domingo, 13 de noviembre de 2011

Ciclos armónicos



La noción de 'Ciclo Armónico' ha sido ya introducida por mí en este blog de Cadencias microcósmicas en la entrada que publiqué el 22 de abril de 2010 con el título Transformaciones de arcos. Ya en ese artículo mostré que tanto los armónicos planetarios de Greig como las transformaciones de arcos de Williamsen se pueden subsumir en una categoría superior que hace superfluas esas denominaciones específicas y abarca un rango mayor de posibilidades. Esa categoría no es otra que la de ciclo armónico.

Para entender cabalmente esta noción debemos tratar de pensar en los armónicos de una forma diferente a la que los pocos textos que se han ocupado hasta ahora de este tema nos tienen acostumbrados. Lo habitual es introducir la idea de "carta armónica" desde un punto de vista estático y discreto, que sería conveniente sustituir por un punto de vista dinámico y continuo.

En el modelo estático de los armónicos se sobrentiende que los planetas permanecen quietos a lo largo de una sucesión de cartas armónicas, ocupando siempre el mismo lugar del cielo, aunque ese lugar cambie de denominación en cada una de las cartas armónicas. Así, por ejemplo, el lugar ocupado por un planeta situado en el zodiaco 20 grados después del punto vernal se llama "20 de Aries" en el armónico 1, pero ese mismo lugar se llama "10 de Tauro" en el armónico 2. Eso no significa que el planeta haya tenido que desplazarse 20 grados desde su posición en el primer armónico para alcanzar su nueva posición en el segundo armónico; lo que sucede es que hemos cambiado el sistema de medir su posición. En cada armónico usamos una escala de medida diferente para definir una posición planetaria que es siempre la misma.

El modelo discreto de los armónicos los ordena en una sucesión de números enteros positivos. Cada armónico propiamente dicho es el resultado de dividir los 360 grados del círculo por un número entero. El resultado de esta operación es, al mismo tiempo, la medida en grados de un aspecto asociado a ese armónico. El número entero utilizado para definir y calcular cada armónico es, al mismo tiempo, el número de "grados pequeñitos" que vamos a incluir en el espacio de un "grado normal" para redefinir las posiciones de los planetas en la nueva escala de medida; y es, también, el número de "zodiacos pequeñitos" que vamos a incluir en el espacio de un "zodiaco normal".

Pero todo esto, a fin de cuentas, sólo es una ficción útil para poder formarnos una imagen de lo que estamos haciendo cuando trabajamos con cartas armónicas. Los mismos procedimientos de cálculo pueden mantenerse inalterados mientras, por otra parte, sustituimos la ficción derivada del modelo estático y discreto por otra ficción más útil derivada de un modelo dinámico y continuo.

En el modelo dinámico de los armónicos la sucesión de posiciones planetarias a lo largo de una serie ascendente de cartas armónicas se concibe como si se tratara de un desplazamiento real sobre un único zodiaco que no varía de tamaño de unos armónicos a otros. Si combinamos este modelo dinámico con el enfoque de progreso discreto a través de una sucesión de armónicos, el resultado será que los planetas avanzarán a saltos. En el ejemplo dado más arriba, tendríamos un planeta dando saltos de 20 grados para avanzar desde un armónico cualquiera hasta cada uno de los siguientes. Otro planeta situado, por ejemplo, a 10 grados de Acuario avanzaría a grandes zancadas de 310 grados por armónico. Esto no parece demasiado natural; en cualquier caso, no es así como se desplazan los planetas en tránsito.

El modelo de sucesión continua a través de una secuencia de armónicos cubre gradualmente todo el espacio intermedio entre las distintas posiciones de un planeta en una serie de armónicos enteros consecutivos. Para ello debe dar cabida a los números fraccionarios como divisores válidos del círculo en el proceso de cálculo de armónicos. De este modo, podemos pensar en el progreso de los planetas a través de los armónicos como en un desplazamiento fluido, continuo y natural a través de un "zodiaco normal". A su vez, esta forma de pensar en los armónicos abre el camino a la noción de Ciclo Armónico de un planeta como el número de armónicos que separa dos pasos sucesivos del planeta por un mismo grado del zodiaco o de cualquier otro círculo de referencia. 


¿Cómo se determina el valor exacto del ciclo armónico de un planeta?

Lo único que necesitamos saber es cuántos grados por armónico recorre ese planeta. Esto se descubre con mucha facilidad. Todo lo que tenemos que hacer es expresar la posición inicial del planeta en grados absolutos medidos desde cero de Aries. La cantidad de grados contenida en esa posición inicial absoluta es igual a lo que podríamos llamar la unidad de desplazamiento armónico de ese planeta. El valor del ciclo armónico de un planeta es igual a 360 dividido por su unidad de desplazamiento armónico.

Así, por ejemplo, si en una carta natal tenemos el Sol a 23º 45' de Virgo determinaremos así su ciclo armónico:
  • Expresamos 23º 45' de Virgo en grados absolutos. Para ello contamos los grados que hay desde cero de Aries hasta 23º 45' de Virgo, que son cinco signos de 30 grados cada uno más 23º 45'. En total, 173º 45' (ó 173,75 en expresión decimal). Podemos decir que, en esta carta, la unidad de desplazamiento armónico del Sol es 173º 45'.
  • Dividimos 360º por la unidad de desplazamiento armónico. 360 / 173,75 = 2,0719424. El ciclo armónico del Sol en esta carta es, pues, 2,0719424
¿Por qué son importantes los ciclos armónicos? 
  1. Los ciclos armónicos son importantes porque tienen la maravillosa propiedad de poder entrar en resonancia con ciclos astronómicos. Esto permite utilizarlos como cronómetros para determinar momentos específicos en que ciertos aspectos entre planetas u otros puntos sensibles de la carta natal pueden entrar en actividad. Los armónicos adquieren, así, una dimensión temporal.
  2. Los ciclos armónicos no sólo tienen la capacidad de desplegarse secuencialmente a través del tiempo (acción diacrónica) sino que también pueden manifestarse concentrados en un momento único (acción sincrónica) como osciladores o patrones de vibración.
  3. Los ciclos armónicos son importantes porque permiten unificar una serie de técnicas astrológicas de interpretación, predicción y análisis de sucesos, aparentemente distintas y desconectadas, bajo un único concepto que las engloba a todas como simples variaciones de un principio común.
  4. Los ciclos armónicos son importantes porque nos descubren nuevas posibilidades de profundización en la interpretación de las cartas astrales, nuevas técnicas de predicción y de análisis de sucesos y nuevos recursos para el estudio detallado de las relaciones humanas a través de la sinastría.
  5. Los ciclos armónicos son importantes porque demuestran que una carta radical no es una entidad estática, inalterable y pasiva, sino algo vivo, activo, dinámico, flexible, en continua vibración y evolución. No es "un sello" o "una impronta", como se dice a veces, sino la continuación de un impulso inicial que se despliega rítmicamente en múltiples direcciones a lo largo de la vida del nativo y aún más allá. Es un conjunto de "biorritmos" determinados a partir de todos los puntos sensibles de una carta natal que constituyen un auténtico microcosmos con sus propios movimientos cíclicos.
¿Por qué hay medir los ciclos armónicos desde el grado cero de Aries?

La experiencia demuestra que los ciclos armónicos medidos desde el grado cero de Aries en el zodiaco tropical son eficaces. Esto no excluye la posibilidad de que existan conjuntos adicionales de ciclos armónicos operativos medidos a partir de algún otro punto. De hecho, todo ciclo armónico se define siempre a partir del arco comprendido entre dos puntos; uno de esos puntos puede ser el grado cero de Aries y el otro un planeta, pero también puede tratarse de dos planetas o del Ascendente y un planeta o de cualquier otra combinación entre dos puntos sensibles de una carta natal.

¿Cómo se despliega en el tiempo un ciclo armónico?

Los ciclos armónicos se despliegan en el tiempo entrando en resonancia con ciclos astronómicos. Esto significa que, en principio, podemos poner en correspondencia cualquier ciclo armónico con cualquier ciclo astronómico, por ejemplo, el ciclo armónico de Júpiter en una carta natal con el propio ciclo astronómico de revolución de Júpiter en torno al Sol de 11,86 años. Esto provocará que Júpiter se mueva en el interior de su propia carta armónica a una velocidad muy parecida a la que se moverá por tránsitos en el cielo, porque las dos instancias de Júpiter (física y armónica) tendrán que recorrer el mismo espacio en el mismo tiempo y partiendo del mismo punto de partida. La diferencia es que el planeta real variará su velocidad en función de la distancia a la Tierra y alternará periodos de movimiento directo con periodos de retrogradación, mientras que el planeta armónico se moverá siempre directo y a una velocidad constante, como si siguiera una órbita perfectamente circular en cuyo centro exacto se situara la Tierra. 

Se observará que en una ecuación como la que acabo de sugerir (un ciclo armónico de Júpiter = un ciclo astronómico de Júpiter) se genera una dualidad entre un planeta "verdadero" y un planeta "medio" semejante a la que existe entre el nodo "verdadero" (true) y el nodo "medio" o entre Lilith "verdadera" y Lilith "media". Y, en efecto, esto es así, con la salvedad de que nuestro Júpiter "medio" toma como punto de partida de su movimiento su posición "verdadera" en el radix. Pero no debemos dejarnos seducir por las palabras y entender que si uno de estos puntos o planetas es calificado de "verdadero" eso significa que el otro debe ser "falso" o, por lo menos, "menos verdadero", una mera aproximación a la posición "verdadera" que sería la única real, digna de entera confianza y preferible en todo caso. Varios astrólogos han manifestado que obtienen mejores resultados con el nodo medio o con Lilith media que con sus equivalentes "verdaderos" y yo debo sumarme ahora a ellos al afirmar que he obtenido algunos resultados mucho más precisos en el tiempo, coherentes en su significado y espectaculares en la intensidad del efecto usando esta variante de Júpiter armónico de movimiento medio en lugar de su posición verdadera, tal como viene registrada en las efemérides para las mismas fechas y espero poder mostrar en breve algún ejemplo de esto.

No obstante, no he experimentado mucho con ecuaciones entre ciclos armónicos de planetas y sus respectivos ciclos astronómicos. La mayor parte de mi experiencia se ha centrado en las ecuaciones:
  • un ciclo armónico planetario = un año (periodo de traslación de la Tierra)
  • un ciclo armónico de 0 Aries = un año.
  • un ciclo armónico planetario = un día (periodo de rotación de la Tierra)
  • un ciclo armónico de 0 Aries = un día.
Por "ciclo armónico de 0 Aries" entiendo aquí básicamente los armónicos de la edad. El grado cero de Aries es "el nodo norte del Sol", en el sentido de que representa el punto donde se cruzan dos círculos máximos: el Ecuador Celeste y la Eclíptica. Puede ser tratado, por tanto, de la misma manera que los nodos de la Luna o cualquier otro punto sensible de la carta. Se han desarrollado varias técnicas sobre la base de desplazar el punto 0 de Aries a través del zodiaco a diferentes ritmos durante toda la vida del nativo (El Punto de la Edad de Frankland, la espiral evolutiva de 0 Aries de Sinesio Ródenas, los ciclos de vida del punto Aries de Hannan, etc). Ahora bien, si defendemos la conveniencia de medir los ciclos armónicos desde el grado cero de Aries, se nos presenta un problema cuando el punto a medir desde ahí es el propio grado cero de Aries. La unidad de desplazamiento armónico sería 0, pero dividir 360 por 0 produce un error. Una solución a este problema consiste en considerar dos instancias sucesivas del punto vernal como los extremos del arco a definir, de tal manera que a la primera le adjudiquemos valor 0 (comienzo de ciclo) y a la segunda valor 360 (final de ciclo). Visto así, la unidad de desplazamiento armónico será 360 y el ciclo armónico de 0 Aries será 1 (360 / 360). Nada más natural que poner este ciclo armónico en correspondencia con el año trópico, porque este último consiste precisamente en el tiempo transcurrido entre dos pasos sucesivos del Sol por el grado cero de Aries. Dado que este ciclo armónico tiene valor 1, la ecuación "un ciclo armónico de 0 Aries = un año" se puede abreviar como "un armónico = un año", que es la idea básica sobre la cual se montaron los armónicos de la edad. Por consiguiente, los armónicos de la edad sólo son un caso particular de ciclo armónico.


Por otra parte, como dijimos más arriba, la fórmula para calcular los armónicos planetarios de Greig es exactamente la misma que se utiliza para calcular un ciclo armónico planetario. Y la fórmula de Williamsen para calcular una transformación del arco entre dos planetas es exactamente la misma que se utiliza para calcular un ciclo armónico de dos planetas. Por consiguiente, los armónicos planetarios y las transformaciones de arcos sólo son casos particulares de ciclos armónicos.


Resonancias de ciclos simples y compuestas.


Las resonancias de ciclos no solamente se producen entre dos ciclos simples, sino también entre un ciclo simple y otro compuesto o entre dos ciclos compuestos. Podemos, por tanto, explorar distintas combinaciones tanto de ciclos astronómicos entre sí como de ciclos armónicos con ciclos astronómicos. Algunas de estas posibles combinaciones están incorporadas desde hace mucho tiempo al instrumental de que se vale un astrólogo para aventurar un pronóstico, analizar un hecho o rectificar una hora de nacimiento. Así, por ejemplo, podemos citar:
  • Una rotación de la Tierra en torno a su eje = Una revolución de la Tierra en torno al Sol. Esta es la conocida ecuación de un día = un año sobre la que trabaja la técnica de las progresiones secundarias.
  • Una rotación de la Tierra en torno a su eje = Una revolución de la Luna en torno a la Tierra. Es decir, un día = un mes lunar trópico. Sobre esta ecuación descansa la técnica denominada direcciones terciarias.
  • Una revolución de la Luna en torno a la Tierra = Una revolución de la Tierra en torno al Sol. O un mes trópico = un año trópico, correspondencia que define las llamadas direcciones terciarias menores.
  • Un ciclo armónico planetario = 360 años. Sobre esta ecuación descansa -aunque nadie parece haberse dado cuenta- la antigua técnica de desplazar un planeta a razón de un grado por año, modernamente conocida como direcciones simbólicas. Puesto que el ciclo armónico de un planeta es el número de armónicos que necesita atravesar para recorrer los 360 grados del círculo zodiacal, si lo ponemos en correspondencia con un ciclo compuesto de 360 años el planeta recorrerá un grado por año. De la misma manera, si lo ponemos en correspondencia con un ciclo de 12 años, el planeta recorrerá todo el círculo en ese mismo tiempo, moviéndose a razón de un signo por año. A esta última correspondencia se la conoce con el nombre de profecciones, pero no son otra cosa que direcciones simbólicas de clave 12. Otro nombre antiguo para ciertas variantes de las direcciones simbólicas es el de atacires. Aunque yo mismo he propuesto en otro lugar denominar Direcciones simbólicas de clave armónica a todas aquellas que mueven los planetas según una clave anual equivalente al resultado de dividir los 360 grados del círculo por cualquier número entero, lo cierto es que todas estas denominaciones ("direcciones simbólicas", "profecciones", "atacires") resultan en realidad superfluas y podrían etiquetarse bajo una denominación común que hiciese evidente su profundo parentesco o identidad última y contribuyese a hacer más transparente el concepto sobre el que se basan estos procedimientos. Una opción interesante es denominarlas genéricamente "Direcciones armónicas" y especificar a continuación la ecuación que corresponda. Podemos, por tanto, definir las direcciones armónicas como el resultado de poner en correspondencia un ciclo armónico (simple o compuesto) con un ciclo astronómico (simple o compuesto).
© 2011, Julián García Vara.


1 comentario:

  1. Gracias por la extensiva explicación, Julián. Estupenda.

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