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jueves, 1 de diciembre de 2011

Arcos con hoja de cálculo


Las cartas de transformaciones de arcos que he utilizado en varios artículos de este blog se obtienen a partir de unas fórmulas bastante sencillas que ya fueron oportunamente expuestas e ilustradas en más de una ocasión (por ejemplo, en Arcos de Venus en sinastría, para los arcos que no cruzan el grado cero de Aries, y en Arcos de Venus complementarios para los que sí lo cruzan). En otro artículo posterior (Transformaciones de arcos sin cálculos) expliqué un truco para simplificar la tarea de hallar el número del armónico necesario para levantar la carta, con ayuda de un programa de cálculo de direcciones simbólicas. No obstante, debo admitir que ese método simplificado es un poco farragoso y, además, no ahorra mucho tiempo. Una solución más elegante, sencilla, clara, precisa, rápida y eficaz consiste en utilizar una hoja de cálculo que haga todo el trabajo.

He diseñado una primera versión de un instrumento de ese tipo utilizando el conocido programa OpenOffice, que tiene sobre otros paquetes semejantes la poco desdeñable ventaja de ser gratuito. La hoja de cálculo para obtener fácilmente los armónicos necesarios para las transformaciones de arcos puede descargarse de estos enlaces:


Los dos enlaces conducen a la misma hoja de cálculo, pero en dos formatos diferentes. El primero es el más recomendable. No permite escribir nada en las casillas que no están destinadas a introducir datos. De ese modo se evitan desconfiguraciones accidentales de las fórmulas de cálculo. Si desea hacer modificaciones formales o estructurales a la hoja (cambiar los colores, añadir o suprimir planetas, puntos, fórmulas, etcétera) primero tendrá que desproteger la hoja. Para ello abra el menú desplegable "Herramientas", escoja "Proteger documento" y desmarque la casilla de verificación asociada a "Hoja".

Si por alguna razón no dispone de OpenOffice podrá, de todos modos, abrir la hoja de cálculo con Excel o algún programa similar. Pero esto no le servirá de mucho, porque lo más probable es que estos programas interpreten los códigos de protección de OpenOffice como indicadores de que el documento es "sólo de lectura". En ese caso utilice la versión sin protección del segundo enlace.

Esta hoja consta de cinco pestañas, etiquetadas en la parte inferior izquierda con los nombres de "Dos planetas", "1 carta gc", "1 carta hc", "2 cartas gc" y "2 cartas hc". La primera de ellas es de propósito general, es decir, sirve para calcular cualquier transformación de arcos, ya sea directa (sin cruzar el cero de Aries) o inversa (cruzando el cero de Aries), ya sea tomando dos planetas de una misma carta o cada uno de ellos de una carta diferente. Lo único que se requiere es conocer la posición de los dos planetas (su longitud ecliptica) en formato sexagesimal y con precisión de segundos de arco. Una vez introducida esa información (en las celdas C4-C7 y D4-D7) veremos instantáneamente en la celda C12 el número del armónico que hemos de usar para levantar la carta de transformación del arco (directo) y en la D12 el armónico correspondiente a la transformación del arco complementario (inverso). Podemos usar "Copiar y pegar" para trasladar estos números de armónicos al programa que hayamos escogido para ver la carta (ZET, SolarFire, Astrolog) asegurándonos de que los formatos de la hoja de cálculo y del programa son congruentes (es decir, que ambos separan la parte entera de la decimal con una coma o ambos con un punto -con el ZET no es necesaria esta precaución, porque admite los dos formatos).

Podemos introducir los planetas en cualquier orden sin que varíe el resultado final, porque el programa ya se encarga de comprobar cuál de los dos tiene la posición más adelantada. De esta forma, podemos cambiar uno cualquiera de los dos planetas por otro sin preocuparnos de si el nuevo planeta mantiene o no la misma posición relativa que tenía el primero con el que conservamos.

La segunda pestaña, "1 carta gc", está diseñada para calcular automáticamente todas las transformaciones de arcos posibles entre los diez planetas generalmente incluidos en una carta astral geocéntrica convencional. Pero no hace solamente esto. También calcula los armónicos necesarios para obtener los armónicos planetarios de Greig y la primera revolución armónica de cada planeta y de cada arco entre dos planetas. Se observará que en los listados de revoluciones armónicas se incluyen armónicos dextrógiros que, como su nombre indica, son aquellos que mueven a los planetas en la dirección de las agujas del reloj. No hay, sin embargo, ningún programa comercial ni de libre distribución que calcule armónicos dextrógiros. Si introducimos esos valores en uno de los programas mencionados más arriba calculará el armónico levógiro del mismo número. Los aspectos que hacen entre sí los planetas en dos armónicos (levógiro y dextrógiro) del mismo número son los mismos, pero no ocupan los mismos lugares del zodiaco en ambas cartas. Aquí no puedo extenderme más sobre ese asunto. Quien lo encuentre confuso puede ignorar, de momento, estas revoluciones armónicas.

La tercera pestaña. "1 carta hc" hace lo mismo que la segunda, pero a partir de las posiciones heliocéntricas de los planetas. Se reserva espacio para la posición heliocéntrica de la Luna porque varios programas la suministran y, aunque su distancia a la Tierra vista desde el Sol suele ser muy pequeña, no lo es tanto como para no provocar variaciones importantes en algunas cartas armónicas. 

Las pestañas cuarta y quinta calculan transformaciones de arcos entre planetas procedentes de dos cartas distintas, geocéntricas y heliocéntricas respectivamente.

Si nos hemos tomado la molestia de introducir las posiciones de todos los planetas de una o de dos cartas seguramente no querremos tener que volverlo a hacer si más adelante queremos consultar de nuevo sus transformaciones de arcos. En ese caso, lo mejor es guardar una copia de la hoja de cálculo con el nombre de la persona cuya carta acabamos de investigar, usando la opción "Guardar como..." del menú Archivo.

Espero que con estas breves indicaciones y un poco de práctica sea suficiente para sacar provecho de esta hoja de cálculo. Si, a pesar de todo, alguien encuentra que no logré explicar algún punto con la suficiente claridad o me olvidé de mencionar alguna cosa puede hacer uso de los comentarios para indicármelo y con mucho gusto corregiré o ampliaré lo que sea necesario.

© 2011, Julián García Vara


domingo, 13 de noviembre de 2011

Ciclos armónicos



La noción de 'Ciclo Armónico' ha sido ya introducida por mí en este blog de Cadencias microcósmicas en la entrada que publiqué el 22 de abril de 2010 con el título Transformaciones de arcos. Ya en ese artículo mostré que tanto los armónicos planetarios de Greig como las transformaciones de arcos de Williamsen se pueden subsumir en una categoría superior que hace superfluas esas denominaciones específicas y abarca un rango mayor de posibilidades. Esa categoría no es otra que la de ciclo armónico.

Para entender cabalmente esta noción debemos tratar de pensar en los armónicos de una forma diferente a la que los pocos textos que se han ocupado hasta ahora de este tema nos tienen acostumbrados. Lo habitual es introducir la idea de "carta armónica" desde un punto de vista estático y discreto, que sería conveniente sustituir por un punto de vista dinámico y continuo.

En el modelo estático de los armónicos se sobrentiende que los planetas permanecen quietos a lo largo de una sucesión de cartas armónicas, ocupando siempre el mismo lugar del cielo, aunque ese lugar cambie de denominación en cada una de las cartas armónicas. Así, por ejemplo, el lugar ocupado por un planeta situado en el zodiaco 20 grados después del punto vernal se llama "20 de Aries" en el armónico 1, pero ese mismo lugar se llama "10 de Tauro" en el armónico 2. Eso no significa que el planeta haya tenido que desplazarse 20 grados desde su posición en el primer armónico para alcanzar su nueva posición en el segundo armónico; lo que sucede es que hemos cambiado el sistema de medir su posición. En cada armónico usamos una escala de medida diferente para definir una posición planetaria que es siempre la misma.

El modelo discreto de los armónicos los ordena en una sucesión de números enteros positivos. Cada armónico propiamente dicho es el resultado de dividir los 360 grados del círculo por un número entero. El resultado de esta operación es, al mismo tiempo, la medida en grados de un aspecto asociado a ese armónico. El número entero utilizado para definir y calcular cada armónico es, al mismo tiempo, el número de "grados pequeñitos" que vamos a incluir en el espacio de un "grado normal" para redefinir las posiciones de los planetas en la nueva escala de medida; y es, también, el número de "zodiacos pequeñitos" que vamos a incluir en el espacio de un "zodiaco normal".

Pero todo esto, a fin de cuentas, sólo es una ficción útil para poder formarnos una imagen de lo que estamos haciendo cuando trabajamos con cartas armónicas. Los mismos procedimientos de cálculo pueden mantenerse inalterados mientras, por otra parte, sustituimos la ficción derivada del modelo estático y discreto por otra ficción más útil derivada de un modelo dinámico y continuo.

En el modelo dinámico de los armónicos la sucesión de posiciones planetarias a lo largo de una serie ascendente de cartas armónicas se concibe como si se tratara de un desplazamiento real sobre un único zodiaco que no varía de tamaño de unos armónicos a otros. Si combinamos este modelo dinámico con el enfoque de progreso discreto a través de una sucesión de armónicos, el resultado será que los planetas avanzarán a saltos. En el ejemplo dado más arriba, tendríamos un planeta dando saltos de 20 grados para avanzar desde un armónico cualquiera hasta cada uno de los siguientes. Otro planeta situado, por ejemplo, a 10 grados de Acuario avanzaría a grandes zancadas de 310 grados por armónico. Esto no parece demasiado natural; en cualquier caso, no es así como se desplazan los planetas en tránsito.

El modelo de sucesión continua a través de una secuencia de armónicos cubre gradualmente todo el espacio intermedio entre las distintas posiciones de un planeta en una serie de armónicos enteros consecutivos. Para ello debe dar cabida a los números fraccionarios como divisores válidos del círculo en el proceso de cálculo de armónicos. De este modo, podemos pensar en el progreso de los planetas a través de los armónicos como en un desplazamiento fluido, continuo y natural a través de un "zodiaco normal". A su vez, esta forma de pensar en los armónicos abre el camino a la noción de Ciclo Armónico de un planeta como el número de armónicos que separa dos pasos sucesivos del planeta por un mismo grado del zodiaco o de cualquier otro círculo de referencia. 


¿Cómo se determina el valor exacto del ciclo armónico de un planeta?

Lo único que necesitamos saber es cuántos grados por armónico recorre ese planeta. Esto se descubre con mucha facilidad. Todo lo que tenemos que hacer es expresar la posición inicial del planeta en grados absolutos medidos desde cero de Aries. La cantidad de grados contenida en esa posición inicial absoluta es igual a lo que podríamos llamar la unidad de desplazamiento armónico de ese planeta. El valor del ciclo armónico de un planeta es igual a 360 dividido por su unidad de desplazamiento armónico.

Así, por ejemplo, si en una carta natal tenemos el Sol a 23º 45' de Virgo determinaremos así su ciclo armónico:
  • Expresamos 23º 45' de Virgo en grados absolutos. Para ello contamos los grados que hay desde cero de Aries hasta 23º 45' de Virgo, que son cinco signos de 30 grados cada uno más 23º 45'. En total, 173º 45' (ó 173,75 en expresión decimal). Podemos decir que, en esta carta, la unidad de desplazamiento armónico del Sol es 173º 45'.
  • Dividimos 360º por la unidad de desplazamiento armónico. 360 / 173,75 = 2,0719424. El ciclo armónico del Sol en esta carta es, pues, 2,0719424
¿Por qué son importantes los ciclos armónicos? 
  1. Los ciclos armónicos son importantes porque tienen la maravillosa propiedad de poder entrar en resonancia con ciclos astronómicos. Esto permite utilizarlos como cronómetros para determinar momentos específicos en que ciertos aspectos entre planetas u otros puntos sensibles de la carta natal pueden entrar en actividad. Los armónicos adquieren, así, una dimensión temporal.
  2. Los ciclos armónicos no sólo tienen la capacidad de desplegarse secuencialmente a través del tiempo (acción diacrónica) sino que también pueden manifestarse concentrados en un momento único (acción sincrónica) como osciladores o patrones de vibración.
  3. Los ciclos armónicos son importantes porque permiten unificar una serie de técnicas astrológicas de interpretación, predicción y análisis de sucesos, aparentemente distintas y desconectadas, bajo un único concepto que las engloba a todas como simples variaciones de un principio común.
  4. Los ciclos armónicos son importantes porque nos descubren nuevas posibilidades de profundización en la interpretación de las cartas astrales, nuevas técnicas de predicción y de análisis de sucesos y nuevos recursos para el estudio detallado de las relaciones humanas a través de la sinastría.
  5. Los ciclos armónicos son importantes porque demuestran que una carta radical no es una entidad estática, inalterable y pasiva, sino algo vivo, activo, dinámico, flexible, en continua vibración y evolución. No es "un sello" o "una impronta", como se dice a veces, sino la continuación de un impulso inicial que se despliega rítmicamente en múltiples direcciones a lo largo de la vida del nativo y aún más allá. Es un conjunto de "biorritmos" determinados a partir de todos los puntos sensibles de una carta natal que constituyen un auténtico microcosmos con sus propios movimientos cíclicos.
¿Por qué hay medir los ciclos armónicos desde el grado cero de Aries?

La experiencia demuestra que los ciclos armónicos medidos desde el grado cero de Aries en el zodiaco tropical son eficaces. Esto no excluye la posibilidad de que existan conjuntos adicionales de ciclos armónicos operativos medidos a partir de algún otro punto. De hecho, todo ciclo armónico se define siempre a partir del arco comprendido entre dos puntos; uno de esos puntos puede ser el grado cero de Aries y el otro un planeta, pero también puede tratarse de dos planetas o del Ascendente y un planeta o de cualquier otra combinación entre dos puntos sensibles de una carta natal.

¿Cómo se despliega en el tiempo un ciclo armónico?

Los ciclos armónicos se despliegan en el tiempo entrando en resonancia con ciclos astronómicos. Esto significa que, en principio, podemos poner en correspondencia cualquier ciclo armónico con cualquier ciclo astronómico, por ejemplo, el ciclo armónico de Júpiter en una carta natal con el propio ciclo astronómico de revolución de Júpiter en torno al Sol de 11,86 años. Esto provocará que Júpiter se mueva en el interior de su propia carta armónica a una velocidad muy parecida a la que se moverá por tránsitos en el cielo, porque las dos instancias de Júpiter (física y armónica) tendrán que recorrer el mismo espacio en el mismo tiempo y partiendo del mismo punto de partida. La diferencia es que el planeta real variará su velocidad en función de la distancia a la Tierra y alternará periodos de movimiento directo con periodos de retrogradación, mientras que el planeta armónico se moverá siempre directo y a una velocidad constante, como si siguiera una órbita perfectamente circular en cuyo centro exacto se situara la Tierra. 

Se observará que en una ecuación como la que acabo de sugerir (un ciclo armónico de Júpiter = un ciclo astronómico de Júpiter) se genera una dualidad entre un planeta "verdadero" y un planeta "medio" semejante a la que existe entre el nodo "verdadero" (true) y el nodo "medio" o entre Lilith "verdadera" y Lilith "media". Y, en efecto, esto es así, con la salvedad de que nuestro Júpiter "medio" toma como punto de partida de su movimiento su posición "verdadera" en el radix. Pero no debemos dejarnos seducir por las palabras y entender que si uno de estos puntos o planetas es calificado de "verdadero" eso significa que el otro debe ser "falso" o, por lo menos, "menos verdadero", una mera aproximación a la posición "verdadera" que sería la única real, digna de entera confianza y preferible en todo caso. Varios astrólogos han manifestado que obtienen mejores resultados con el nodo medio o con Lilith media que con sus equivalentes "verdaderos" y yo debo sumarme ahora a ellos al afirmar que he obtenido algunos resultados mucho más precisos en el tiempo, coherentes en su significado y espectaculares en la intensidad del efecto usando esta variante de Júpiter armónico de movimiento medio en lugar de su posición verdadera, tal como viene registrada en las efemérides para las mismas fechas y espero poder mostrar en breve algún ejemplo de esto.

No obstante, no he experimentado mucho con ecuaciones entre ciclos armónicos de planetas y sus respectivos ciclos astronómicos. La mayor parte de mi experiencia se ha centrado en las ecuaciones:
  • un ciclo armónico planetario = un año (periodo de traslación de la Tierra)
  • un ciclo armónico de 0 Aries = un año.
  • un ciclo armónico planetario = un día (periodo de rotación de la Tierra)
  • un ciclo armónico de 0 Aries = un día.
Por "ciclo armónico de 0 Aries" entiendo aquí básicamente los armónicos de la edad. El grado cero de Aries es "el nodo norte del Sol", en el sentido de que representa el punto donde se cruzan dos círculos máximos: el Ecuador Celeste y la Eclíptica. Puede ser tratado, por tanto, de la misma manera que los nodos de la Luna o cualquier otro punto sensible de la carta. Se han desarrollado varias técnicas sobre la base de desplazar el punto 0 de Aries a través del zodiaco a diferentes ritmos durante toda la vida del nativo (El Punto de la Edad de Frankland, la espiral evolutiva de 0 Aries de Sinesio Ródenas, los ciclos de vida del punto Aries de Hannan, etc). Ahora bien, si defendemos la conveniencia de medir los ciclos armónicos desde el grado cero de Aries, se nos presenta un problema cuando el punto a medir desde ahí es el propio grado cero de Aries. La unidad de desplazamiento armónico sería 0, pero dividir 360 por 0 produce un error. Una solución a este problema consiste en considerar dos instancias sucesivas del punto vernal como los extremos del arco a definir, de tal manera que a la primera le adjudiquemos valor 0 (comienzo de ciclo) y a la segunda valor 360 (final de ciclo). Visto así, la unidad de desplazamiento armónico será 360 y el ciclo armónico de 0 Aries será 1 (360 / 360). Nada más natural que poner este ciclo armónico en correspondencia con el año trópico, porque este último consiste precisamente en el tiempo transcurrido entre dos pasos sucesivos del Sol por el grado cero de Aries. Dado que este ciclo armónico tiene valor 1, la ecuación "un ciclo armónico de 0 Aries = un año" se puede abreviar como "un armónico = un año", que es la idea básica sobre la cual se montaron los armónicos de la edad. Por consiguiente, los armónicos de la edad sólo son un caso particular de ciclo armónico.


Por otra parte, como dijimos más arriba, la fórmula para calcular los armónicos planetarios de Greig es exactamente la misma que se utiliza para calcular un ciclo armónico planetario. Y la fórmula de Williamsen para calcular una transformación del arco entre dos planetas es exactamente la misma que se utiliza para calcular un ciclo armónico de dos planetas. Por consiguiente, los armónicos planetarios y las transformaciones de arcos sólo son casos particulares de ciclos armónicos.


Resonancias de ciclos simples y compuestas.


Las resonancias de ciclos no solamente se producen entre dos ciclos simples, sino también entre un ciclo simple y otro compuesto o entre dos ciclos compuestos. Podemos, por tanto, explorar distintas combinaciones tanto de ciclos astronómicos entre sí como de ciclos armónicos con ciclos astronómicos. Algunas de estas posibles combinaciones están incorporadas desde hace mucho tiempo al instrumental de que se vale un astrólogo para aventurar un pronóstico, analizar un hecho o rectificar una hora de nacimiento. Así, por ejemplo, podemos citar:
  • Una rotación de la Tierra en torno a su eje = Una revolución de la Tierra en torno al Sol. Esta es la conocida ecuación de un día = un año sobre la que trabaja la técnica de las progresiones secundarias.
  • Una rotación de la Tierra en torno a su eje = Una revolución de la Luna en torno a la Tierra. Es decir, un día = un mes lunar trópico. Sobre esta ecuación descansa la técnica denominada direcciones terciarias.
  • Una revolución de la Luna en torno a la Tierra = Una revolución de la Tierra en torno al Sol. O un mes trópico = un año trópico, correspondencia que define las llamadas direcciones terciarias menores.
  • Un ciclo armónico planetario = 360 años. Sobre esta ecuación descansa -aunque nadie parece haberse dado cuenta- la antigua técnica de desplazar un planeta a razón de un grado por año, modernamente conocida como direcciones simbólicas. Puesto que el ciclo armónico de un planeta es el número de armónicos que necesita atravesar para recorrer los 360 grados del círculo zodiacal, si lo ponemos en correspondencia con un ciclo compuesto de 360 años el planeta recorrerá un grado por año. De la misma manera, si lo ponemos en correspondencia con un ciclo de 12 años, el planeta recorrerá todo el círculo en ese mismo tiempo, moviéndose a razón de un signo por año. A esta última correspondencia se la conoce con el nombre de profecciones, pero no son otra cosa que direcciones simbólicas de clave 12. Otro nombre antiguo para ciertas variantes de las direcciones simbólicas es el de atacires. Aunque yo mismo he propuesto en otro lugar denominar Direcciones simbólicas de clave armónica a todas aquellas que mueven los planetas según una clave anual equivalente al resultado de dividir los 360 grados del círculo por cualquier número entero, lo cierto es que todas estas denominaciones ("direcciones simbólicas", "profecciones", "atacires") resultan en realidad superfluas y podrían etiquetarse bajo una denominación común que hiciese evidente su profundo parentesco o identidad última y contribuyese a hacer más transparente el concepto sobre el que se basan estos procedimientos. Una opción interesante es denominarlas genéricamente "Direcciones armónicas" y especificar a continuación la ecuación que corresponda. Podemos, por tanto, definir las direcciones armónicas como el resultado de poner en correspondencia un ciclo armónico (simple o compuesto) con un ciclo astronómico (simple o compuesto).
© 2011, Julián García Vara.


jueves, 22 de abril de 2010

Transformaciones de arcos


Las cartas armónicas de transformación de arcos fueron introducidas por James S. Williamsen y Ruth E. Williamsen en su obra conjunta Astrologers Guide to the Harmonics (1977). La idea básica que conduce a la construcción de estas cartas es muy similar a la que más tarde llevaría a John E. Greig a formular su concepto de armónico planetario, tal como lo expone en Astrology and planetary harmonics (1979). Como ya hemos visto en las entradas anteriores, Greig utiliza una carta armónica adicional para cada planeta, cuyo número armónico se calcula dividiendo 360 por la longitud eclíptica del planeta en grados absolutos. Se podría decir que las cartas armónicas de transformación de arcos de los Williamsen son "armónicos planetarios de dos planetas a la vez". Se calculan dividiendo 360 por el arco comprendido entre dos planetas cualesquiera de la carta natal. A la inversa, podríamos también decir que los armónicos planetarios de Greig son cartas armónicas de transformación del arco comprendido entre el punto vernal y algún planeta de la carta natal.

Ambos conceptos están tan íntimamente relacionados que fácilmente podemos reducir uno cualquiera de ellos al otro y simplificar las cosas prescindiendo del que menos nos guste. Sería posible, incluso, prescindir de ambos a la vez, porque hay otro concepto más amplio que los incluye como simples casos particulares de una serie mayor. Me refiero a la noción de ciclo armónico. El ciclo armónico de un planeta se calcula por la misma fórmula que su respectivo armónico planetario. El ciclo armónico de dos planetas se calcula por la misma fórmula que su respectiva carta armónica de transformación del arco. Pero cuando se trata de ciclos, el valor obtenido a partir de esas fórmulas es únicamente el primero de la serie de todos los múltiplos de ese valor. Los demás valores de la serie se van utilizando sucesivamente según un ritmo uniforme que se despliega en el tiempo de la vida del nativo.

Usaremos un ejemplo sencillo, para que se entienda mejor lo que acabo de decir. Supongamos que en una carta natal encontramos a Júpiter a 0º de Leo. En grados absolutos, 0º de Leo se expresa como 120º. El armónico planetario de este Júpiter se calcula dividiendo 360 por 120, que da como resultado 3. Greig usará el armónico 3 como carta armónica planetaria de Júpiter.

Supongamos ahora que en la misma carta el Sol está a 0º de Tauro, que en grados absolutos es 30º. El arco comprendido entre Júpiter y el Sol es la diferencia en grados absolutos entre ambos, es decir, 120 - 30 = 90. La carta armónica de transformación del arco Sol/Júpiter se obtiene dividiendo 360 por el valor de ese arco (90). Por tanto, 360 / 90 = 4. Los Williamsen (o Willianson, como se les llama a veces en algunas referencias) usarán el armónico 4 como carta de transformación del arco Sol/Júpiter. En el armónico 4 el Sol estará a 0º de Leo (30 * 4 = 120) y Júpiter también estará a 0º de Leo (120 * 4 = 480; 480 - 360 = 120). El arco Sol/Júpiter en el interior del armónico 4 vale 0 (120 - 120 = 0). Por tanto, un arco natal de 90 grados se ha transformado en uno de 0 grados. De aquí procede la denominación de "carta de transformación del arco". De lo que se trata, pues, es de buscar la primera carta armónica en la cual dos planetas cualesquiera de la carta natal forman una conjunción. Esa carta armónica será interpretada como un cuadro descriptivo de la forma en que la persona se las arregla para integrar la energía de los dos planetas. El grado en el que los dos planetas hacen esta conjunción armónica tiene un valor semejante al del punto medio entre esos dos planetas. En este ejemplo se da la rara circunstancia de que ese grado es el mismo que ya ocupaba Júpiter en la carta natal, pero esto no es lo habitual. Sin embargo, esa coincidencia nos viene bien para percatarnos de otra cosa.

Hemos visto que el armónico planetario de Júpiter es el 3 y que su posición en el armónico 4 es la misma que ocupaba en la carta natal. Obsérvese que la carta natal es el armónico 1. Por tanto, hay 3 armónicos de diferencia entre las dos cartas que contienen a Júpiter en la misma posición. No podía ser de otra forma, porque el ciclo armónico de Júpiter, como también hemos dicho, tiene el mismo valor que su armónico planetario, es decir, mide 3 armónicos. Así pues, sumando 3 armónicos a la carta natal obtenemos la carta correspondiente a la primera revolución armónica de Júpiter (armónico 4). Sumando a éste último otros 3, tendremos la carta correspondiente a la segunda revolución armónica de Júpiter (armónico 7), y así sucesivamente.

Ahora bien, el armónico planetario de Júpiter es el 3, pero su primera revolución armónica se da en el armónico 4. No son, por tanto, la misma carta. La posición de Júpiter en el armónico 3 es 0º de Aries y en el armónico 4 es 0º de Leo. Pero ya he repetido varias veces en este blog que hay dos maneras distintas de enfocar los armónicos de la edad. Una de ellas se origina en el armónico 0 y la otra en el armónico 1. En el armónico 0 Júpiter -al igual que cualquier otro planeta- está siempre a 0º de Aries. En su propio armónico planetario, Júpiter -al igual que cualquier otro planeta- está también siempre a 0 de Aries. Esto es porque todo armónico planetario es, al mismo tiempo, la primera revolución armónica de ese planeta en el sistema de armónicos de la edad de origen 0. Como el ciclo armónico de Júpiter es 3, Júpiter estará a 0 de Aries en el armónico 3 y en todos sus múltiplos (3, 6, 9, 12, 15, etc.). Pero si partimos del armónico 1, los armónicos en los que Júpiter volverá a ocupar el grado 0º de Leo se obtienen sumando 1 a cada valor de la serie anterior (4, 7, 10, 13, 16, etc.)

Algo semejante sucede con las transformaciones de arcos. En nuestro ejemplo, el armónico 4 es el primero que pone al Sol y a Júpiter en conjunción. Pero también todos los múltiplos de 4 contendrán esa misma conjunción, aunque normalmente se producirá cada vez en un grado diferente. Así, por ejemplo, en el armónico 8 la conjunción Sol/Júpiter se dará a 0º de Sagitario. La serie de armónicos que contienen esta conjunción es 4, 8, 12, 16, 20, etc. ¿Qué sucede si sumamos 1 a cada valor de esta serie? Sucede que obtenemos cartas armónicas en las cuales el arco entre el Sol y Júpiter es el mismo que tenían en la carta natal. Todo esto se debe a que el ciclo armónico de Sol/Júpiter mide cuatro armónicos.

En consecuencia, podemos ampliar los armónicos planetarios de Greig con otros obtenidos por la suma de una unidad y podemos también ampliar las transformaciones de arcos de Williamsen con otras obtenidas por la adición de una unidad.

Para simplificar las cosas he usado posiciones planetarias que sólo requieren el uso de armónicos enteros, pero lo más frecuente es que sea necesario usar armónicos fraccionarios. Los principales programas de cálculos astrológicos que incluyen la opción de las transformaciones de arcos de Williamsen (Solar Fire, Kepler, etc.) utilizan la fórmula indicada más arriba (360 / arco) que da lugar, casi siempre, a un armónico fraccionario. Sin embargo, dado que la teoría armónica primitiva prohibía el uso de los armónicos fraccionarios, al principio se usaron como cartas de transformación de arcos únicamente aquellos armónicos enteros que dejaban a los dos planetas implicados lo más cerca posible. La limitación a los armónicos enteros, que constriñó igualmente los primeros tanteos con armónicos de la edad, fue la principal causa de que no se percibiera la relación de las técnicas de Williamsen y Greig con los ciclos armónicos.

© Julián García Vara, abril, 2010


domingo, 18 de abril de 2010

Armónicos planetarios en acción



Así como he defendido que los armónicos de la edad + 1 dan más y mejores resultados que los armónicos de la edad sin el incremento de una unidad, digo también -aunque con menos firmeza, porque he hecho menos comprobaciones- que la primera revolución armónica de un planeta (de su posición en el armónico 1) nos da más información sobre los asuntos asociados a ese planeta que el correspondiente armónico planetario según la fórmula de Greig.

Es natural que así sea, porque los armónicos planetarios de Greig son las primeras revoluciones armónicas dentro del sistema de armónicos de la edad sin incremento (las que repiten la posición del planeta en el armónico cero). Y las primeras revoluciones armónicas propiamente dichas (las que repiten la posición del planeta en el armónico uno) serían los equivalentes a los armónicos planetarios de Greig, trasladados al sistema de armónicos de la edad + 1.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Alan Turing, a quien ya hemos dedicado varios artículos en este blog. Chris Mitchell, en su comentario al armónico 5 de Alan Turing, escribe:

"Alan era un hombre tímido y tartamudeaba al hablar, de modo que a veces tenía dificultades para comunicar sus acciones (Mercurio opuesto a Marte)."

Alan Turing

La expresión "comunicar sus acciones" resulta un poco extraña. Uno esperaría encontrar, más bien, algo como "comunicar sus pensamientos" o "comunicar sus sentimientos". Da la impresión de que la elección de estas palabras ha estado guiada -más aún, forzada- por el deseo de justificar las dificultades de expresión de Turing mediante el aspecto que une a Mercurio con Marte en su quinto armónico. "Marte" puede traducirse fácilmente por "acciones", pero no tanto por "pensamientos" o "sentimientos". Es posible que esta oposición del quinto armónico tenga algo que ver con su problema, pero, en principio, el quinto armónico no guarda una relación directa con las habilidades oratorias. Puesto que la palabra es un atributo de Mercurio, los armónicos planetarios de Mercurio o sus primeras revoluciones armónicas podrían contener alguna clave que nos ayude a comprender su tartamudez.

La longitud eclíptica geocéntrica de Mercurio en la carta natal de Alan Turing es 8º 00' 49" de Cáncer. Para calcular su armónico planetario al estilo de Greig, debemos dividir 360 por la posición de Mercurio en grados absolutos y en expresión decimal. El Astrolog32 nos da la opción de mostrar directamente los datos en el formato que necesitamos para llevar a cabo esta operación. Para ello sólo tenemos que desplegar el menú Settings, escoger Chart Settings y marcar dentro de Display Format la tercera opción: Longitude 360 decimal degrees. Después de hacer esto, veremos que la posición de Mercurio queda como 98,0135558. Entonces dividimos 360 por ese valor y obtenemos 3,672961. Nos vamos de nuevo al menú Setting y escogemos esta vez Calculation Setting y en la casilla Harmonic Chart Factor escribimos el resultado de nuestra operación. (No olvide que para que todo funcione correctamente debemos usar un punto en lugar de una coma para separar la parte entera de la decimal en el número del armónico: 3.672961). Después nos vamos otra vez a Chart Settings para restablecer el formato de grados y minutos de un signo, marcando la primera opción Longitude zodiac position. Y eso es todo. Ya debemos tener a la vista el armónico planetario de Mercurio de Alan Turing, según la fórmula de Greig, que es el que se muestra abajo.

Alan Turing. Armónico 3,672961


Encontramos a Mercurio en conjunción con la Luna y sin aspectos problemáticos. La carta contiene algunas oposiciones, como la de Saturno a Urano y la de Marte a Venus/Plutón. Como Mercurio es "el dueño" de toda la carta, todo lo que hay en ella le concierne de algún modo. La oposición de Saturno y Urano enlaza a dos planetas que estaban ya en trígono en la carta natal (armónico 1), lo cual sugiere que la dialéctica entre lo viejo y lo nuevo, las tendencias conservadoras y las innovadoras, que en su interior se armonizan fácilmente, se transforma en una tensión difícil de superar cuando se ve precisado a comunicarse. Urano es un planeta bastante impaciente, mientras que Saturno siempre necesita "tomarse su tiempo" para madurar sus decisiones. El conflicto entre estos dos planetas, traducido al terreno del pensamiento y el habla que "gobierna" Mercurio, representa una tensión entre la necesidad de decir inmediatamente lo que se piensa sin cortapisas ni demoras y la de ponderar minuciosamente las palabras para no decir lo que no conviene o no es oportuno. El tartamudeo, por supuesto, puede adoptar muchas formas distintas y obedecer a razones diferentes, pero su apariencia general es la de un impulso a hablar que es frenado antes de completarse y que no se resigna a la frustración total y pugna una y otra vez contra otro impulso de sentido contrario que parece preferir callar. Esto es Urano atrapado en la jaula de Saturno. Este Urano está, además, en Tauro, el signo de la compulsión a la repetición, por lo que sus impulsos se renovarán obstinada y hasta rítmicamente; pero está también en la casa 12, sector de las inhibiciones y los complejos.

Veamos ahora qué sucede si consultamos la carta de la primera revolución armónica de Mercurio geocéntrico en el sistema de armónicos de la edad + 1. Lo único que tenemos que hacer para hallar el número del armónico que le corresponde es sumar 1 a la carta anterior:

3,672961 + 1 = 4,672961

Con sólo cambiar el 3 por un 4 en la casilla de Harmonic Chart Factor obtenemos esta otra carta:

Alan Turing. Armónico 4,672961


Aquí tenemos al propio Mercurio enfrentado por oposición a una estrecha conjunción de Saturno con Marte que le aflige desde la casa 8. Urano interviene también en la configuración, enlazándose por trígono a Mercurio y por sextiles a Saturno y Marte. La oposición de Saturno a Mercurio puede representar una obstrucción al libre curso del pensamiento y de la expresión, debido a fuertes inhibiciones, temores, escrúpulos morales, sentimientos de culpa y a la permanente sensación de que uno va a ser juzgado severamente por sus palabras. El discurso puede ser lento, monótono, calculado o simplemente abortado. Pero la presencia del trígono de Urano a Mercurio le brinda el apoyo necesario para no dejarse abrumar por los recelos de Saturno y atreverse a expresarse incluso con urgencia. El resultado es muy parecido al del análisis que hicimos de la carta anterior, porque allí Urano se enfrentaba a Saturno en el contexto de una "carta de Mercurio" y aquí Mercurio se enfrenta a Saturno apoyado por Urano en el mismo contexto. Pero si hacemos abstracción del contexto y nos fijamos principalmente en Mercurio, la primera carta no sugiere problema alguno relacionado con el habla, mientras que en la segunda esa posibilidad salta inmediatamente a la vista, por la oposición de Mercurio con los dos tradicionales "maléficos".

En cualquier caso, las dos cartas contienen mucho más de lo que aquí he comentado muy someramente. Confío, no obstante, en que sirvan como ilustración tanto del método de cálculo como de la potencia o utilidad de este recurso para profundizar en áreas específicas de la interpretación.


viernes, 16 de abril de 2010

Armónicos planetarios



Ya he hablado de los armónicos planetarios de Greig en la entrada titulada Cadencias microcósmicas del pasado 16 de marzo y también he incluido un texto suyo sobre el tema en la página de Astrodigitalia ( Armónicos planetarios según John E. Greig). Allí nos resume Greig la cuestión en los siguientes términos:
"De alguna manera surgió la idea de que no había razón por la que no debiera considerar una posición planetaria como indicadora de un armónico particular con el que el planeta "vibraría" en el círculo zodiacal. Así, un planeta a 22° de Leo "vibraba" con el armónico relacionado con la posición de 22° de Leo en ese círculo. Parece lógico que dividir los 360° del círculo por esta posición en longitud absoluta produciría el armónico de 22° de Leo y un planeta en esta posición estaría, por tanto, en "vibración" con ese armónico."

Un planeta a 22º de Leo, por cierto, estaría a dos grados del aspecto de biquintil con el punto vernal septentrional o cero de Aries. Los biquintiles pertenecen a la serie del 5 y, por tanto, se transforman en conjunciones en el armónico 5. Pero si dividimos 360 por los 144 grados de que consta un biquintil obtenemos como resultado 2,5. En efecto, el armónico fraccionario 2,5 es el primer armónico donde dos planetas en biquintil forman una conjunción. El armónico 5 sólo es el segundo y, después de él, todos los demás múltiplos de 2,5 contendrán la misma conjunción, suponiendo que el biquintil fuera exacto.

Supongamos, entonces, que alguien naciera con Mercurio a 24º 00' de Leo (144 en grados absolutos). Lo que nos dice Greig es que todo planeta situado 144 grados después del origen del zodíaco vibra con el armónico 2,5. Pero nos dice todavía algo más. Puesto que el armónico 2,5 es el que vibra específicamente con tal planeta (Mercurio, en nuestro ejemplo), éste planeta se convierte en dueño de ese armónico, de tal manera que todos los demás planetas del armónico 2,5 se subordinan a él y funcionan como matices de la energía de ese planeta.

Nosotros podríamos añadir -ya que Greig no lo menciona- que también debería suceder algo semejante con todos los armónicos múltiplos de este primero, a saber: el 5, el 7,5, el 10, el 12,5, etc. En todos ellos, al igual que en el 2,5, la posición ocupada por Mercurio será 0º de Aries. Pero Greig nos oculta este dato y vuelve a dibujar a Mercurio en 24º de Leo también en el armónico 2,5. No nos da ninguna explicación de por qué hace esto. Greig ideó sus armónicos planetarios como cartas auxiliares que ayuden a profundizar en la comprensión de los detalles del funcionamiento de la energía específica de cada planeta. Se comprende, pues, que no debió gustarle mucho encontrar que la posición de todos y cada uno de los planetas de cualquier carta en su propio armónico planetario es siempre la misma, sea cual sea el planeta y esté donde esté en la carta natal; siempre es 0º de Aries. Esto no parece convenir a su propósito de trazar cartas fuertemente marcadas por una idiosincrasia única relacionada con cada planeta. En el armónico planetario de Mercurio, por ejemplo, es natural atribuir la máxima importancia al lugar ocupado por el propio Mercurio; en el de Venus al de Venus, y así sucesivamente. Pero si ese lugar es siempre el mismo, sea cual sea el planeta o sea cual sea la carta de partida, todos estos armónicos planetarios estarían contando básicamente la misma historia, que es todo lo contrario de lo que él buscaba. Su solución: "dejemos al planeta donde estaba".

Pero si lo pensamos bien, veremos que en la carta natal (armónico 1) el planeta estaba "en cualquier parte del zodíaco", mientras que en su armónico planetario está nada menos que en el mismísimo Punto Vernal, la cúspide del signo de Aries y el comienzo del zodíaco. ¿Hay algún lugar en todo el zodíaco que otorgue más protagonismo a un planeta que ese? Recordemos que 0º de Aries y 0º de Libra no son simplemente puntos donde comienzan signos, sino que son, por decirlo así, los Nodos del Sol (los puntos en que la órbita aparente del Sol se cruza con el Ecuador Celeste). Por tanto, manteniendo al planeta en el lugar que realmente le corresponde ocupar en su propia carta armónica (el 0º de Aries) no se disminuye ni su importancia ni su significado. Otra cosa es que no se deba perder de vista la posición de Mercurio en la carta natal a la hora de integrar toda la información sobre este planeta.

Al aplicar la técnica de los armónicos de la edad a casos como el de los premios Nobel de Marie Curie o las bodas de Carlos de Gales tuvimos necesidad de averiguar la duración del ciclo armónico de algunos planetas. Para ello, dividimos 360 por la longitud del planeta en grados absolutos. Un armónico planetario se obtiene, según Greig, dividiendo 360 por la longitud del planeta en grados absolutos. Es exactamente la misma fórmula; por consiguiente, el valor de un armónico planetario equivale a la longitud del ciclo armónico del mismo planeta.

Así, por ejemplo, el ciclo armónico de un planeta a 0º de Cáncer (90 grados absolutos) es 4 (360/90). En el armónico 4 y en todos los múltiplos de 4 ese planeta estará a 0º de Aries (4, 8, 12, 16, etc.). Sumando 1 a cualquier armónico de la serie anterior obtendremos el valor de un nuevo armónico en el que el planeta ocupará la misma posición que en la carta natal (armónico 1). Esta segunda serie de armónicos corresponde a las sucesivas revoluciones armónicas del planeta (5, 9, 13, 17, etc.). Podemos entonces concebir un armónico planetario de Greig como la primera revolución armónica de un planeta dado en una serie que comienza en el armónico cero. ¿Qué significa esto?

Ya vimos que hay dos maneras de enfocar los armónicos de la edad. Una de ellas toma directamente la edad de una persona como número del armónico que le corresponde en un momento determinado. Como la edad de un recién nacido es cero, en este sistema hay que partir del armónico cero. En el armónico cero, todos los planetas están a cero de Aries. Cada planeta volverá a estar a cero de Aries en su propio armónico planetario, el cual es, al mismo tiempo, su primera revolución armónica dentro de este sistema.

La otra manera de usar los armónicos de la edad es partiendo del armónico 1 (que es la carta natal) y añadiendo un armónico por cada año de vida. En este sistema, la primera revolución armónica se produce, lógicamente, en el primer armónico mayor que 1 en el que el planeta vuelve a ocupar la misma posición que tenía en la carta natal. Este armónico se obtiene dividiendo 360 por la longitud del planeta en grados absolutos y sumando 1 al resultado. O, lo que es lo mismo, sumando 1 a su armónico planetario de Greig. Creo que esta revolución armónica tiene tanto derecho al rango de armónico planetario como la que se origina en el armónico cero.

Visto de esta manera, los armónicos planetarios de Greig son una mezcla de dos revoluciones armónicas primitivas, pues su procedimiento equivale a tomar la posición del planeta de referencia de su primera revolución armónica de origen 1 y el resto de las posiciones planetarias de la revolución armónica de origen 0.

Pero según lo dicho, todas las revoluciones armónicas, no sólo las primeras, tienen igual derecho al título de armónicos planetarios. Sin embargo, es de esperar que la primera tenga raíces más profundas, debido a que es la que se experimenta antes en el tiempo según la secuencia de los armónicos de la edad y a que las experiencias más tempranas, como demuestra la psicología evolutiva, son las que producen una impresión más fuerte y duradera. Y también porque pueden jugar un papel análogo al de los números primos en las series de armónicos; todos los armónicos que son múltiplos de algún número primo remiten a éste como fuente última de su significado.

Lo que yo he añadido a los armónicos planetarios de Greig es, pues, lo siguiente:

(1) No sólo vale como armónico planetario el resultado de dividir 360 por la longitud en grados absolutos de un planeta dado, sino también todos los múltiplos de este valor, aun cuando posiblemente el primero de la serie sea el más relevante.

(2) También valen como armónicos planetarios todos los que resultan de sumar 1 a cualquiera de los mencionados en el apartado anterior (serie de revoluciones armónicas de la posición natal). También en este caso podemos presumir que la primera revolución sea la más determinante.

(3) Para el cálculo de los armónicos planetarios, al igual que para el de ciclos armónicos con el que están indisolublemente ligados, son válidas no sólo las longitudes geocéntricas de los planetas sino también las longitudes heliocéntricas.

(4) Todo lo anterior es válido no sólo en relación con los habituales ciclos zodiacales levógiros, sino también con los menos usados ciclos armónicos dextrógiros.

Estas aseveraciones, no obstante, son, más que nada, conclusiones teóricas, todavía muy insuficientemente comprobadas en la práctica. Se ofrecen como una guía para experimentar.

Al final de la entrada anterior mostré un ejemplo poco desarrollado de primera revolución armónica dextrógira de Venus heliocéntrico del reverendo Jim Jones, tratada como armónico planetario de ese Venus. En una próxima entrada veremos otro ejemplo más sencillo, pero con más detenimiento.


© 2010, Julián García Vara



lunes, 12 de abril de 2010

La fatal seducción de Venus



El pasado verano se estrenó en USA la pelicula Orphan (La huérfana) de Jaume Collet-Serra, que trata de una niña llamada Esther, aparentemente dulce y sensible, con notables aptitudes para la pintura y la música, retraída y diferente a los otros niños que conviven con ella en un orfanato a la espera de ser adoptados. Un matrimonio que acaba de perder a una hija antes siquiera de que llegara a nacer busca consuelo en la adopción de esta niña tan encantadora, la cual, finalmente, resulta ser una hábil manipuladora de sentimientos y una asesina en serie extremadamente cruel.



En lenguaje astrológico podríamos decir que por debajo de un Venus claramente manifiesto se oculta alguna configuración complicada de planetas "duros" y aspectos "difíciles". Esther es un personaje de ficción, sin carta natal conocida, pero de Isabelle Fuhrman -que es quien la interpreta- sí sabemos que nació el 25 de febrero de 1997. En esa fecha el Sol estaba en Piscis, en orbe de conjunción con Venus, y la Luna estaba en Libra, una combinación encantadora de sensibilidad, belleza y armonía. Pero también había una oposición de Saturno con Marte, superpuesta al eje de los nodos y formando parte de una configuración en la que intervienen Plutón y Urano. Este cuadro es bastante más duro e inquietante que la imagen sugerida por las luminarias. No hace falta decir que Isabelle Fuhrman no es Esther, pero algo de su personaje debe tener cuando fue escogida para encarnarlo entre otras muchas candidatas.

Como tantas veces se ha repetido, la realidad supera con creces a la ficción; en efecto, tenemos un personaje real que, a decir de T. Patrick Davis, usó su Venus para persuadir a cerca de un millar de personas a quitarse voluntariamente la vida mediante la ingestión de una bebida envenenada. Pat Davis, en el contexto de una serie de ejemplos sobre progresiones heliocéntricas de Venus incluidos en su libro Revolutionizing Astrology with Heliocentric, nos lo explica con las siguientes palabras:

REVERENDO JIM JONES: LIDER DE SECTA
Nacido el 13 de mayo de 1931 en Lynn, Indiana (40N03-84W36) a las 10:00 p.m. CST de acuerdo con su certificado de nacimiento. Su carta ha sido rectificada a las 9:53 p.m.*
[*Aunque la autora consigna 84W36 como longitud geográfica de Lynn, el dato correcto es 84W56. En realidad, parece que Jones tampoco nació en Lynn, sino en Crete, una localidad cercana desde la cual su familia se trasladó a Lynn durante la infancia de Jim Jones. Las coordenadas de Crete, Indiana, son 84º 51’ 42” W, 40º 02’ 36” N. (Nota mía)]


Carta "geoheliocéntrica" de Jim Jonesdibujada por la mano de T. Patrick Davis, según su particular estilo.
Cada planeta aparece dos veces, una en su posición geocéntrica y otra en su posición heliocéntrica. Los planetas heliocéntricos se distinguen por un punto en trazo grueso. El Sol y la Luna se muestran sólo una vez, en su posición geocéntrica. La pareja Tierra/Luna heliocéntrica es omitida.
Este es otro caso que muestra la progresión de Venus heliocéntrico al Sol; los resultados fueron completamente distintos que en los ejemplos anteriores – pero aun así, la correspondencia del aspecto con la situación puede apreciarse cuando se examina la historia.
El 18 de noviembre de 1978 en Jonestown, Guyana, en torno a las 5:15 p.m. AST, el reverendo Jim Jones echaba una mirada sobre los cuerpos de sus casi novecientos seguidores que se habían suicidado en masa con cianuro a instancias suyas. A continuación se disparó en la cabeza.
Aunque estaba fuertemente drogado al comienzo de la espeluznante escena que conmocionó al mundo, fue lo suficientemente consciente de que él podía usar su considerable poder de persuasión sobre las dóciles almas de quienes le habían entregado sus fortunas y le habían seguido fuera de los Estados Unidos no mucho antes a fin de establecer una colonia religiosa.




Se debe observar que en la carta de Jones, el Sol está en el signo de Tauro regido por Venus; el Sol está en su propia casa natural, la quinta; el Sol es regente de Leo, que se encuentra en la cúspide de la octava casa.
Era un descubrimiento asombroso, totalmente inesperado, encontrar que este acontecimiento completamente increíble había coincidido con la progresión de Venus heliocéntrica sobre su Sol. Venus se había trasladado desde su posición natal en la segunda casa hasta los 22º 05’ de Tauro: una conjunción con su Sol a 22º 24’ de Tauro. Aparte de ésta, la única progresión que afectaba a su Sol era la del propio Sol que se había desplazado hasta la semicuadratura. Jones tenía cuarenta y siete años y medio de edad.
Como puede verse en los ejemplos anteriores, el significado de esta importante progresión, Venus-a-Sol, no es definitivamente una provocación al suicidio – lejos de eso. Esta coincidencia con tal evento debe atribuirse a otros factores en su carta y su disposición – fuertemente paranoica en ese tiempo. Ciertamente, el aspecto no ayuda a describir la excepcional posición de poder que recientemente había alcanzado sobre las mentes, los recursos y las vidas de sus seguidores. Él los gobernaba como un señor feudal.
El principio del placer de Venus y sus atractivas cualidades se unían con el afán de poder y de notoriedad que se asocian con el Sol. Se informó que Jones había disfrutado este drama al comprobar el inmenso poder que tenía sobre sus seguidores. Se regodeaba con que su impacto sobre estas personas fuera tan grande que estuvieran dispuestas, incluso dirigiéndose ansiosamente al lugar donde se preparaba y distribuía la bebida con mezcla de cianuro, a tomarla y ponerla en la boca de sus hijos y luego en la propia.
Es evidente que sus seguidores fueron cegados por las emanaciones de su esencialmente hermosa influencia. Utilizó esto para empujarlos a verle como Dios (Sol) y reiteradamente manifestó su gran amor (Venus) hacia todos ellos. Con monótonas entonaciones, les aseguró una y otra vez que irían todos juntos al cielo y vivirían en el paraíso. Estos son hechos conocidos; constituyen también una vívida demostración de la efectividad de Venus heliocéntrico aspectando al Sol como una fuerza magnética.
¿Podría una carta mostrar de alguna forma la inclinación de una persona a persuadir a cerca de novecientas almas para que cometan suicidio? No lo creo. Otros nacieron hacia el mismo tiempo que Jones; su contribución a la historia de la locura humana es única - ¡afortunadamente!
Hay una estructura de fuerzas en su carta que merece ser comentada. Empecemos con Mercurio y Neptuno geocéntricos. Ambos están en intensificadas posiciones estacionario-directas y en un trígono estrecho el uno con el otro. Las implicaciones de esta configuración son generosamente acentuadas por Mercurio heliocéntrico en la casa 12 (el hogar natural de Neptuno) en Sagitario. Este Mercurio en casa 12 teje una red por varios rincones de la carta y conecta con muchas otras posiciones planetarias. Con esta disposición de energías, uno puede fácilmente creerse inspirado por la divinidad. Este tipo de convicciones han provocado demasiados acontecimientos que han traído más sufrimiento que felicidad a lo largo de la historia. Esto puede conllevar terroríficas consecuencias.
La sensibilidad de este Mercurio heliocéntrico en casa 12 se muestra a través de los tránsitos del día de los hechos. Mercurio heliocéntrico natal, a 18º 00’ de Sagitario, estaba siendo transitado por Neptuno geocéntrico y heliocéntrico a 17º y 18º de Sagitario y por Mercurio geocéntrico a 18º de Sagitario.
Con toda la configuración de fuerzas de Mercurio-Neptuno desafiada a encontrar soluciones a problemas mientras bajo la influencia de Mercurio-Neptuno se consumen drogas, no hay forma de predecir qué tipo de solución debería de repente parecer ser la respuesta correcta.
ALGUNAS DE LAS PROGRESIONES PARA EL 18 DE NOVIEMBRE DE 1978.
MC 12º 33’ Sagitario
Luna 15º 43’ Capricornio
Ascendente 28º 48’ Acuario
helio Venus 22º 05’ Tauro
geo Venus 19º 05’ Géminis
Sol 7º 54’ Cáncer
geo Mercurio 8º 58’ Cáncer
helio Mercurio 12º 26’ Cáncer
geo Marte 11º 03’ Virgo
helio Marte 14º 57’ Libra


(T. Patrick Davis, Revolutionizing Astrology with Heliocentric, pp.68 y ss.)



Además de cuanto expone Pat Davis, había otros tránsitos que ella no menciona, como el del nodo norte de la Luna pasando por el grado de Marte heliocéntrico natal, el de Saturno heliocéntrico transitando en cerrada oposición a Venus heliocéntrico natal y en conjunción a Neptuno, o el de Marte geocéntrico sobre la cúspide de la casa 12. Por armónicos de la edad + 1, Marte cruzaba la cúspide de la casa 8.

Pero, aparte de todo eso, podemos preguntarnos qué papel jugó exactamente Venus heliocéntrico en el desencadenamiento de la tragedia. Algunos pensarán que la coincidencia con la progresión de Venus es anecdótica y que los verdaderos operadores astrológicos deben ser otros. Pero también es posible que haya algo en el Venus heliocéntrico de Jim Jones que lo haga particularmente peligroso y capaz de manifestaciones muy distintas a las que este planeta nos tiene acostumbrados. ¿Cómo podemos saberlo?

Los armónicos nos brindan recursos para profundizar en el estudio de planetas específicos mediante cartas completas que se refieren principalmente a ellos. Los más destacables son los armónicos planetarios de Greig y las primeras revoluciones armónicas. De los primeros ya he hablado en una entrada anterior y de las segundas espero hacerlo en una próxima, pero por hoy y para no alargar esto con detalles técnicos, me limitaré a mostrar una de estas cartas armónicas, que se refieren específicamente al Venus heliocéntrico de Jim Jones.



Primera revolución armónica dextrógira
de Venus heliocéntrico de Jim Jones.


La carta mostrada arriba puede considerarse un modulador de la energía de Venus heliocéntrico, que absorbe dentro de sí la configuración total de la carta y la adhiere como uno de los patrones de estilo bajo los cuales puede manifestarse. Hallamos a Plutón, Saturno y Neptuno conjuntos entre sí y al Ascendente, todos ellos en oposición a Tierra/Luna y en cuadratura con Urano y con Júpiter. Venus, Marte y Mercurio enlazan con la Gran Cruz mediante sextiles y trígonos, de modo que ningún planeta queda al margen de la trama.

Esta carta puede describir a una persona cuyo principal objeto de amor es él mismo (énfasis en el Ascendente), que ama o busca amor por motivos económicos o con afán de posesión (Venus en casa 2), con gran capacidad de manipulación (Plutón/Saturno/Neptuno-Tierra/Luna) y tendencias autodestructivas (Plutón/Saturno/Ascendente). Los aspectos tensos que dominan esta "carta de Venus" pueden indicar un estado interior altamente conflictivo y problemático, intenciones ocultas y ambiciones escondidas bajo una aparente dulzura. Sé que es fácil decir todo esto cuando ya se conoce el caso, pero aunque no lo conociéramos no me resulta fácil imaginar muchas cartas tan duras como ésta.

© 2010, Julián García Vara