de desviación de los datos observados respecto de las frecuencias esperadas sin tener en cuenta la posición relativa de los planetas. No son desviaciones importantes, pero la mayor parte de ellas son negativas. Esto nos indica que los planetas heliocéntricos de la mujer y Saturno heliocéntrico del hombre muestran una leve tendencia a evitarse.

Pero si consideramos por separado las conjunciones en las que Saturno del hombre se sitúa en la zona de 13º 20' que preceden a la posición del planeta de la mujer (bandas azules en el gráfico) y las conjunciones en las que Saturno del hombre se encuentra en los 13º 20' que van después del planeta de la mujer (bandas rojas), entonces las desviaciones son mayores y más expresivas. En principio esto es algo normal, porque dividir los datos en dos categorías tiene un efecto parecido a reducir el tamaño de la muestra a la mitad. Cuanto más pequeña es una muestra más margen tiene el azar para provocar desviaciones caprichosas. Dicho de otra manera, la magnitud media de la desviación respecto de los valores esperados suele ser inversamente proporcional al tamaño de la muestra.

El principal interés de dividir los datos de esta manera es que nos permite localizar las conjunciones enantiodrómicas. La palabra 'enantiodrómico' significa "que corre en sentido contrario". Una conjunción entre dos planetas es enantiodrómica si tiene efectos contrarios según el orden de los factores. En el gráfico mostrado más arriba tenemos tres candidatos: Saturno/Mercurio, Saturno/Marte y Saturno/Saturno. De momento son sólo candidatos, porque la casualidad dispone a veces así las cosas, pero si en otras muestras sucediera lo mismo podríamos asumir con menos riesgo que se trata de conjunciones realmente enantiodrómicas.

Cuando las dos desviaciones opuestas que conforman una conjunción enantiodrómica tienen valores semejantes, al sumarlas con signo se cancelan mutuamente y dan la falsa impresión de que el aspecto es inactivo. En el caso de Saturno del hombre con Marte de la mujer el aspecto parece inactivo si desestimamos el orden de los factores, pero si lo tenemos en cuenta vemos que este aspecto puede ser el que más atracción provoca (si Marte de la mujer va hacia Saturno del hombre, según su movimiento natural en el zodíaco) o uno de los que provoca más rechazo (si Saturno del hombre va hacia Marte de la mujer, según el sentido de su movimiento natural en el zodiaco).

El mismo gráfico nos muestra que Saturno del hombre no sólo parece enfriar la relación cuando se dirige a Marte de la mujer, sino también cuando se dirige a (se sitúa antes de) Mercurio, Venus, la Tierra y, en menor medida, Júpiter de la mujer. Solo el propio Saturno de la mujer parece acoger bien a Saturno del hombre cuando este último va primero, pero tenemos problemas otra vez cuando va después.

Tomando como referencia Saturno de la mujer en relación con los seis planetas heliocéntricos más próximos al Sol tenemos el siguiente panorama:

Figura 3

El aspecto visual de este gráfico recuerda bastante al del gráfico anterior, con las bandas azules de todos los planetas en el lado izquierdo, excepto la de Saturno, pero aquí estamos ante algo diferente. Las bandas azules también aquí representan al planeta del hombre situado antes que el planeta de la mujer, pero ahora el planeta del hombre es uno diferente en cada caso y el de la mujer es siempre Saturno. Lo que tenemos, pues, es que cualquier planeta del hombre situado antes que Saturno de la mujer dificulta la relación, a menos que se trate del propio Saturno del hombre.

Debemos destacar que aquí las desviaciones son, en general, mayores que las registradas en el primer gráfico. Si allí la desviación más importante era de 13 puntos (Marte de la mujer / Saturno del hombre, en ese orden) aquí tenemos cuatro combinaciones con desviaciones entre los 16 y los 25 puntos. Concretamente la conjunción Venus del hombre / Saturno de la mujer -en ese orden- se presenta un 25 por ciento menos de lo que sería normal. Por el contrario, Saturno de la mujer / Venus del hombre -en ese orden- supera las expectativas en un 18 por ciento. Las dos desviaciones mayores se dan en la misma combinación de planetas, pero en direcciones opuestas. Aparentemente estamos ante una conjunción enantiodrómica en toda regla muy activa, que hubiera pasado desapercibida de no haber observado la diferencia en el orden de los factores.

Para hacernos una idea más precisa de la importancia de las desviaciones que acabamos de comentar es conveniente situarlas en el contexto general de todas las combinaciones planetarias. La siguiente tabla recoge los porcentajes de desviación respecto de los valores esperados para cada una de todas las conjunciones posibles entre los seis planetas considerados:

Tabla I
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Los números en cursiva representan contactos en los que el planeta del hombre va primero, los números en formato normal representan contactos en los que el planeta de la mujer va primero y los números en negrita representan contactos en los que el orden de los factores no se ha tenido en cuenta. Las desviaciones positivas por encima de los 15 puntos están destacadas sobre un fondo de alguna tonalidad amarilla. Las desviaciones negativas por encima de 15 puntos se destacan sobre un fondo de tonalidad rojiza.

De aquí en adelante usaré la expresión 'conjunciones orientadas' para referirme a los contactos en los que el orden de los factores se toma en cuenta. La tabla registra un total de 72 conjunciones orientadas, de las cuales solamente doce (la sexta parte) tienen valores por encima de los 15 puntos. Cuatro de esas doce (un tercio del total) caen en la columna de Saturno de la mujer. Dos de esas cuatro son positivas y corresponden a contactos en los que Saturno de la mujer va antes que el planeta del hombre; las otras dos son negativas y corresponden a contactos en los que Saturno de la mujer va después que el planeta del hombre. Además, dos de esas cuatro son combinaciones de Saturno de la mujer con Venus del hombre.

Venus del hombre también participa en cuatro conjunciones orientadas con desviaciones por encima de los 15 puntos, tres de las cuales están incluso por encima de 20. También aquí hay dos desviaciones positivas correspondientes a contactos en los que el planeta de la mujer va antes que Venus del hombre, y dos desviaciones negativas correspondientes a contactos en los que Venus del hombre va antes que el planeta de la mujer.

Otro planeta que se destaca es la Tierra. Observamos que siempre que un planeta cualquiera de la mujer que no sea la propia Tierra se sitúa antes que la Tierra del hombre la frecuencia de matrimonios se eleva y en tres ocasiones lo hace por encima de los 15 puntos. Si el planeta de la mujer es Marte la desviación supera los 25 puntos, que es la desviación positiva más alta de toda la tabla.

El comportamiento de la Tierra de la mujer es bastante diferente y, en términos generales, tiende a ser opuesto al de la Tierra del hombre. Si la Tierra del hombre se destaca por ser el planeta que acumula el mayor número de contactos con planetas de la mujer, la Tierra de la mujer se distingue por todo lo contrario: es junto con Saturno uno de los planetas que menos contactos hace con los planetas del hombre. 

El siguiente gráfico de porcentajes acumulados (con signo) muestra esto con toda claridad:

Figura 4
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Los histogramas correspondientes a cada uno de los seis planetas por separado puede verlos pulsando AQUÍ o bien consultarlos en el Apéndice 2, al final de este artículo. Una vez comprendida la forma en que se representa la información, lo mejor es dejar que los gráficos hablen por sí solos. 

En términos generales y con las excepciones que se observan en los gráficos pertinentes podemos observar que Marte del hombre y los planetas de la mujer tienden a evitarse, a menos que el planeta de la mujer sea el propio Marte. Por el contrario, Marte de la mujer y los planetas del hombre tienden más bien a buscarse. Los contactos de Mercurio, ya sea del hombre o de la mujer, tienden casi siempre a facilitar la relación.


Armónico 2 (Conjunciones y oposiciones, orbe 6º 40')

El armónico 2 no es independiente del armónico 1, ya que aproximadamente la mitad de las conjunciones incluidas en los intervalos del primer armónico se contabilizan de nuevo en los intervalos del segundo. Se diferencia del primer armónico en que el orbe de las conjunciones que contempla se reduce a la mitad, quedando así eliminadas todas las conjunciones de orbe amplio (entre 6º 40' y 13º 20') y conservando únicamente las más estrechas (entre 0º 0' y 6º 40'). A cambio de las conjunciones desestimadas incorpora oposiciones de orbe estrecho (también entre 0º 0' y 6º 40'). En realidad, desde el interior del armónico 2 las oposiciones del primer armónico son también conjunciones y eso es lo único que estamos midiendo aquí: las conjunciones del segundo armónico. Pero una conjunción del segundo armónico puede proceder tanto de una conjunción como de una oposición del primero.

Todas las oposiciones de orbe estrecho de una carta natal se muestran como conjunciones en el segundo armónico de esa carta. Dado que el Ascendente y el Descendente de cualquier carta natal están siempre en oposición exacta, ambos se funden en una conjunción exacta en el segundo armónico. En el esquema convencional de interpretación de cartas natales usado por la mayoría de los astrólogos estos puntos son las cúspides de la casa 1, que representa al YO, y la casa 7, que representa al TÚ, al otro, al cónyuge, a los asuntos relacionados con el matrimonio, entre otras cosas. Por tanto, podemos ver el segundo armónico como el lugar de encuentro entre el TÚ y el YO, que sería un caso particular del significado más general de este armónico, a saber, el lugar de encuentro de todos los opuestos. Digo esto como simple curiosidad que podrá ser apreciada por cualquier persona acostumbrada a tratar con la astrología, que supongo que son la mayoría de los que me leen. Pero si esto no tiene sentido para usted puede dejarlo de lado tranquilamente, ya que no forma parte de la investigación en sí. Concentrémos en los datos y en los procedimientos para procesarlos.

¿Cómo podemos saber si la posición de un planeta en el momento del nacimiento de una persona influye, condiciona, determina o interviene de alguna manera en su proceso posterior de elección de pareja? Antes de responder a esta pregunta imaginemos la siguiente situación:

Voy caminando en línea recta por el centro de una amplia avenida y muchas personas que no conozco pasan cerca de mí a uno y otro lado, en cualquier dirección. Los miro distraidamente y sigo mi camino sin alterar la trayectoria. De repente una persona a la que sí conozco y aprecio mucho y de la que no tenía noticias desde hacía tiempo hace su aparición a lo lejos, acercándose hacia mí por el lado derecho, pero sin dar síntomas de haberme visto. Entonces desvío mi trayectoria hacia la derecha para salirle al encuentro. Nos saludamos efusivamente, pero ambos tenemos cosas urgentes que hacer, así que quedamos en vernos más tarde y continuamos nuestro camino cada uno por su lado. Regreso al centro de la avenida y camino de nuevo en línea recta. Un poco más adelante veo que se acerca también por la derecha otra persona a la que conozco y que tampoco parece haberme visto, pero esta vez se trata de alguien que supone algún tipo de amenaza para mí, de modo que sería mejor evitar el encuentro. Entonces desvío mi trayectoria hacia la izquierda para alejarme de su campo de visión tanto como sea posible y dejar que pase de largo.

Podemos entonces decir que hay tres tipos de personas:
  1. Las que no provocan ningún cambio en mi conducta, no me afectan, no alteran mi trayectoria
  2. Las que me hacen desviar mi trayectoria para salirles al encuentro
  3. Las que me hacen desviar mi trayectoria para evitarlas
En nuestro estudio estadístico, la trayectoria en línea recta son los valores esperados, es decir, la frecuencia con que deberiamos encontrar una conjunción dada en el supuesto de que las posiciones de los planetas en el nacimiento de las personas no jueguen ningún papel en sus procesos de elección de pareja. En ese caso, un planeta natal de otra persona en conjunción con uno de mis planetas natales sería como una persona de tipo 1. Más concretamente, las personas de tipo 1 serían las desviaciones pequeñas respecto de los valores esperados. La tesis de los escépticos en relación con la astrología es que sólo existen personas de tipo 1.

Las personas de tipo 2 serían las desviaciones positivas significativas. Las personas de tipo 3 serían las desviaciones negativas significativas. Como la trayectoria puede alterarse de cualquiera de las dos maneras, por atracción o por repulsión, la suma de ambos tipos de efectos nos da una medida de la actividad de un planeta en relación con los demás, su relevancia respecto del asunto estudiado. Pero esta suma debe efectuarse sin signo. Una desviación positiva de +15 y otra negativa de - 10 suman 5 con signo, pero suman 25 sin signo. Aquí 25 es la suma de las alteraciones de la trayectoria.

El siguiente gráfico nos muestra esta suma de desviaciones sin signo para cada uno de los planetas de la mujer en contacto con todos los demás planetas del hombre en el segundo armónico:


Figura 5

Hay dos cosas que destacan en este gráfico. La primera es que, salvo en el caso de Mercurio de la mujer, las bandas azules de todos los demás planetas son considerablemente mayores que las rojas. Esto quiere decir que los contactos de los planetas de la mujer con los planetas del hombre situados antes del punto de aspecto exacto son bastante más determinantes que los contactos en que el planeta del hombre va después de ese punto.

Se aprecia también en este gráfico que el planeta de la mujer que se muestra como más decisivo es Saturno, pero sólo cuando el planeta del hombre va antes, es decir, cuando el planeta del hombre por su movimiento natural en el zodiaco se dirige hacia el punto de aspecto con Saturno de la mujer. Lo que este gráfico no nos dice es si la relevancia de Saturno de la mujer se debe más a su poder de atracción o a su poder de repulsión, ni tampoco si afecta por igual a cualquier planeta o sólo a algunos. Para saber eso debemos consultar el gráfico de Saturno de la mujer:

Figura 6

En este gráfico, Mercurio del hombre en relación con Saturno de la mujer sería un claro ejemplo de "persona de tipo 1" que ni apoya ni estorba. Pero Venus del hombre situado antes que Saturno de la mujer exhibe una desviación negativa muy importante. Alcanza nada menos que 35 puntos, un valor que está muy por encima de los observados en cualquier otra combinación tanto de este armónico 2 como del 1, tanto con los planetas heliocéntricos que estamos considerando aquí como con los geocéntricos que examinamos hace tiempo. Esto quiere decir que la frecuencia de matrimonios disminuye un 35 por ciento entre las personas que tienen sus planetas natales heliocéntricos dispuestos de esta manera: Venus del hombre en los 6º40' que preceden al punto de conjunción u oposición con Saturno de la mujer.

Como dije más arriba, el armónico 2 no es independiente del armónico 1 y, en efecto, ya en el armónico 1 habíamos encontrado que esta misma combinación reducía los matrimonios en un 25 por ciento, pero en el armónico 2 se eleva hasta el 35. Si en lugar de las posiciones heliocéntricas de estos dos planetas tomamos sus posiciones geocéntricas el resultado es una reducción en la frecuencia de los matrimonios por debajo del 4 por ciento en el armónico 1 y del 5 por ciento en el armónico 2. Por consiguiente, este contacto es mucho más determinante en su versión heliocéntrica.

Saturno heliocéntrico de la mujer también tiende a evitar a Júpiter y a Marte del hombre.

Veamos ahora la suma de porcentajes de desviación sin signo para cada planeta del hombre:

Figura 7

También aquí se aprecia —y en este caso sin ninguna excepción— que las bandas azules son mayores que las rojas. El planeta heliocéntrico del hombre más decisivo en el proceso de elección de pareja es Venus cuando se sitúa antes que un planeta de la mujer, con bastante ventaja sobre todos los demás, pero esa ventaja se debe sobre todo a la desviación de 35 puntos en su contacto con Saturno de la mujer comentado más arriba.

Los contactos de Venus de la mujer con planetas del hombre (véase el gráfico en el Apéndice 2) son todos positivos con la única excepción de Marte del hombre situado antes. Las tendencias de los contactos de Marte son también muy claras. Marte de la mujer atrae casi siempre a los planetas del hombre, pero Marte del hombre repele casi siempre a los planetas de la mujer. Un caso aparte es el contacto en el que ambos ponen a Marte, que resulta ser el que presenta la desviación positiva más alta de todas las combinaciones, es decir, el que produce la atracción más intensa. En la siguiente tabla se muestran juntos todos los porcentajes de desviación, resaltando sobre fondo rojo las desviaciones negativas por encima de 15 puntos y en amarillo las positivas por encima de 15 puntos.

Tabla II
Pulse sobre la tabla para verla ampliada

El desarrollo gráfico completo de esta tabla en forma de histogramas puede verlo pulsando AQUÍ o bien consultarlo en el Apéndice 2.


Comparación de aspectos geocéntricos y heliocéntricos

La siguiente tabla es un listado ordenado de todas las conjunciones heliocéntricas, vistas como tales desde el interior de los armónicos 1 y 2, que superan los 15 puntos de desviación positiva o negativa en nuestra muestra de 2823 matrimonios. 


Tabla III
Conjunciones armónicas heliocéntricas

Todas las conjunciones de este listado son orientadas, lo que significa que el orden de los factores cuenta y es el que se muestra. Las abreviaturas de los nombres de los planetas formadas por tres letras mayúsculas representan a un planeta natal del hombre y las que sólo llevan en mayúscula la inicial representan a un planeta natal de la mujer. Sobre fondo azul van todas las conjunciones en las que el planeta del hombre va antes que el de la mujer y sobre fondo rojo van aquellas en las que el planeta de la mujer va primero.

Hay un total de 26 combinaciones, 19 desviaciones positivas y 7 negativas.

¿Qué sucede si en lugar de utilizar las posiciones heliocéntricas de los planetas usamos sus posiciones geocéntricas? Para poder hacer una comparación equilibrada tenemos que sustituir las posiciones de la Tierra heliocéntrica por las del Sol geocéntrico, las cuales, dicho sea de paso, son exactamente las mismas en el segundo armónico, debido a que siempre están en oposición exacta en el primero. Y para que el número de combinaciones sea el mismo dejaremos a un lado la Luna. Con estas condiciones obtenemos el siguiente listado de conjunciones geocéntricas orientadas con desviaciones superiores a los 15 puntos:


Tabla IV
Conjunciones armónicas geocéntricas

Aquí tenemos 19 combinaciones, 9 con desviaciones positivas y 10 con desviaciones negativas. 

Salta a la vista que, en igualdad de condiciones, el grado de actividad detectado en la comparación de cartas heliocéntricas es superior al detectado en la comparación de cartas geocéntricas. No se trata de una impresión personal, sino de un dato avalado con cifras:
  • 26 combinaciones por encima de los 15 puntos con cartas heliocéntricas frente a 19 con cartas geocéntricas
  • Una horquilla de variación de 61,7 puntos en las cartas heliocéntricas (desde -35,3 hasta +26,4) frente a una horquilla de variación de 45,4 en las cartas geocéntricas (desde -23,7 hasta +21,7)
  • Una desviación acumulada de 508,6 puntos con cartas heliocéntricas frente a los 357 puntos de las cartas geocéntricas.
  • Una desviación positiva máxima de 26,4 en las cartas heliocéntricas frente a una desviación positiva máxima de 21,7 en las cartas geocéntricas.
  • Una desviación negativa máxima de -35,3 en las cartas heliocéntricas frente a una desviación negativa máxima de -23,7 en las cartas heliocéntricas.
Además de todo esto, tenemos el hecho de que la mayoría de las desviaciones mayores con las cartas heliocéntricas son positivas, lo que significa que actúan como factores de atracción con mucha más frecuencia que como factores de repulsión, cosa que no sucede con las cartas geocéntricas.

Podemos concluir que, por lo menos en esta muestra y en relación con las conjunciones de los dos primeros armónicos, las cartas heliocéntricas se muestran más determinantes en el proceso de elección de pareja que las cartas geocéntricas.



Apéndice 1.
Datos originales, instrumentos y procedimientos de análisis:

Los planetas en el matrimonio (1). Planteamiento. Informa sobre los procedimientos seguidos para calcular los valores esperados, teniendo en cuenta las curvas de disponibilidad de los datos y de diferencias de edad.

Los planetas en el matrimonio (2). Conjunciones. Expone los orbes considerados y los métodos de tratamiento de la información.

Matrimonio.Sinopsis estadística. Se explica cómo leer los gráficos de resultados estadísticos.

Los planetas en el matrimonio (5). Intervalos armónicos. Se define la técnica de los intervalos armónicos como sistema de clasificación de los datos en compartimentos discontinuos.

Cronos 1.3. Programa de cálculos astrologicos utilizado para determinar las posiciones de los planetas y procesar estadísticamente la información. Es un programa para MS-DOS. Necesitará un emulador del DOS, tipo DOSBox o similar para que funcione en Windows.

Matrimonios Gauquelin. Ficheros de datos natales de las 2823 parejas en formato apto para visualizar las cartas natales y procesarlas estadísticamente con el programa Cronos 1.3.

ppp.hms, PPP.STD:  Ficheros de control con 16112 fechas de nacimiento ficticias atribuidas a hombres casados imaginarios.

mmm.hms, MMM.STD: Ficheros de control con 16112 fechas de nacimiento ficticias atribuidas a mujeres casadas imaginarias.

padresg.hms, PADRESG.STD: Fichero de datos natales de los 2823 hombres casados de la muestra.

madres.hms, MADRESG.STD: Fichero de datos natales de las 2823 mujeres casadas de la muestra.

Los ficheros con extensión .hms están en formato de texto. Pueden verse en bloque con el Bloc de notas o cualquier otro editor de texto o bien acceder a cada carta de una en una desde el interior del programa Cronos 1.3

Los ficheros con extensión .STD son binarios. Sólo se puede acceder a ellos desde el interior del programa Cronos 1.3

Para poder acceder a estos ficheros desde el interior del programa Cronos 1.3 deben copiarse en la misma carpeta en la que se encuentre el programa.


Apéndice 2.
Gráficos de contactos planetarios en los armónicos 1 y 2

Pulse sobre las imágenes para ver los gráficos

ARMÓNICO 1

Figura 8. Saturno A1
Figura  9. Júpiter A1
Figura 10. Marte A1
Figura  11. La Tierra A1
Figura 12. Venus A1
Figura 13. Mercurio A1
Figura 14. Suma con signo A1
Figura 15. Suma sin signo A1

ARMÓNICO 2
Figura 16. Saturno A2
Figura 17. Júpiter A2
Figura 18. Marte A2
Figura 19. La Tierra A2
Figura 20. Venus A2
Figura 21. Mercurio A2
Figura 22. Suma con signo
Figura 23. Suma sin signo


© 2013, Julián García Vara